5.10.12

Clamshell Records, aire para el jazz albaceteño


Dialogo a tres by Miguel Ángel Ródenas on Grooveshark

Cómo hemos cambiado

Hasta hace una decena de años había que buscar un músico de jazz en Albacete con lupa. Para los manchegos, sus músicos, el jazz requería unos conocimientos técnicos que no regalaban los desagues de la ciudad; ni mucho menos, la calle, el garage o la nave de ensayo. Era mucho más fácil recurrir a la fórmula McLaren: “Dame tres acordes y hacemos una canción”. Todo lo más, avasallar con digitalizaciones ultrarápidas en los mástiles, un poco de humo en el escenario y volverte loco con la batería. Hasta ahí nos había llevado la rebelión del imperdible, la contracultura musical, la zancadilla a lo establecido: tres minutos gloriosos y a vender que son dos días. Una forma embarullada de entrar en el sistema capitalista por la puerta de servicio. Los  Sex Pistols saben algo de esto.
Sin embargo, el jazz estaba reservado para otros placeres menos terrenales: el conservatorio, las academias, la historia, los doctores: un follón. Todo eso también se reflejaba en los cachés de los conciertos. Era increíble cotejar lo que ganaba un grupo pop de serie B (alrededor de 20.000 euros) y un clásico del jazz, Art Blakey o Jimmy Smith, no más de 8.000. Más madera para quien quería ser conocido y necesitaba serlo ya.

Al comenzar el nuevo milenio todo empezó a cambiar. Pudieron ser nuestros conservatorios, las academias madrileñas, las valencianas, los mismos festivales que celebrábamos cada año en Albacete o una querencia olvidada a las polifonías, armonías, síncopas, yo que sé... el caso es que se activó una fluida actividad, al principio tímida y encogida, de las nuevas generaciones de músicos albaceteños a la música de jazz, a la fusión o a algo mucho más básico: el blues. También la colaboración/conversión decisiva de importantes músicos locales a esos nuevos métodos de expresión, hartos ya de jugar a ser famosos (el grupo Funkstein -Fran Heredia- o toda la saga Into Jazz).

Todo ello ha propiciado una frenética sacudida al género jazzístico hasta el punto de multiplicarse los combos de jazz en nuestra ciudad en sólo diez años, algunos de ellos con edades sorprendentemente jóvenes. Jam Sessions el primer viernes de cada mes (Pussy Wagon, Heartbreak como locales impulsores) y lo que es más gratificante, el nacimiento de un sello discográfico, Clamshell Records, especializado en jazz. Visto y no visto. Verlo para creerlo.

The League
El grupo de la carcasa ha nacido de la productora Molusco cuya metodología es simple: no fichan grupos, son los grupos los que acuden a ellos para editarse. En realidad, Molusco (Camilo Fuentes, David Candel, Carlos Swann) es una empresa entertainment que pretende cubrir todas las necesidades que conlleva un espectáculo musical (“de cualquier clase, estilo y tamaño”) y entre esas necesidades incluyen la grabación de discos de forma consensuada, como ya se ha dicho. Molusco ha tenido la sensibilidad suficiente para añadir a la gestión un sello explicitamente dedicado al jazz. Ahí entra Clamshell Records, que recientemente ha incluido, por iniciativa personal de otro “pionero”, Pablo Correa, la serie Vector, con edición de proyectos de vanguardia, free jazz y jazz contemporáneo. Clamshell nació por otra lúcida decisión, la del conocido músico Carlos Martínez, más conocido como Carlos Swann, que dedujo que el patio ya tenía suficientes gallos para festejar un corral. De dinero no hablamos, unos pagan o cobran lo imprescindible.


Hasta doce discos figuran ya en su catálogo, incluidos los tres de Vector (en la producción y edición de Molusco figuran muchos más, entre los que se incluye algún recomendado de Clamshell como es el caso de Duendes de Ciudad, una banda etérea -como Matadero Band- con aromas celtas). Y si, es verdad que en algunos de esos discos de esos grupos, nos encontramos con intérpretes repetidos, pero tambien es cierto que los sonidos de cada uno de esos grupos representan intenciones diferentes: The League, Groove3 (los primeros asombros llegaron con ellos) o los recientes Tao5 son un buen ejemplo de ello. Compañeros de esta grata excursión discográfica son Jazz Nouveau, con el versátil guitarrista valenciano Miguel Morell que ya avisaba antes de que comenzara el siglo; Miguel Ángel Ródenas, un guitarrista de clásica reconvertido a la onda World Music; o el mismo Antonio Fuentes, otro guitarrista que suele estar en cada enredo pero que materializa toda su técnica en su grupo manouche Mr. Swing.

La nómina de los músicos de estos grupos se abre también, además de los mencionados, a consagrados como Agustín Lozano o promesas confirmadas como Juan Sánchez y José M. Sarrión, dos bateras de motores engrasados, Jorge Cubillana que con Julio Guillén y Vania Cuenca creyeron siempre en el proyecto “Músicos de Jazz en Albacete Porque Sí”, Scarhands Vinuesa llegado de otras batallas o el también saxofonista Julián Román, incorporado a la lista con el impecable disco de Tao5 y, naturalmente, el resto de integrantes de cada banda.

Con la serie Vector, Pablo Correa saca otro as en el muestrario y lo descubre en nuestra historia más reciente. Correa convence a todos para estrenar, rigurosamente en nuestra ciudad, el free-jazz y el último jazz. Los músicos no son de aquí (hubiera sido algo insólito), pero si su autobús. Uz (Madrid), FrikTone (A Coruña) y Maima (Valencia) forman parte ya del generoso muestrario de nombres vinculados a nuestro no tan incipiente jazz.
En tiempos tan duros para la cultura, con un IVA disparado al infierno y un desinterés absoluto en cuidar todo este tesoro el jazz exhibe, una vez más, sus respetos y culto a la historia en Albacete.

Pablo Correa














1.10.12

Jack White, el buen pastor



Los Discos del Año. Septiembre
Bunderbuss. Jack White

Jack White representa todo lo que las nuevas generaciones de artistas nos vienen regalando desde hace tiempo: su multiplicidad, ésa característica heterogénea que disfrutamos de los nuevos iluminados. Ahora monto una banda country, escribo para una película de James Bond o un anuncio publicitario, toco con los Stones para Scorsese, me invento una banda de hard rock... Bien, le ha llegado la hora de retratarse en solitario, como operario único y ha reflejado todo lo que engulló desde jovencito cuando montó Goober and the Peas, la antesala de The White Strypes. Todo el rock and roll que no le dejó disfrutar su remilgada familia de Detroit. Y eso es lo que suena en Bunderbuss, eso, un trabucazo directo al riñón. Desde Mising Pieces, el primer corte hasta Take me with you when you go, el último. Piezas encantadoras, todas, abiertas, que te retrotraen a las verdaderas sustancias del rock, sólo que rebrotadas por la frescura de los años. Ya eran suficientemente convincentes White Strypes, pero definitivamente ahora sabemos porqué. (Mmm, lo sospechábamos desde el excelente trabajo de The Recounters). El nuevo icono del pop vuelve a dar en la diana.

18.9.12

El Hierro, la isla dormida



El regalo de septiembre

El volcán invisible
Cada madrugada, Frontera se remueve avisando del nuevo día aunque nadie note movimiento alguno. Los técnicos dicen que, como mucho, la cosa llega al 2.2 de magnitud en la escala de Ritcher pero nadie siente nada, solo que ha llegado el nuevo día y hay que hacerle un espacio al silencio. En El Hierro se escucha el silencio. Cerca de Tiñor, por ejemplo, junto al Garoé, el árbol sagrado de los bimbaches cuyas hojas tenían la peculiaridad de destilar el agua producida por la lluvia. Allí, entre los matojos indescriptibles de la montaña junto al tilo que sustituyó el original (barrido por un huracán) el silencio es un escándalo. Y en La Restinga una barahunda, ahora, cuando todos miran cada mañana la mancha del horizonte marino. Ya no se ve el lamparón, pero debajo hay un volcán.


El Golfo
En El Hierro, isla del Meridiano 0, la más pequeña del archipielago canario, el antojo de la naturaleza hizo estragos. Teniendo en cuenta que tenía forma de estrella piramidal y que una parte de ella fue al mar cuando se desprendió uno de sus lados, el que hoy debía completar El Golfo, uno puede hacerse una idea de cómo quedó definitivamente el islote, con un bocado considerable y una costa anegada de lava con toda la forma caprichosa que ésta pudo adoptar en su retorcido viaje al mar.


El Charco Azul
Y esa es precisamente una de las peculiaridades de la isla, su costa, sus playas de arena negra..., más bien, chinarro y guijarro negro y la huella de la lava en cada caleta, en cada hueco, en cada cueva donde el mar, inevitablemente, pide paso. Una fantasía. Una pérfida liturgia de placentero misterio porque los herreños han explotado la veta de ese veleidoso antojo de la diosa naturaleza para vestir sus costas de baños inauditos: Escaleras de piscina nacidas del pedrusco que te aposentan en aguas cristalinas, estanques marinos paradisiacos, pozas donde entra y sale el agua bajo una presión brutal, lagunas naturales, acequias sombreadas de palmeras... el Charco Azul, La Maceta, el Pozo de las Calcosas, El Charco Manso, la Cala de Tacorón, el Roque de la Bonanza, el Charco de los Sargos con los restos de la lava haciendo increíbles dibujos de saurios o esparcida sobre el mar como recién llegada del volcán (Las Calcosas). Una barbarie de belleza y sosiego solo explicada con un simple vistazo al Mar de las Calmas, donde duerme ahora Lucifer.

El Pozo de las Calcosas

La cala de Tacorón
El Hierro es una experiencia inovidable porque a todo el regalo de la naturaleza se une una gastronomía y restauración muy cuidada, unos vecinos respirando cordialidad y mesura ("aquí nos conocemos todos, no tenemos prisa y nunca pasa nada") y unas localizaciones fáciles y rápidas (la isla es muy pequeña). Solo hay que verla desde el Mirador de la Peña, donde el artista Cesar Manrique la elevó al edén.





Valga esta experiencia para incitar a todos los peninsulares a visitarla, ahora que sufren, turísticamente, el asedio de los alarmistas.

El árbol Garoé


15.9.12

Patti Smith, las viejas amistades



Los Discos del Año. Julio
Banga. Patti Smith

Es como recuperar una vieja y sincera amistad. Tomarte con ella unas cervezas los sábados en la Tasca El Gordo o unas copas cualquier día en casa recordando viejas aventuras. “Patti y yo hemos vuelto a vernos”. Aprovecho para leer su libro memorístico Just Kids, donde desnuda toda su juventud junto a Robert Mapplethorpe, donde me entero que vivieron largas temporadas en el Hotel Chelsea y de que ella le instigaba a probar con la fotografía y él le correspondía con animos a su poesía, a su también entregada pasión por las imágenes, lejos, muy lejos aún de las guitarras y el rock and roll, aunque ya se había comprado su primer disco gracias a sus primeros trabajos como aprendíz en una librería: el You keep me hanging on de Vanilla Fudge (¡joder, ése fue mi segundo disco comprado!).

Es como si Patti Smith hubiera explotado de pronto su particular caja de truenos: la poesía (siempre), el arte (realizando instalaciones puntuales), la fotografía (una reciente exposición global, antológica) y la música, su último tren a la fama con final felíz. Banga, el disco presentado este año tiene la culpa. La alegría de su vuelta es doble cuando me entero de sus legionarios, los mismos de toda la vida: Lenny Kaye, Jay Dee Daugherty, Tony Shanahan y, por supuesto, Tom Verlaine (¿le recuerdas en Television?, sí el de Marquee Moon). En la aventura le acompañan ahora también sus hijos, Jackson y Jessi, y el guitarrista Jack Petruzzelli con Johnny Depp, el actor, tocando la batería y la guitarra. Patti ha tenido siempre una inquieta habilidad para las amistades. Le viene de chavala, cuando se encontraba con Jimi Hendrix en alguna fiesta, a Bob Dylan en un café, a Janis Joplin en un restaurante (pasó delante de su mesa y sólo se atrevió a decirle ¡hola!) o cuando Allen Ginsberg le invitó a un café creyéndose que era un apuesto chaval.

El álbum está saturado de poesía, cantada o hablada. Su gama de temas parten de una reflexión no didáctica sobre la crisis ambiental, el dominio del arte como la mejor relación del hombre con lo divino, así como su devota inclinación a los homenajes (Amy Winehouse, María Schneider). Elegías y canciones de amor, todas  interpretadas con autoridad y ternura y un par de tímidos repasos a composiciones de Sun Ra (magnífica Tarkovsky) y al Neil Young de After the Gold Rush. Toda una declaración de intenciones biográficas, todo un mensaje para sus contemporáneos, su generación: Nunca me fui y nunca me iré. Gracias, amiga.


12.9.12

Hadouk Trío, La Conexión Gong





Los Discos del Año. Junio
Air. Hadouk Trío

De las cenizas de aquel remoto planeta Gong, ya mencionado alguna vez en este blog, aparece ahora Didier Malherbe, el flautista descubierto por Daevid Allen, fundador de toda una filosofía musical que propició los momentos más exóticos de nuestra juventud. Allen se topó con Didier en un jolgorio isleño. Por aquel entonces Didier vivía en una cueva de la finca de Robert Graves en Deyá (Mallorca). Entonces, buscar a la Generación Beat y escenificar obras de William S. Burroughs o Allen Ginsberg suponía un salto mas allá de las músicas comprensibles. De todo aquel maremagnum nacieron Soft Machine y el universo Gong. Malherbe formó banda también con Steve Hillage, Robert Wyatt, Alan Holdsworth y algún lunatico más. Gong fue otro paso en aquella carrera por el pasmo y la fascinación.
Loy Ehrlich es complice de Didier desde entonces. Domina instrumentos eléctricos pero también acústicos y se le puede considerar uno de los pioneros del jazz-rock, fue colaborador de Peter Grabriel o Jon Hassel, y ha acompañado a artistas de la escena World Music como Youssou N'Dour o Toure Kunda. Por último, el percusionista Steve Shehan, es uno de los más demandados de siempre, algo lógico en alguien que ha trabajado con grandes como Brian Eno, Mc Laughlin, Vangelis, Herbie Hancock o Paul Simon.

Sin embargo, el trío anda ahora más por las fronteras, por la fusión de jazz mejor entendida, que por aquellos sinuosos caminos de las montañas , el mar y la vida natural, sin abandonar nunca el barco Gong. Y ése es precisamente su atractivo. Jazz reposado, misterioso, con sorpresas exquisitas de la vieja época introducidas oportunamente en la grabación. El disco es completo por tanto. Una caricia de medianoche veraniega.