5.10.10

Abycine. Diario del Festival. Lunes 4



Sueños y Delirios
La jornada del lunes trancurrió entre sueños, delirios y alguna que otra pesadilla. La de Elisa Kiseljak (Elisa K) es tan real como la vida misma, sólo que a la chica se le reproduce en lo mejor de la suya, cuando se dispone a despegar, cuando se le abre todo el horizonte de sus sueños más tangibles. El trabajo de Judith Collel y Jordi Cadena, los directores de la película, es seductor. Te llevan donde quieren y no te dejan pestañear ni un sólo momento. La fragilidad al límite: "dentro de cinco minutos será violada", dice la voz en off. La película es dura porque el suceso de la pequeña Elisa es tremebundo y no deja indiferente a nadie. El tema está en la conducción narrativa y ésta es perfecta, con un severo respeto a la novela original de Lolita Bosh. Todo es comprensible, (menos el comportamiento del joyero) y el guión de Cadena transcurre coherente, hilvanado y siempre palpitante. Las interpretaciones creíbles, sobresaliendo las dos Elisas, Clàudia Pons de niña y Aina Clotet de jóven estudiante en Europa y el resultado de la combinación, escala de grises en la infancia, color en la actualidad, demoledor. Un buen trabajo, sin duda. Las lágrimas en la sala no eran gratuitas. De esas visiones en que no te recuperas hasta la primera charleta entre amigos, cosa que suele suceder fácilmente en los festivales.



Hou Chi.Jan, el director de One Day
 Sin embargo, en One Day, ópera prima del taiwanés Hou Chi-Jan, el asunto de los sueños toma radicalmente el protagonismo y arma el lío. Qué es sueño, qué realidad. Cuando duermes, cuando no. Como el inglés de Hou Chi-Jan es básico, esas aclaraciones se eternizaron en el coloquio de la post-proyección y nos empujaron más al follón. El director se refugiaba en que ésa forma de mezclar tiempos y recursos es normal en el cine que actualmente se hace en Taiwan. Pero lo cierto, es que a la salida de la proyección las quinielas jugaban con lo real y lo onírico. Chi-Jan afirma que siempre quiso establecer una mínima frontera entre el sueño y la realidad y a fe que lo consigue. El resultado, no obstante a la controversia del puzzle, es de una cierta brillantez plástica que termina atrapándote.


Por cierto, a estas alturas, John Lurie sigue en Albacete. Ha prorrogado su estancia hasta el final del Festival. ¿Dónde va a estar mejor y más seguro?

4.10.10

Abycine. Diario del Festival. Domingo 3



Punkies y Polskies
La película de Jacek Borcuch, All That I Love, es una crónica de la situación vivida en 1981 en la Polonia de Walesa y Jaruzelski que, algunos años después, daría el poder al líder sindicalista, el propio Lech Walesa. En éste ambiente de desencantos y frustaciones surge el punk, sí, la música punk, como resorte de protesta ante la dictadura militar pro-soviética. Precisamente el protagonismo que adquiere el punk en la película, ése inocente e ingénuo punk polaco, es lo que no termina de cuadrar en el desarrollo de la película. Es más exacta la aproximación que hace el director polaco Radoslaw Piwowarski en 1985 con la película Yesterday. Allí, el enemigo a batir sería la indigesta tradición católica en la misma, pero más furiosa, política polaca frente a la irrupción e influencia en los jovenes de la música occidental de Los Beatles, con historia de picores juveniles incluida. Como en la película de Borcuch.
Salvando las distancias y, por supuesto, las comparaciones exagaradas, -confieso-, el uso del punk en la película viene a ser como lo que ocurrió cinematográficamente en España nada más morirse el dictador con el cine de destape y la transición. Recursos obligados que hoy se ven fuera de tiempo, gastados, patéticos en algún caso.
El punk, como movimiento musical, resultó ser un grito desgarrador y violento ante el incremento del paro y el desconcierto juvenil de barriada en el Londres de los setenta. Una nueva protesta ante lo establecido. La cuestión era diferenciarse de ese sistema que los había marginado por completo. Crestas que se elevaban sobre los engominados y prolijos cabellos de los Lores. Borceguíes y ropa militar de fajina, que además de ser la única accesible por provenir de las remesas de tiendas militares, denotaban una posición alejada del utópico sueño de paz y amor de la generación hippie y una actitud de lucha contra los parámetros sociales -"En 1977 espero ir al cielo /he estado demasiado tiempo en la cola del paro / y no puedo trabajar / Peligro, extraño / en 1977 estas en la nada / crees que esto no puede seguir / los periódicos dicen que ha mejorado / pero no importa no estoy allí." (The Clash), adornándose todo con actitudes agitadas antisistemas. El grupo del protagonista de All That I Love, es una banda rock, con todo lo que conlleva de rebeldía, que esgrime sus letras igualmente ante lo establecido por sindicalistas y militares polacos. Pero no es esencialmente punk, es otra cosa, quizá con un toque de ingenuidad e inocencia juvenil no desprovista de miedo. El único punk real del grupo es el bajista y quizá por su triunfo personal es por lo que al grupo se le atribuye el género. No acabo de digerir facilmente las atribuciones gratuitas en las promociones utilizando términos inexactos para vender el producto. Tampoco contribuye demasiado al buen trabajo, en general, de la película las escenas "made in Richard Lester" empeñadas en recordarnos la "frescura" de los jovenes grupos de rock.



La confusión Lurie
Todo fue confuso en la comparecencia de John Lurie en su denominada, incorrectamente, masterclass. Ni hubo discurso existencial, ni hubo preguntas al icono del cine underground americano, ni saltó el pellizco del feelin´ mutuo. Lo mejor, las proyecciones, tanto de los cortos de la serie Pescando con John, como la formidable película de Jim Jarmush, Bajo el peso de la Ley.

3.10.10

Un fugitivo llamado John Lurie

Abycine. Diario del Festival. Sábado 2




John Lurie en la rueda de prensa
 "Lo horrible es que, tratándose de Nueva York, la policia no me va a poder ayudar hasta después de que ése hombre me mate", perlas como ésta se oyeron la soleada mañana del sábado, 2 de octubre, en el espacioso hall del Hotel Los Llanos de Albacete. John Lurie, ahora fugitivo, antes músico (The Lounge Lizards), actor y director de cine, escritor, pintor, lo que se dice un creador total internacionalmente reconocido, se lo contaba a un puñado de periodistas que habíamos acudido a la cita de Abycine ante el reclamo de la verdadera noticia: John Lurie localizado en la pequeña gran ciudad del sureste español.


El tema es francamente espinoso. La revista New Yorker publicaba bajo el título "Durmiendo con Armas", la obsesiva persecución sufrida por el artista John Lurie de un conocido a quien había ayudado en tiempos difíciles y abandonado cuando la relación se convirtió en un atosigamiento insoportable por parte del artista ayudado: "La historia de mi acoso es larga, horrible y complicada. El tipo era amigo mío, pero un poco inestable. Intenté ayudarle y como no pude lo suficiente se volvió en contra de mí de una manera verdaderamente terrorífica. Lo que no sabía era que ya tenía una historial haciendo eso a muchas personas. Es una historia larga, complicada y triste y lo que más me fastidia es que todo salió en una revista americana donde realmente han contado muy mal las cosas", explicaba un relajado Lurie. Desde entonces, al artista de Minneapolis es dificil localizar. Parece que de Nueva York marchó, huyendo, a Los Ángeles y a otros destinos desconocidos. Se ignora igualmente su residencia actual: "Por lo que acabo de contar, no puedo decir donde vivo" -afirma sin pestañear-. "La verdad, sin bromas, llevo dos años escondiéndome de esa persona. Suena increíble, incluso para mí que lo estoy viviendo, pero es así. Empecé a pintar, mi ayudante era turca y estuve en Turquía durante cuatro meses. Pero trabajar con la pintura en esas condiciones es muy engorroso y caro -enviando material y esas cosas-. No lo he resuelto aún, por tanto no se muy bien qué voy a hacer. Es realmente inaudito lo que me pasa. Llevo dos años escondiéndome de todo el mundo y de pronto, mira, aquí estoy, en Albacete, delante de todos. Imagináos que Almodovar va a Nueva York y dice que no puede volver a España porque le están persiguiendo. La gente diría que está chalao. Lo horrible es que, tratándose de Nueva York, la policia no me va a poder ayudar hasta después de que ése hombre me mate".


Single de 1981, autografiado
 Además, para agravar su angustia, la salud no le acompañó en los últimos años, básicamente desde 2002 a 2008, debiendo dejar radicalmente cualquier actividad artística, sobre todo la música: "El porqué estoy apartado de la música es una historia bastante triste. Tengo una enfermedad desde 2002, aunque ahora estoy un poquito mejor, pero en estos años 2002 a 2006 he estado muy enfermo. No podía escuchar música y muchísimo menos tocarla. No quiero hablar mucho de esto, por favor", confiesa mientras lanza, se lanza, un hilo de esperanza: "Desde 2008 ando mejor y pensé en volver al cine, a la pesca (conocido es el éxito que tuvo su serie televisiva de entrevistas a famosos, Dennis Hopper, Tom Waits o Matt Dillon, Pescando con John), pero claro, con ésta situación... Mmm...la cosa se ha agravado otra vez y no se muy bién qué voy a hacer".


El aspecto de John Lurie es impecable, alto, trajeado, incluso esta mañana parece estar de buen humor. Lo observo así mientras fumabamos un cigarrillo en la puerta del hotel. Una ocasión ventajosa que no quiero desperdiciar para hablar de música:
JAF- ¿Porqué dijo aquello de que hacían Fake Jazz (Falso Jazz) cuando presentó a The Lounge Lizards?
JL- Eso lo dije la primera noche que actuamos, el 4 de junio del 79, lo dije ésa noche y no lo he vuelto a decir más. Terminamos el espectáculo y lo dije. En aquella época ése tipo de declaraciones molaba. Pero como los periodistas sois tan perezosos, tan vagos, esta etiqueta se me ha quedado durante 30 años.
JAF- Lo siento. Hasta hoy no he tenido la oportunidad de preguntarselo.
JL- Nunca actué en España, lo siento.
JAF- Sí, lo hizo en Madrid.
JL- Es verdad, con un trío, no con la banda. Yeahh!
JAF- ¿Qué puede contar sobre Marvin Pontiac y ése impresionante disco The Legendary Marvin Pontiac?
JL- Tenía material de músicas de películas y otras cosas para trabajar en ellas. Piezas que originalmente estaban pensadas para un tema vocal y quería hacer un disco, sin confundir demasiado a la gente: ¿actor, director, pintor, ahora canta?... En cuanto a Marvin Pontiac, su padre era senegalés y su madre neoyorquina, pasó gran parte de su vida en un asilo mental, y yo quería sacar el disco ocultando su situación. Hablé con David Bowie, Iggy Pop, Leonard Cohen, para que declarasen lo mucho que había influido en ellos Pontiac, contratamos un publicista de mi misma discográfica. Los periodistas comenzaron a escribir que ellos también conocían a Marvin Pontiac, tratándole como un genio y entonces el publicista se asustó. Confesó que el disco lo había hecho John Lurie porque pensaba que le ibamos a echar la bronca. Efectivamente, todo el mundo se cabreó conmigo por urdir aquella historia mitológica.. Yo me limité a sacar provecho de su música. ¿Cual era la diferencia?, ¿Que mas daba si era yo o era él?...Ahí acaba la historia.
JAF- Entonces, ¿De quien es la voz en el disco?
JL- (bajando la cabeza y murmurando como si te contara un secreto) Era la mía.
JAF- Es un gran disco
JL- Yo también lo creo. Estoy muy orgullosos de ése disco. ¿es muy conocido aquí?
JAF- Relativamente
JL- Está bien. No mi voz, pero la música es excelente.
JAF- Siempre pensé que cantabas tu
JL-Pues yo no se cantar. Sale bien en el disco, pero...Me dijo el ingeniero "intenta imitar la voz", fui a casa conecté el equipo y poco a poco me salió aquella voz
JAF- ¿Cuando ves el saxo en tu casa que dices?
JL- Me resulta muy doloroso. Los tuve encerrados en el armario durante mucho tiempo. Ahora los he reparado y... ya veremos.
JAF- En Albacete venden boquillas muy buenas.
JL- ¿Tu sabes que a los saxofonistas nos vuelven locos las boquillas?

2.10.10

Abycine. Diario del Festival. Viernes 1


Raul Navarro, Guadalupe Lancho y Samuel Martínez

Viva la Revolución

Raúl Navarro, el polifacético humorista mediático, se encargó de que fuera realmente Mat Dillon, la estrella de la pasada edición, quien nos introdujera en la ciudad que recibe el festival -como si no la conociéramos suficientemente-. Lo que pasa es que utilizó la chistera y el conejo, y el video-clip proyectado resultó ser una bufonada con gusto. A estas horas, muchos buscan ya ése vídeo para echarse una risas cada vez que tengan que hablar de Albacete. Para redondear la presentación, junto a la guapetona Guadalupe Lancho, sacó un cronometro con la intención de intimidar el discurso de los políticos, la administración, los sponsors al fin y al cabo, que se creen con todo el derecho a hablar en escena para resaltar que se preocupan constantemente del cine y del festival -vamos, que viven sin vivir en ello- como demostraron las ausencias de alcaldesa, concejala y diputada de cultura a ésta gala de inauguración. Otra broma con gusto de Raúl y aplaudida, que resultó eficaz ya que quieras o no los aludidos se cortaron un pelín en los folios que traían preparados y que, desde luego, nadie echó de menos.



De Caballeros
 En esto llegó Adrián Orr y soltó su corto De Caballeros, una jornada rutinaria de peluquería masculina, que enfadó a más de una chica del patio de butacas por aquello del machismo que lleva implícito ése tipo de tertulias. Lo hemos visto y vivido tantas veces, no sólo en el negocio peluquero, que ni nos damos cuenta que pecamos hasta que lo vemos en pantalla. En realidad, el corto de Adrián es una denuncia de ésas situaciones. Y eso que faltaban los calendarios de los talleres de ciclomotores. El cabreo femenino denunciaba al mismo tiempo la efectividad del trabajo del productor Samuel Martínez.



Cartel de Revolución
 La inauguración del Festival fue un homenaje al corto, porque la película escogida, Revolución, es un compendio de diez pinceladas de realizadores mexicanos en torno al centenario de Pancho Villa, Emiliano Zapata y sus huestes revolusionarias. Sin aparecer el tema central en algunos de ellos, el largo de cortos, valga la expresión, es una espléndida crónica del momento actual del cine mexicano, Destaca el impresionante trabajo de Rodrigo García (La 7th y Alvarado) y el escalofriante desasosiego de Amat Escalante (El cura Nicolás colgado). Este tipo de cine abstracto, en ocasiones, toca la fibra. Como en 30/30, el trabajo de Rodrigo Plá, con un nieto de Pancho Villa que no llega a decir ni pío en una serie de homenajes que le hace la administración local. Porque nos suena la historia nos escacharramos. Como la del palizón del trombonista (Fernando Eimbcke, La Bienvenida) que no llega a interpretar con la banda el recibimiento a... jope, otra vez, la administración local: Que gran invento, el cronómetro de Raúl Navarro.

1.10.10

Abycine. Diario del Festival. Jueves 30


Las chicas de Abycine

Cocina Casera
Abycine nos da la bienvenida en bata de boatiné y pantuflas. Casi con los rulos puestos. Nos recibe en la mayor de las intimidades en el Cine Capitol, ambientado como una gran cocina casera. Allí, descubrimos a ése perdurable creador que es Antonio Arias, otrora guía de los grupos granadinos 091 y Lagartija Nick.  Arias nos recibe como si se estuviera tomando el primer café con churros. Coge la guitarra y desgarra una por una las canciones de su proyecto conjunto con el artista plástico albaceteño José Callado, Misil Panorama ("no lo presento en vasco que me da la risa") Al mismo tiempo enchufa el proyector y vemos unas escenas lunares que no distraen la mirada del personaje. Bueno. Es bueno Antonio Arias mientras describe sus canciones. Voz limpia, sin resaca, impropia del momento intimista y destreza evidente con la guitarra. "Siempre quise imitar a Syd Barret", confiesa entre tema y tema. Es transparente su devoción por el músico. Suena agradable y cercano. Desde luego, como anfitrión es perfecto. Dan ganas de pedirle que nos toque Arnold Layne, de Barret,  pero no es el momento.

Joaquín y Ana
 Joaquín Pascual, sale de otra habitación, con Ana Galletero que estaba en la terraza, y nos suelta, así sin avisar, cuatro de sus novísimas canciones que espera grabar en su próximo disco. Son cortas, bocetos más bien, de un carácter onírico que casi nos ruboriza. Hay que tener un par para así, sin más, contar todas esas historias de diván a las visitas. Ana ni se inmuta, va enchufando guitarras, tecladillo y bajo Macca y murmurando las canciones del Membri, que, por fin, y para quitarnos la timidez nos toca, tal cual, a guitarra pelada, algunas canciones de El ritmo de los acontecimientos, su último disco. Cuando ya todos estamos preparados llega el concierto. Se trata de Anari Alberdi y su conjunto, su vasca, sería más correcto. Porque son un puñado de canciones interpretadas en euskera que nos suenan a húngaro o eslavo. Siempre hemos dicho que la lengua madre del rock es el inglés. Aceptamos algunas veces el castellano cuando queremos entender lo que nos dicen, pero si no, nos cuesta entrar en el rock centroeuropeo, italiano, francés, afgano o vasco. La banda suena sobria y tienen el acierto de traducir las letras, bellísimas por cierto, en el pantallón. La velada termina con una nueva exhibición en Pussy Wagon del explosivo dj Noninho, Nono para los cercanos. Soberbio. A esa hora ya todos tomamos cerveza. Empieza el nuevo día. Ha llegado Abycine.