27.3.11

Disquería y la cultura Zen



Si vas estos días a Disquería, el mejor bazar discográfico visto en muchas ciudades a la redonda, Pepe Poveda te hablará de Zen, aquella banda de Amsterdam que saltó a la fama en los sesenta con la primera versión que se conoció en Europa del musical Hair, de James Rado y Gerome Ragni y la música de Galt MacDermot. Volver a escuchar a Zen es como pasear por la calle Ancha y pedirle unas pipas a Puntapuros*. En la calle Ancha, en los sesenta, hablábamos de esas cosas, de ése provocador de las gafas negras y pelo a lo Harpo Marx que conocíamos como Bob Dylan, el Bob Dylan ése. Y de grupos como Zombies o Zen. Bueno, la verdad es que no eramos muchos pero el final del paseo nos llevaba siempre al Rex, la cafetería que había frente a la estación antigua del Paseo de la Cuba, donde esperaba Poveda detrás de la barra para contarnos que se había comprado el Pictures of Lily de los Who. Poveda se gastaba lo que ganaba en el Rex en discos. Yo vi un día lo que tenía en su habitación, cuando vivía con su madre y me quedé pasmado. Todas aquellas rarezas discografícas que dificilmente podíamos ver, tan sólo escuchar (al President Rosco, las noches de cielo estrellado) o leer (en alguna revista, Fans, Mundo Jóven o Fotogramas). Allí, en su casa de post-adolescencia reposaban los vinilos de los Kinks, Who, Spencer Davis, Move o Dave Dee, Dozy, Beaky, Mick & Teach. Era, ya entonces, un adelantado y los que le visitábamos unos pringaos. Luego hicimos la mili juntos y la amistad se fortaleció. Recuerdo llevarle en mi Seiscientos a su campamento de Manises cada domingo después de la medianoche. Llegábamos a las cuatro de la mañana. Le dejaba y yo me volvía a Betera (Valencia) a cuidar los tanques de Milans del Bosch, no fuera que no estuvieran a punto el 23 de febrero de 1981, unos años después. En el viaje hablábamos de Zen, o del Exile on Main Street. Poveda ha sido siempre muy generoso y me dejaba los discos que me gustaban. Tenía los discos sólo el fin de semana, los grababa en cassette y listo. Un chollín.


Ahora, bastantes años después, volvemos a hablar de Zen y de su versión de Hair o Aquarius en su tienda de discos de la calle Salamanca. Me pincha el vinilo y me vuelvo a quedar pasmado. La voz de Caro Kalkman era parecida a la de Colin Blunstone de Zombies, a la de Alan Clark, de Hollies; todos eran clones de sí mismos, de las factorías Manchester o Liverpool como Gerry & The Pacemakers y aunque Zen fueran holandeses debían de haber mamado toda aquella música del Reino Unido. No sería extraño que el nombre del grupo estuviera influenciado por los conocidos repasos de Lennon y los suyos a las filosofías budistas en aquella época. Los Beatles siempre marcaron tendencias. Zen no fueron longevos, tras unas cuantas canciones en 1970 se disolvieron, aunque luego llegarían a hacer arrumacos hasta el 75.


Comentamos ambos que la gente actual, los jóvenes, andan más preparados que antes en estos menesteres, entre otras cosas porque barajan mucha más fuente de información. Que aún existe el entusiasmo por aquellas músicas ancestrales, el beat. Nos gusta que así sea, claro - el vive de eso- , pero ambos andamos de acuerdo en haber vivido aquellos picores en primera línea y en directo y eso creo que nos ha marcardo toda nuestra vida.


Disquería sigue regalando aquellas emociones y muchas más, en vinilo (¡ojo!), en la calle Salamanca. Pepe Poveda sigue permaneciendo entre sus estanterías gloriosas hasta que alguien le saque con los pies por delante. Yo, desde luego, a eso no me apunto.

*) Puntapuros fue un conocido vendedor de pipas de girasol que estableció su puesto de francotirador en las Cuatro Esquinas, es decir el popular cruce de las calles Mayor y Tesifonte Gallego ( calle Ancha). Envolvía su tesoro en un cucurucho hecho con las hojas del Penalty, la hoja unformativa de los partidos de futbol del domingo, realizada poco después del último silbato del arbitro en el último partido de la jornada.