2.2.09

Sid Vicious, la cara amarga del punk





el lunes 2 de febrero se cumplieron 30 años de su muerte
Hay que reconocer que no es una efemérides para sacar marjorettes, pero la muerte el 2 de febrero de 1979 de Sid Vicious, bajista ocasional de Sex Pistols, significó un gran portazo a la efímera pero brillante historia de la música punk, un estilo musical bautizado así por los cronistas de la época, peyorativamente, como una manera de clasificar a las pandillas desacomodadas en el Londres de 1975, sumido entonces en una profunda crisis económica y política y un escandaloso desempleo que hicieron de las guitarras metralletas y del imperdible y el cuero su imagen de marca. Ácratas, descontentos, cabreados por todo y sin ninguna ventana abierta al futuro las canciones gritadas en dos minutos solucionaron alguna liberación hormonal.

Sid Vicious, o si lo prefieres John Simon Ritchie, estaba allí esos días y sus referencias familiares no podían ser más propicias para un punkarra: padre que sale por piernas y madre abonada a la aguja y las anfetaminas. Ideal de la vida. Si al muchacho le dio por tocar la guitarra y bramar su ira en canciones de tres acordes tampoco era lo peor. Sin embargo, y dentro de lo estrictamente musical y sin referirnos en concreto a Vicious, el punk aportó a la música contemporánea, al rock, una liberación absoluta de los códigos reiterativos y sospechosamente cargantes a los que nos habían llevado los entonces glorificados maestros del género. Dicho de otro modo: las glorias del rock se habían hecho insoportables. Evidentemente no todos los músicos del punk fueron tan patanes como Sid Vicious, a quien tenían que sustituir en las grabaciones importantes porque o no tenía el nivel o iba hasta el culo y la historia habla de gestas memorables como, sin ir más lejos, aquel manifiesto bíblico titulado Never mind the bollocks, de los propios Sex Pistols o toda la discografía de The Clash, Siouxie and The Banshees, los rockanroles de Eddie and The Hot Rods, The Dark, Violators, los americanos Dead Kennedys, no digamos ya los neoyorquinos Heatbreakers y si apretamos la chupa, los Ramones. El punk surgió como una burla a la rigidez de los convencionalismos y se hizo un hueco con toda la autoridad que marca cada época en la música rock. Siempre habrá que celebrarlo.
Sid Vicious lo hizo. Sabía que estaba ocurriendo algo célebre y quiso parte del pastel. Al principio montando peleas con críticos musicales (al de Melody Marker le abrió la cabeza con unas cadenas de motocicleta), después haciéndose notar en los conciertos de Johnny Rotten y los suyos como un groopie con pedigree hasta que fue admitido en el grupo más por su pose e imagen de inadaptado que por, obviamente, sus cualidades musicales: "no era tan malo para canciones de tres acordes", decía Johnny Rotten, recordándole hace poco. Cuando conoció a Nancy Spungen, su chica para toda la vida, inició el ascenso a los cielos para desde allí lanzarse al mundo: olvidó el paracaídas.


El Hotel Chelsea está en el 222 de la calle 23 de Nueva York, entre la séptima y octava avenida. En ése hotel vivieron y escribieron algunas de sus obras el poeta Dylan Thomas; el escritor americano Thomas Wolfe, que pasó allí el último año de su vida; Arthur Miller, que escribió en una de sus habitaciones Panorama desde el Puente entre otros trabajos y una ingente tropa de rockeros y gente del business musical que llegó hasta Sid Vicious, acusado de acabar allí mismo con la vida de su novia Nancy tras otra de sus conocidas pláticas embadurnados de caballo, ambos, hasta las pestañas. La bañera y la habitación 100 donde encontraron a Nancy no la enseñan ahora pero es verdad que no ponen impedimentos para que uno llegue desde fuera y haga las fotos que quiera del hall e interiores, donde se aprecia ya el estilo independiente y algo kitsch que define no sólo la idiosincrasia del hotel sino a sus propios clientes. Vicious salió de allí escoltado e inculpado.



Malcom McLaren, mánager de los Pistols, asumió los 30.000 dólares de la fianza y le buscó algunos colegas conocidos como Mick Jones de The Clash, el bajista original de los Sex Pistols Glen Matlock, Rat Scabies de The Damned y Arthur Kane, Jerry Nolan y Johnny Thunders (otro que voló) de los New York Dolls para ayudar a los gastos de lo que se le venía encima: una acusación de asesinato, nada menos.
Prácticamente no hubo tiempo para ello: Cómo le vería su madre tres meses después del incidente que una noche le dio unas "aspirinas" y "Calcio 20" para unos chutes revitalizantes, mamá ella tan preocupada y maternal. Aquella noche, Sid voló definitivamente a la historia; en su vuelo alguien le oyó mascullar: "Volveremos en el 2008, seremos felices, no seremos infelices jóvenes urbanos, sino "mutantes" del cosmos". El 2 de febrero ha hecho 30 años. Desde entonces, el punk ya no fue lo mismo.


El Brillo de los Días. Publicado en el diario La Verdad de Albacete. 1/2/2009

2 comentarios:

Anónimo dijo...

sid vicious fue un icono y merece respetooo

sinhue dijo...

cierto