19.2.10

Barnés el berlinés


"He llegado a un punto donde prescindiré del compromiso diario, de la tendencia, del viento que te lleva y pintaré lo que me salga de los cojones". Miguel Barnés ha llegado de Berlín cargado de mundología, se ha empapado de las calles que rodean la estación Kottbusser Tor, en pleno barrio de Kreuzberg, en el corazón mismo de la comunidad turca. Allí, un cruce de caminos, su encuentro diario con europeos de todas partes, norteamericanos, argentinos, cubanos, coreanos, chinos, australianos, japoneses, africanos budistas, luteranos, germanos, turcos, musulmanes, ateos, judíos, blancos, negros, indios, inmigrantes, artistas, estudiantes, turistas, descreídos, ha conseguido agitar todo lo que le venía carcomiendo en los últimos tiempos: la ruptura con su propia doctrina artística.



Hasta aquí todo su estudio sobre el equilibrio de ideas y la plástica, sobre los paladares y mutaciones del arte, sobre su propia historia, sobre la propensión y la última tendencia incluso sobre la propia admiración y sorpresa. A Barnés le ha afectado enormemente el zambullirse en la marea de gentes, de implicaciones, de proyectos, de acciones creativas y se ha implicado en la fusión, donde todo esté permitido.



"El pretérito no existe en la indagación artística y es en el camino recorrido donde nos miramos en el espejo de los errores para tratar de evitarlos y extraer algo de enseñanza", dice, cargado de razón, convencido. Barnés ahora se plantea un trabajo abierto y cosmopolita, comprometido y contemporáneo, variado y global. Mantener la posición del outsider. "El principal sentido de la pintura es ir en contra", afirma. Así mantiene su rebeldía. El pintor albaceteño tiene sus resquemores con la vida social y política. Sigue sin ver claro su sentido: "Los políticos creen que el arte debe llegar a la sociedad y que este debe ser agradable. El arte no es entretenimiento".

Kottbusser Tor, su reciente muestra estrenada en Almansa, es un rechazo a todos los fantasmas que le acechan y que en algún momento dado, y eso no lo sabemos, le han persuadido de emprender caminos equivocados. Berlín le ha hecho revelarse. Barnés recupera en cierto modo el arte del cartel, una de sus especialidades desde siempre. Son cuadros, pero son carteles. Collages multiformes, juegos de voluntades repentinas. Brota el color, Josep Renau y la saga de la Way of Life o los mismísimos carteles que hizo para la República, aflora la denuncia, el viejo arte del recorte, sacar de contextos, integrar en una nueva obra, restaurar pinceladas. Es un nuevo Miguel Barnés. El que vuelva será también otro Barnés.