28.8.08

Lo que me gusta de ti


A propósito de Nueva York

Los colores del puente
Mikel y las chicas
Ninfas en Chelsea Market
Mural en el escenario del Minton´s
MoMa
Miss Favela
La sonrisa del PS1
La Posada del Rosario
Garages Magnéticos
El poder del PS1
Dakota
Cosmopolitan
Downtown
Blue Note...faltan los músicos
Blue Note:¡Llegaron los músicos!!
Café Wha
Galería Ethan Coen
LCD System en el PS1


Café Minton´s en Harlem
Rodaje en Washington Square
Interior en Battery Park
Wall Street
Greenwich Village
Rodaje en Tribeca
Jeff Koons en el Met
Summerstage Festival
New Art Museum
Mural en el Village
Continuación
Final
Terraza del Met
Empire y Madison Square Garden
Little Italy
Café Le Figaro
Hotel Chelsea
The Flatiron
Lower East Side
Cold Spring Harbor
Central Park
Bryant Park
Battery Park

27.8.08

La música que lava conciencias


a propósito de Nueva York (4)



La primera vez que oí al músico nigeriano Fela Kuti fue en el verano de 1981, con motivo de la edición de su álbum Black President que una editora española se arriesgó a publicar en nuestro país. Se puede decir que ése disco cambió la percepción de la música africana que hasta entonces había escuchado. Al sonido Yoruba de las viejas orquestas nigerianas y Highlife de sus coetáneos de Ghana se le unían refrescantes tonos funkies y jazzísticos provenientes de sus largas estancias en Estados Unidos y de sus numerosas participaciones en grandes festivales internacionales. Todos bautizaron aquel descubrimiento como Afrobeat y Fela Anikulapo -hombre libre en yoruba- Kuti se convirtió en un icono del movimiento, una pieza fundamental a seguir, la referencia a la que nunca falté y a la que me propuse recuperar desde sus primeros pasos. Fela, simultáneamente, protagonizaba además un enfrentamiento radical con las autoridades de su país en defensa de los Derechos Humanos, hasta el punto de ser encarcelado varias veces, quemados sus propios estudios y casa y asesinada su abuela a la que soldados gubernamentales, dicen, arrojaron desde una ventana. Entre exilios y retornos, en 1997, a los 59 años, falleció de un ataque al corazón causado por su infección con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana en Lagos, Nigeria. Dejó grabados más de 70 discos, una herencia musical irreprochable, unas cuantas viudas -llegó a tener 29 mujeres- y por tanto una descendencia lógicamente numerosa.


Mierda Cara, otra burla de Fela Kuti a la dictadura nigeriana


Backstage del Summerstage


Ambiente en Summerstage

Hace dos años, Femi Kuti, uno de sus primeros hijos, actuaba en el Summerstage neoyorkino, el festival de verano musical que se organiza en Central Park cada año. No falté a la cita claro. Femi actuaba como estrella de la tarde tras el show de Bazzilian Girls, un atractivo grupo de la ciudad conocidos por su música ecléctica impregnada de guiños reggaes, bossa-nova y jazz. Vi a Femi Kuti acompañando a la espectacular Sabina Sciubba, la vocalista de los neoyorquinos, en sus dos temas de despedida, pero justo cuando le llegó el turno con su banda cayó lo que nunca estuvo en los escritos, ésas tormentas veraniegas que de vez en cuando regala la city. Cuando en verano llueve en Nueva York lo hace a traición. Sin avisar y estupendamente, o sea, a cantaros. Recuerdo el momento como una calada pública y una huida masiva buscando desesperadamente a Noé, aquel del Arca. En el fragor de la fuga y el charquerío perdí a Femi, su banda, el Summerstage, Central Park y por poco Manhattan. Una pena, y una nueva zancadilla a la memoria de mi fetiche nigeriano.


Seun Kuti

Este año, una de las estrellas del festival era Seun Kuti, uno de los hijos pequeños de Fela -tenía quince años cuando murió el rey del Afrobeat-. Seun ha heredado todo el sonido de su padre, su propia macrobanda Egypt 80, su imponente físico y vozarrón y la esencia fundamental del género, a diferencia de Femi más cercano a los standarizados sistemas de grabación actuales y al show americano y europeo. La conmoción me llegó en la misma pradera del parque mientras miraba al cielo no fuera ser que Fela se hubiera convertido por arte de vaya usted a saber que caprichos divinos en el Hijo del Trueno. Allí, junto a patinadores y joggers, exhibicionistas del diábolo y la pirueta, sitters y cómicos, en el cuidado y tupido césped de Central Park, junto al gran lago Reservoir, sonaba Shakara, uno de los viejos himnos de papá Fela, como un cañonazo al corazón. Quiso el destino que fuera precisamente ésa cantinela que yo había escogido como sintonía hace muchos años para un programa de radio la primera música en carne y hueso que escuchara de Fela, a través de su propio hijo Oluseun y su madre, corista fija del heredero del trono Afrobeat y viuda del fenómeno. En el concierto Seun desplegó pocas referencias al repertorio del padre, pero desgranó una por una todas las canciones de su reciente álbum Many Things, muy cercano al primitivo sonido que andaba buscando desde aquel fatídico 2 de agosto de 1997, cuando Fela Anikulapo Kuti cerró definitivamente la República de Kalakuta. La tarde de verano, soleada en esta ocasión, vistió de África el gran parque y yo, aunque a medias, cumplía un viejo sueño



Entrada al viejo club Minton´s

En pleno Harlem, a sólo unas manzanas del Teatro Apollo, aún sobrevive dignamente el mítico club Minton´s, donde Charlie Parker, Thelonious Monk y Dizzy Gillespie, entre otros muchos, engrasaron libremente aquella maquina diabólica denominada Bebop que revolucionaría absolutamente el mundo del jazz en los años cuarenta. En aquellos años, Henry Minton, su fundador, tuvo dos ideas excelentes, y gracias a ellas hizo de su club uno de los puntos de encuentro favoritos de los músicos de jazz de Harlem. La primera consistía en ofrecer cada semana una cena gratuita en su restaurante a todos los músicos que tocaran en el Apollo o en los afamados clubs del centro de Manhattan -abiertos exclusivamente para los blancos-, los lunes que era día de descanso en Manhattan tocaban las orquestas de Duke Ellington, Count Basie o Cab Calloway que se prestaban a ensayar lo que interpretarían el resto de la semana en el centro. La segunda idea fue inaugurar oficialmente una jam-session después del concierto ofrecido por el grupo de la casa. Los músicos que venían del centro a tocar lo que les apetecía -no lo que les pedían en sus actuaciones "oficiales"- empezaban por comer de gorra pero acababan también por tocar de gorra. Y allí estuvieron todos los boppers, mostrando aquel sonido melódico de extraños intervalos repletos de semitonos, trucos e improvisaciones: los citados, más Kenny Clarke, Charlie Christian, Miles Davis, Art Blakey, etc...


Interior del mítico Minton´s en Harlem

Este verano, en el Minton´s la nómina no es tan llamativa: el bajista y trombonista Jack Jeffers tocando temas de Ellington, Charlie Mingus y el Corcovado del brasileño Antonio Carlos Jobim. La entrada es gratuita, se exige al menos una consumición con suplemento, y las sesiones son sólo a las nueve y once de la noche. The Times they are changing, pero no el buqué ni la historia. El Minton´s sigue en el 210 Oeste de la calle 118, entre la Séptima y Octava Avenida.



Fiesta en el PS1 de Queens

Una cita ineludible en el verano de Nueva York son las juergas del PS1, la sucursal en el barrio de Queens del Museo de Arte Moderno o MoMa. Fue allí donde se instaló el cuartel general del museo mientras éste estuvo rehabilitándose en Manhattan hasta 2005, por tanto en esencia es un lugar de creación y actividad artística, ahora más acentuada en la interactividad, la imagen, la performance e instalaciones de todo tipo, un canto a la vanguardia más heterogénea, vamos. Los sábados de verano la cosa trasciende a un desfile inagotable de los mejores dj´s de la ciudad, lo que hace del lugar una especie de viaje a la imaginación y la experimentación, o dicho más llanamente: a un guateque sideral. Así, pudimos sorprendernos uno de esos sábados, con un desfile extraordinario de monedas de 10 centavos, más de 5000, perfectamente alineadas sobre una gran tarima en el suelo o la imagen de George Bush vilipendiada hasta el escacharre, complementadas con videos y referencias continuas al despropósito bélico . Correspondía a un monográfico contra la guerra de Irak y sus intereses empresariales que ocupaba las tres plantas del edificio.


LCD Soundsystem al aparato


En el patio, James Murphy y Pat Mahoney, dos de los miembros fundadores de LCD Soundsystem, una de las bandas más veneradas por los amantes de los sonidos que estrena el siglo XXI. Los músicos ejercían de dj´s y lo hicieron en una excursión fantasmagórica por las resonancias más electrónicas, no exentas de guiños permanentes al funk y demás motivos para darle a la cerveza y la cadera. Un guateque. En pleno desparrame, James Murphy tuvo incluso tiempo para enviar en un gesto puño contra puño el saludo ritual a la vieja España. Tan lejos, tan cerca a veces.


El desparrame en PS1

23.8.08

¿Qué pasa con las actualizaciones?



Este blog anda de vacaciones desde el mes de julio.

No quiere decir que uno ande inactivo, ni mucho menos. Recopilo información para volver en septiembre con nuevo formato, nuevos apartados y alguna sorpresa que otra.
Mientras, este verano se gesta lo que será mi segunda publicación fisica: El brillo de los días.

Gracias, siempre, por el interés en picar Stone. Espero estar a la altura en la reaparición post-estival.

20.8.08

Un paseo por los caminos del Arte



a propósito de Nueva York (3)

Admirar el Templo de Dendur, con toda la cultura egipcia a cuestas en pleno Central Park tiene su aquel, también la excelente colección de arte islámico o los aproximadamente 3000 cuadros que componen la pinacoteca de muestra permanente del Metropolitan Museum, entre los que se encuentran los históricos -Vermeer, Rembrandt, Goya, Picasso, Matisse, Manet...- o los contemporáneos, mi admirado Edward Hopper, Tom Wesselmann, Jasper Johns... o las esculturas modernistas que cada verano regala la terraza del propio museo, éste año con Jeff Koons, babeando también desde allí con, entre otros, los perfiles del que fuera Hotel Plaza, hoy reconvertido en edificio de apartamentos privados. Todo tiene una plena justificación, incluso si el viaje que haces a Manhattan es de fin de semana. Pero lo cierto es que estos días, el Met muestra al público una singular recopilación titulada Superhéroes: Fashion and Fantasy, o lo que es lo mismo una exhibición estentórea de los trajes de los prestigiosos modistos Jean Paul Gaultier, James Acheson -autor del diseño del traje que llevaba Spiderman en su última película-, Giorgio Armani, John Galliano, Linda Carter -autora del que llevaba Michelle Pfeiffer en Catwoman- Dolce & Gabbana, Gianni Versace o Pierre Cardin, que hizo el diseño para Nicholas Cage en Ghost Rider. Ejem, entre tamaña demostración de poderío costurero encontré el primer número editado de Superman en una vitrina y el iniciático de la colección de Spiderman y Batman, algo que por si solo justificaba el pasatiempo y por supuesto el revuelo de chiquillos estos días en el Museo, aunque creo que la exposición hubiera debido de estar destinada por espíritu a la generación viejuna que fue quien compró aquellos gloriosos tebeos. La conclusión es que ni para unos ni para otros. Esta singular muestra patrocinada por Giorgio Armani estuvo dirigida exclusivamente para los amantes y curiosos de la moda e indirectamente para algún cinéfilo de aventuras.


A mayor gloria de Giorgio Armani

Bueno, seamos justos: en el Metropolitan Museum of Art éste verano reina la figura de William Turner. aproximadamente 140 cuadros, entre óleos y acuarelas, que reflejan la descarnada historia de la primera mitad del siglo XIX, con el desastre de Waterloo, El Incendio del Parlamento de Londres o la batalla de Trafalgar, por poner tres ocasos conocidos. Mientras admiro los oleajes y nubarrones, reflexiono sobre ésta sin par forma de hacer periodismo bélico.


La Batalla de Trafalgar, de J. M. W. Turner

A Turner no le apreciaban demasiado en su Londres natal porque estimaban que trivializaba los desastres, esto es, sus pinturas eran tan desgarradoras y violentas que humillaban por completo al ser humano, el soldado inglés en este caso, cuando él lo que hacía era retratar el asombroso poder de la Naturaleza sobre el ser humano. Sobre su cuadro de Waterloo, un drama patético, un rotativo inglés de la época vino a decir: "Turner ya se ha tomado otras copas".
El Met también muestra este verano una formidable colección de fotógrafos antiguos, desde 1840 a 1940. Joyas entre las que no faltan imágenes de Henry Cartier Bresson.


Instalaciones vanguardistas de Jeff Koons en la terraza del Metropolitan

La milla de los museos, situada a lo largo de la Quinta Avenida, se hace larga si quieres recorrerla en una mañana, teniendo en cuenta que te encuentras no sólo con el Metropolitan, sino con el Guggenheim, el Jewish -este verano con el primer Andy Warhol- y dos auténticas exquisiteces: el Cooper-Hewitt, dedicado casi exclusivamente al diseño histórico y contemporáneo, con un extenso jardín con terracita que hubiera descrito magistralmente Scott Fitgerald y filmado Jack Clayton para El Gran Gatsby y la Frick Collection, una colección privada, principalmente de arte renacentista, albergada en una opulenta residencia que se asemeja más a una casa solariega que a un museo. Y es que el arte en Nueva York se manifiesta esencialmente en la calle, en la exhuberancia de sus jardines, muchas veces en la muestra de sus escaparates comerciales -el de Tiffany´s es sobrecogedor, no sólo por su discreción y sobriedad, mmm... o a lo mejor precisamente por eso-.


Museo Buggenheim

La excéntrica y ya anciana Louis Burgeois se explaya en el Guggenheim. Ésta ahora venerable viejecita montó en su época unos saraos extraordinarios, escandalosos, impregnando sus obras, en especial esculturas, de esa vena psíquica procedente, dicen, de sus traumas personales -al parecer su padre se lió con su ama de llaves, digo yo que tampoco es para tanto-. El Guggy muestra filmografía de algunas de sus presentaciones, performances, y me río yo de la movida madrileña. Entre otras cosas buscaba el surrealismo de una manera turbulenta, explicita y en ese sentido abrió una vía muy vanguardista del arte contemporáneo anticipándose a lo que Andy Warhol montaría años después con su Factory. Sus esculturas monumentales de arañas, sus construcciones oníricas, son ejemplos que quedan fielmente representados en la exposición que guarda un carácter cronológico, yendo de menos a más, hasta el punto de terminar por buscar a tan peculiar personaje entre los visitantes, no fuera a ser. Pues no, estaba de dios que no era el día.


La araña de Burgeois en el Guggenheim

Con todo, el MOMA sigue siendo la estrella de Broadway. Con sus coches y helicopteros de diseño, el Bugatti de Pinin Farina, en doloroso recuerdo la reciente muerte de su último y más prolífico heredero y su esplendorosa exposición permanente donde no falta nadie.


El viejo Buga de Farina en el Moma

La sorpresa que nos reservaba este verano el Museo de Arte Moderno es la impresionante exhibición de un Dalí para muchos desconocido. Dali: Painting and Film. Soberbia, esplendorosa, interesante y apasionante. Es el Dalí que hizo con Luis Buñuel El Perro Andaluz, con la impresionante escena de la rajada del ojo, es el amigo de Harpo Marx a quien regala un arpa de diseño propio después de colaborar con los hermanos en algunos bocetos, son los story-boards que dibujó para películas de Alfred Hitchcock y Walt Disney con las proyecciones pertinentes del antes y el después, un Dalí absolutamente cinematográfico, una de sus grandes y declaradas pasiones. Como colofón, algunos de sus trabajos escondidos en galerías particulares. La exposición se exhibe en el último piso del MOMA y bajo la impresión de contemplarla sólo resta coger las escaleras mecánicas que te expulsan directamente a la calle.


Vista del nuevo suelo del Moma

No acaba ahí la sorpresa daliniana ya que otro día, paseando por el Soho, la galería William Bennet, que no se que pasa pero también guarda siempre alguna bala de misil, presenta 100 Rare Works from the Great Salvador Dalí. En este ocasión la cosa va, como su nombre indica, de rarezas del pintor catalán: Ilustraciones del portafolio Alicia en el País de las Maravillas y la Divina Comedia de Dante, la Tauromaquia Surrealista, la suite The Hippies, entre otros trabajos a lápiz, acuarelas, guaches y tinta china. La obra se vende a unos precios nada escandalosos -siento no recordarlos y no me atrevo a decir una barbaridad- y el amigo que me acompaña de pronto tiene un arrebato. Nada grave, en dos minutos recupera su cordura existencial.


Instalaciones en el Puente de Brooklyn