26.12.08

Eloy M. Cebrián y Los Fantasmas de Edimburgo



En mayo del 2007 la novela Los Fantasmas de Edimburgo fue finalista del XII Premio de Novela Fernando Lara de Editorial Planeta. En octubre del mismo año repitió puesto de finalista con la misma novela, aunque esta vez el premio era el Herralde de Anagrama. La novela se publicó en abril de 2008 en la editorial madrileña El Tercer Nombre.

Edimburgo de 1995, costa este de Escocia a orillas del río Fiordo de Forth, el joven matrimonio albaceteño formado por Eloy Miguel Cebrián y Paqui, profesores de filología inglesa y latín del Instituto nº 1 Bachiller Sabuco, respectivamente, descansan tranquilamente en un pequeño banco junto a la parada del autobús que ha de llevarles a la Universidad de la ciudad, uno de los centros históricos más importantes de educación y cultura durante la Era de la Ilustración y principal centro de formación del inquieto pedagogo. Han llegado allí reclamados por uno de sus habituales Cursos de Verano a los que Eloy ya se ha aficionado desde hace unos años. Pero Edimburgo no sólo es la capital de Escocia sino también la capital de todos los indigentes del mundo. Tradicionalmente, la ciudad está llena de pordioseros, desheredados, de una forma francamente llamativa, mucho más que Londres, Madrid o cualquier otra gran ciudad europea. Gente completamente arrastrada, alcoholizada, hecha una mierda en definitiva. Cada uno tiene su banco, o sea, todos los bancos de Edimburgo están ocupados por mendigos.

Aquel día, y lo cuenta ahora Eloy M. Cebrián, "Aparece un tío relativamente joven, con el pelo muy largo, cubierto de mugre de pies a la cabeza, y yo me puse a mirarlo como si fuera un animal en un zoológico. El tío se percató de que yo le miraba, se ofendió, el personaje daba realmente miedo, se plantó delante de mi y puso sus ojos a medio palmo de los míos; echaba un olor que tiraba de espaldas, me quedé acojonao, pensé que con ese tipo podía pasar cualquier cosa y encima con mi mujer al lado: me pega una hostia, me monta un cirio o vete tu a saber qué; estuvo así como cinco segundos y luego dio media vuelta y se largó, así, como si me perdonara la vida". De ése episodio real nacería un cuento y posteriormente el personaje esencial de Los Fantasmas de Edimburgo, la novela publicada en abril y gran sorpresa editorial del año. Ben El Ladillas, aquel plomo escocés arrogante y mal carado, mira por donde, acababa de pasar a la historia.

Eloy M. Cebrián ha estado a punto de tocar el cielo con la novela este año en dos editoriales del prestigio de Anagrama y Planeta. En realidad, el hecho de ser ya finalista de ambos premios le concede un reconocimiento que hasta ahora sólo había experimentado con algunos premios menores: "Es un mundo ése muy especial, lo he vivido también como jurado y la gente que se presenta suele repetir, te los encuentras en todas partes, se ramifican por toda la geografía española. La única manera de ganar premios es presentarte a todos los que se convocan y a mi eso me da mucha fatiga. Creo incluso que me perjudica, acabas escribiendo más para jurados que para el lector común". Al fin y al cabo, Cebrián vive de su profesión en el Instituto y puede permitirse el lujo de no escribir por necesidad, aunque tampoco como hobby, lo suyo es perversión, dice, una perversión recompensada con minutos de gloria, el que vivió recogiendo el premio Francisco Umbral de Novela, a principios de 2003, con El fotógrafo que hacía belenes o el Jaén de novela juvenil con Bajo la fría luz de octubre, una novela que se lee en Institutos y lleva ya siete ediciones. Todo ello sin salir de Albacete y con ése cierto desparpajo localista que a veces uno no puede evitar: "Hombre, no lo busco, pero creo que una de las cosas que nos caracteriza a la gente de Albacete es que en general tenemos bastante mala hostia y sin ella a lo mejor no hubiera sido capaz de haber escrito este libro. Yo sí lo extiendo a la idiosincrasia. El libro es un poco borde. Tenemos los de Albacete una actitud ante la vida bastante crítica".

El autor habla sobre el libro.
Hay algunos personajes del libro que son muy fáciles de identificar. Sobre todo algún profesor célebre del Instituto número 1.
Sí, claro que pasé por el Opus en Albacete, la novela en ésos aspectos es bastante naturalista, es una descripción tal como lo recuerdo, como un chico de trece o catorce años; eran así, la sensación de adultos jugando con chicos adolescentes para llevarlos por el buen camino.
En realidad, el protagonista de la novela se pasa su vida echándolos de menos porque lo que hicieron fue echarlo. Cuando se mete en política hace sus comparaciones y los del Opus siempre salen ganando: "Aquellos si tenían clase y no estos". El caso es que el funcionamiento de ambas organizaciones, Opus y Políticos es muy parecido.
Cualquier persona con un mínimo de criterio con los políticos tiene que tragar carros y carretas. La cuestión es ésa: que trepando en una estructura muy cerrada y en un ambiente muy endogámico se llega a tener cargos de mucha responsabilidad que afectan a la vida de muchas personas. La gente no ha hecho su carrera en la administración, la hace en su partido.

La novela es en realidad una recreación de prototipos, no responde a gente en concreto. Hay gente que si responde a alguien real no son conocidos en absoluto; sí, el profesor e instructor del protagonista, por ejemplo, responde a un personaje de la vida real, lo describo perfectamente en el libro. Sin embargo ni me gastó putadas ni nada parecido, fue profesor mío en cuarto y quinto de carrera y todo lo que escribo lo inventé. Yo lo usé para construir un personaje, lo hacen todos los escritores, la novela ni mucho menos es una venganza contra nadie. Si acaso contra el sistema.
La verdad es que el mundo en general es bastante indignante lo mires por donde lo mires. Es un repaso a todos los estamentos sociales, la política, la iglesia, el mundo académico, etc., y ahí si hay un ajuste de cuentas pero contra lo genérico no lo particular. Escamoteé el nombre de la ciudad en ese sentido también para que no se centre la historia en un sitio y se pierda el valor "universal" que pueda tener porque eso también pasa en todas partes y en cualquier ciudad española. Me obligué a hacer una reducción drástica de páginas. La novela original me salió con más de 700 páginas y cuando llegó el momento de publicarla tuve que pegarle otra poda. Con lo cual la novela original es como un 30 por ciento más de lo que se publicó.

El Brillo de los Días. Publicado en el diario La Verdad de Albacete. 28/12/2008