31.12.10

2011




obra de Ángel Mateo Charris
  
Demolición.

Sólo se me ocurre esta palabra para recibir el nuevo año. Deseo para todos una demolición absoluta del modelo de vida actual los próximos años que llegan. Un cambio total para el nuevo sistema social, ése que nos han regalado banqueros, políticos, arribistas, estraperlistas, coroneles, liantes, jueces, mediáticos, constructores, sacerdotes, oportunistas, horteros, intermediarios... ésas pautas que nos han hundido en la más profunda mediocridad y que han posibilitado nuestra actual repulsión a la participación y connivencia con dicho método.

Que el nuevo año os regale otro patrón de vida que elimine para siempre la pesadilla actual y dé paso a la Era de las Humanidades, la Colaboración, la Tolerancia y la Concordia.


Stone

Como recomendaciones musicales para afrontar mejor el cambio:
The Devil tried to kill me. David Murray & The Gwo Ka Masters

Sergio Bleda saluda a 2011



28.12.10

El triunfo de la honradez




Como en el gran libro de las fábulaciones, un 25 de diciembre sucedió: el hombre que llegó de la tierra más hermosa que ojos humanos vieran se fue. Lo hizo como en su llegada: "El avión volaba en dirección contraria al barco que hacía casi un siglo y medio conducía al primer Molina, al Catalán Rancheador" (Calor de Familia.1996). Ramiro Molina Vasallo, Millo, miembro de una estirpe no común entre los mortales decía, definitivamente, adiós a los mismos para pasar a engrosar el fastuoso mundo de la memoria infinita, de la que no ofrece desenlace alguno. Millo, ahora Pipo, ha guardado sus historias en el libro imaginario que conservaremos minuciosamente para usarlo y releerlo a las generaciones venideras.


La admiración de un hombre cabal, íntegro y exageradamente honrado no llega ahora por su silencio, ha estado presente desde que se le conoció. ¡Hola campeón!", era su saludo, guardado con mimo para sus más allegados. Y comenzaba entonces sus relatos envueltos en chascarrillos hechos historietas mínimas, envueltos en el fondo de su brutal experiencia de la vida, que eran como abrir el libro de la razón. Millo será siempre un hombre bueno, extremadamente bueno, sabio, justo, amable, extremadamente amable a la vez que inflexible con el favoritismo y el abuso. Dominador de la palabra y el gesto, modeló su magisterio en un impresionante libro de relatos, Calor de Familia, donde expresó sobrecogedoramente la historia de su propio entorno vital siempre amenazada por dictadores o trujillanos: Cuba, que linda es Cuba... Cuba.


No es tiempo ahora de demandas ni de reclamaciones ni ajustes, pero Millo se fue antes que el patetismo de un visionario bananero y eso, muy por debajo del sentimiento de pérdida que tenemos los que le conocimos, duele. Una vez más, los destinos vitales son caprichosos y francamente injustos. Absurdos con la honradez, crueles con la dignidad. La incomprensible arbitrariedad de la vida. Preferimos quedarnos con su otro libro de fábulas: 15 Cuentos. Todos ellos impregnados de la sabiduría del maestro que enseña.


Ahora ya queda definitivamente con nosotros el mayor regalo que hicieron a mi, a mi familia, nuestros amigos Estela, Flora, León y Silvia. Siempre les estaremos agradecidos.

23.12.10

Seahaven, la ciudad artificial




Esta mañana he querido jugar al personaje de Scouspy en el Laberinto de los Sonidos, ahora también Imágenes a través de mi web-cam. He visto a Eloy M. Cebrián, el escritor, en un viejo sótano de Edimburgo dándole a la guitarra acústica en una suerte de Nick Cave tremebundix. No acierto a entender qué canta, pero me asombra la facilidad de manejo que tiene con las cuerdas y la prestancia de su discurso. Me siento junto a él y me explica que está ensayando para no se qué concierto homenaje. Acaba de presentar su libro Operación Beowulf y necesita, dice, distraer la atención a otros ejercicios mundanos. Me gusta.



Acabo de llegar de Seahaven. He estado allí, recluido, durante la nada despreciable suma de tres meses, en una gran burbuja de artificio vestida de farsa global en la que he ejercido de Gran Hermano: Observado, manejado y manipulado de manera condescendiente por todo lo que ha rodeado mi vida los últimos sesenta años. Régula y Quirce, mis propios hijos, me sacaron un billete allá por el mes de septiembre con destino a Seahaven, la ciudad artificial, con fecha y hora de regreso obligado el sábado 18 de diciembre a las 21,00h. Todo planeado; todas las experiencias de mi vida desde entonces registradas intencionadamente para condicionar mi forma de ser y explotarlas en una gran traca final. Es ahora cuando experimento, tras varios días de zozobra e incredulidad, la fascinante sensación de haber respirado una vida virtual.



En una comida gremial, el pasado mes de octubre, me jactaba de la inconveniencia de celebrar un cumpleaños tan engorroso como el del traspaso a otra década. No por la coquetería del guarismo, ni por la propia inconveniencia del espectacular salto de década, sino porque la faena me reportaba un sensible acercamiento a la hora final. Mal asunto: ya queda menos, sostenía vehementemente. Régula tiró de ficción y una tarde me atracó a las tres. Aprovechando un descuido de tiempo muerto en mi computadora arrambló con mi valiosísima agenda informática, la fusiló utilizando ésa minucia digital con pinta de mecherete que atiende por pen-drive y se llevó uno de los tesoros más preciados que hoy día uno puede guardar en su Pandora personal (“más de uno mataría por ése archivo”, me dijo un día Alfonso Lecumberry, el conocido gestor digital). Desde ése momento nació Seahaven, la ciudad fantasma. Y todos habitaron sus calles, sus plazas, sus terrazas, sus casas, mi casa. A los pocos días Seahaven abrió sucursales en Gijón, Ibiza, Bilbao, Madrid, Nueva York, Plasencia, Tobarra, Cordovilla... y hasta en una pequeña aldea manchega llamada Las Peralosas, en el entorno de Daimiel, donde acudí a unas jornadas espirituales con la jocosa excusa de una Poda Survival con parte de mis allegados varones más cercanos, incluido el otro socio de la trama, el pacífico Quirce, el mismo que amenazaba a mis espaldas a mis contertulios con el gesto de la guillotina cuando barruntaba alguna indisposición. No había más verdad en el mundo real que la que existía en mi propio mundo artificial. Éste año no fui a Gijón, ahora casi me alegro porque allí también esperaban furibundos mis queridos y fraternales socios virtuales: ¿Qué demonios me dirían para desviar mi atención del molesto cambio de década?.


Después de Seahaven, vuelvo a la burbuja, retomo a Scouspy y miro por ése pedacito de web-cam con periodo retroactivo que me asiste. El grupo Mercromina ensaya uno de sus tiros y Juan Carlos Kaos brama I am the walrus. Me despepito en las pruebas y me atrevo con algún coro. Rosendo Romero abre la caja de los truenos con el mejor blues que he escuchado en directo, virtual, en mucho tiempo a golpe de Cerrolobo. Ensayo el Knockin On Heavens Door con Andrés García Cerdán... “Mama, take this badge off of me I can't use it anymore”; Andrés es dylaniano convencido como yo y entusiasta de todo su repertorio. Jugamos ambos al artificio de la canción y le oculto que le van a dar en unas semanas el premio Barcarola de Poesía. Quiero que sea una sorpresa para él. El laberinto es sinuoso y el viaje no tiene desperdicio. Me las compongo como estoy, en pantuflas y camiseta Velvet y me largo a Cordovilla, hace tiempo que no veo a Perico Giménez. Después Gijón, es lo que tienen los mundos de Scouspy. Allí, en la plaza del Marqués, en el bar 4.70, con Enrique su dueño, está Juan Carlos Gea que nos muestra sus adelantos en la guitarra en el complicado tinglado de los acordes de Life is long song, mi canción preferida de Ian Anderson. Al Choni le sale a la primera y Enrique y yo aplaudimos entusiasmados. Luego Enrique pincha un vinilo EP de Lone Star y nos tomamos unas cañas. Desde la cabina de Scouspy uno se siente prisionero de por vida y no experimento otro mundo más que la proyección del mundo real, el escenario que se me representa. La sensación es alucinante. Puedo ver y oír la trama de la vida sin salir de la burbuja. Se trata de una explicación metafórica, realizada por el filósofo griego Platón al principio del VII libro de La República, sobre la situación en que se encuentra el ser humano respecto del conocimiento. En ella Platón explica su teoría de cómo con conocimiento podemos captar la existencia de los dos mundos: el mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y el mundo inteligible (sólo alcanzable mediante el uso exclusivo de la razón). Filosofía pura que yo no conocía y que me produce una cierta sensación agradable.


Me revelo, no obstante, ante la truculencia de otro cumpleaños cercano como el de la Negra Pilar. Como yo, Pilar palpa la nueva década y le hacen una fiesta que me asusta y en la que participo como figurante. Subo miméticamente al tren de la década allí representado virtualmente. Río y disfruto con Paco Polope y Luis Enrique Simón, ignorando que las redes de Régula y Quirce han llegado hasta el Corral de los Niños. Ahora son todos ellos los figurantes. Otra vez Seahaven y la percepción de una vida paralizada por un cierto reflejo del clásico miedo a ser observado. He sido un true man durante tres meses y ahora sólo me reconforta el Laberinto de Scouspy.


No estoy seguro de haber dejado, definitivamente, Seahaven.

19.12.10



¡¡¡GRACIAS!!!

El sofocón del sábado me ha provocado un trancazo gripal a la altura del pechecete. Ando a los bordes del camastro, echando aguachirli a borbotones por la nariz. Me he arrastrado hasta aquí para seguir dando las gracias a todos MIS AMIGOS. Tengo pesadillas constantes -producto del subidón gripal creo- y sigo sin estar seguro de lo que ocurrió, exáctamente, el sábado en el Pussy Wagon.
Si es lo que imagino, insisto, imagino... un abrazo a todos.
JAF

(os espero otra vez el 28/12 en el Torito: pincho yo solito toda la noche)  

11.12.10

Muere James Moody

Un grande del jazz

El saxofonista estadounidense James Moody, uno de los pioneros del bebop moderno, murió de cancer el jueves a los 85 años en San Diego, en el estado norteamericano de California.
Moody, saxofonista, cantante y flautista, era considerado un improvisador talentoso. Su versión de 'I'm in the mood for love' , llamada 'Moody's mood for love' hizo historia en el jazz.
Moody fue nominado a cuatro Grammys. En 1998 fue reconocido con el premio Maestros del Jazz del National Endowment for the Arts y en el 2007 con el galardón Leyenda Viviente del Jazz del Centro Kennedy. Su nombre también quedó inmortalizado en el Salón de la Fama Internacional del Jazz.

7.12.10

Carlos Cuevas presenta Segunda Vedette


Bienvenidos al Sonido Mercro

Descanso plácidamente escuchando Segunda Vedette, ése murmullo de introspecciones al abrigo del espejo del baño, del pintoresco momento soleras que suele surgir también en el estudio de trabajo y hasta caminando por la calle Gaona. Es el Sonido Mercro que me acompaña. El de aquellas Canciones de andar por casa. Es Carlos Cuevas quien las canta, quien las ha compuesto, pero se me antoja Joaquín Pascual como hacedor o hasta Fernando Alfaro apretándome. No, quizá más allá: Stuart Ashton Staples, de Tindersticks o Eric Gaffney, de Sebadoh. Canciones recién salidas de un resacón (Todo lo hago carbón), nihilistas ellas, también intimistas. Nick Cave, Tom Waitts, Serge Gainsbourg. Como queriéndote hacer unas confesiones que suenan a desnudez y por tanto, a la perplejidad de un encuentro no esperado: el del artista cabizbajo, meditabundo y el oyente recién llegado de la cafetería. La guitarra rasgada al límite del desafine, la voz cavernosa del último aguardiente y el arreglo hinchado de teclados.


Tiempo, todavía hay tiempo. Tiempo para demostrar que aún tenemos tiempo.

Carlos Cuevas, como antes Pascual, como recientemente Honky Tonky Sánchez, como mañana José Manuel Mora y sus Burritos, se ha tirado al foso, donde aguardan los leones que a ellos se antojan corderos. Lo son, porque sus mundos no son los de aquellas fieras. Su espiral no sólo no se deteriora sino que se enriquece. Es el arte que toma forma de hacer canciones. Para ellos personalmente, para ti que las aplaudes, para todos que disfrutamos de ésa Segunda Vedette que guardan tras el saludo.