Berliner
El artista pasea con los ojos abiertos de par en par en Bosnia, recién acabada la pesadilla de una guerra entre hermanos, tratando de unir uno a uno los espacios fragmentados, recogiendo con sumo cuidado los trozos de la memoria desparramada. Mas tarde repite la operación en Burkina Fasso, donde la fragmentación la encuentra en el rostro africano del abandono y la necesidad; en los campamentos saharauis en la Hamada de Tinduf, tratando de controlar el polvo de una arena atormentada en un país desubicado y por fin la India, cobijado entre los rincones de un espacio infinito. 
Esos años han cambiado su percepción creativa y ejerce la figuración como un recurso que se le supone. "De alguna manera buscaba fuentes de inspiración. En alguna ocasión tuve dificultades, entonces sale la supervivencia a flor de piel y te conviertes en una persona que acecha el entorno, hostil a veces. Eso afecta a la capacidad de creación". El artista es Miguel Barnés, albaceteño del mundo, que después de la larga excursión guarda sus lienzos entrañablemente comprendidos y regresa a sus orígenes: la abstracción y el expresionismo absoluto: acaba de descubrir Berlín.
El último trabajo de Miguel Barnés se presenta el próximo martes, 10 de febrero en la sala de exposiciones de Caja Castilla la Mancha. "Lo de Berlín fue un enamoramiento a primera vista. El amor no se elige, son las circunstancias las que buscan el encuentro. Desde el primer momento Berlín me ofreció un filón de posibilidades a la hora de trabajar. Contactos con galerías y artistas. El ambiente me atrapó.
Ésta exposición es un homenaje a todos esos sentimientos". En cada cuadro Barnés muestra su cara oculta. Es el final del largo viaje. En ellos se refleja su obra anterior. "Yo quería ceñirme a las ideas básicas y reducir el lenguaje de tal manera que se hiciera cuanto más sencillo más comprensible a la hora de entenderlo. Hay referencias claras al Descenso a los Infiernos de Dante, a los grabados de Doré, al Duque de Berwick, a los historicistas como Tiziano, El Greco; he dado una vuelta de tuerca a los originales y los he llevado a mi territorio de abstracción que así deja de serlo. Los he transformado". A Miguel Barnés se le ha criticado el exceso de trabajo en su obra, de exprimirla demasiado. En su nueva imagen el pintor enlaza los primeros cuadros que pertenecen a la obra inmediatamente anterior con los últimos recién pintados. "Es como ir del negro donde asoma la luz, al blanco que casi aparece por primera vez en mi obra, sin cambiar nada el resultado final. Es un ejercicio de autocontrol que me ha gustado experimentar. En cierto modo he encontrado la solución de la continuidad, quiero decir que lo que me queda pendiente de uno lo plasmo en el siguiente". El artista vuelve a encontrar la frescura del gesto, de la mancha, del movimiento, de la figura, de la acción, dando posteriormente paso a la improvisación y la resolución: "No es nada definitivo. El mes que viene comenzaré a pintar obra nueva dentro de toda esa evolución".
El pintor de la utopía
Miguel Barnés llegó a Madrid a mediados de los setenta mediante un traslado conseguido como empleado de banca pero con el firme propósito de poder vivir de la creación artística. Su primer impacto fue la abstracción y el expresionismo absoluto del catalán Xavier Grau, componente del grupo Trama (Por una crítica de la pintura en la galería Maeght, en 1976); coincidió igualmente con la explosión en la capital de España de los expresionistas americanos, lo que marcaría para siempre sus objetivos. Cuando por fin dejó el trabajo de banca "tuve que venir a mi tierra para desde una posición más cómoda,
familia, amigos y cercanías, iniciarme en serio en lo que ya era una vocación confirmada. Fueron tiempos duros y para mí, heroicos". Tras un periodo de aprendizaje del oficio, algunas exposiciones, premios y cierto reconocimiento llegaron los viajes y su primer contacto con Berlín: "De ése primer mes en el nuevo Berlín trató mi exposición Blauhaus en el Colegio de Arquitectos de Albacete, con las muy interesantes colaboraciones de Juan Siquier, Paco Cebrián y Andrés Gómez Flores. Fue un trabajo del que me considero muy orgulloso". 
El artista ya comenzaba a sentirse muy cómodo con la pintura de acción, ése lienzo blanco en el suelo, cubos y brochas llenos de pintura donde encuentra el movimiento y el gesto que concuerdan un poco con la abstracción americana buscada pero también con la pasión de la aventura y el viaje a lo desconocido, a un no saber donde se va, experiencias que comienzan a darle un sentido y un valor a su obra: "Desde que tiré el reloj al auto-despedirme de Banesto hasta ahora mismo no ha cambiado ni así ésa intensidad de querer llegar y jugarte el tipo en busca del arte. Para mi la pintura se ha convertido en un universo grande donde yo formo parte. Ya no soy yo el que maneja la pintura, es la pintura la que me maneja a mi, a mi entorno, a mi familia, mis amigos y encima sigo aprendiendo como el primer día"
Preparados para el viaje. Son parte de BerlinerTodas las fotos de JAF, en el estudio El Mugrón, de Miguel Barnés; mientras, el estudio de arte de Rafael Siquier grababa el audivisual de la exposición Berliner, la expresión y la forma.
El Brillo de los Días. Publicado en el diario La Verdad de Albacete. 25/1/2009















