25.10.09

Antonio Atienzar, el último golpe


Murió el mejor batería de la historia de la música moderna en Albacete



Nunca es agradable escribir obituarios. Ni siquiera de quienes has admirado toda tu vida sin, por supuesto, haberlos conocido personalmente. Me resulta algo manido escribir sobre los muertos ilustres entendiendo que desde el punto de vista profesional es casi obligatoriamente necesario hacerlo para que su trabajo no quede olvidado desde el mismo momento de su defunción. Un engorro que roza lo trivial, lo oportunista, aunque confieso que soy el primero en buscar la crónica para saber que ha pasado y recordar su legado. El caso de Antonio Atienzar, Toño, posiblemente el mejor batería de Albacete en toda su historia de música moderna es otra cosa. Como albaceteño y amigo toca lo personal y eso es terriblemente más engorroso, más complicado, mas... triste... porque andan confundidas las palabras y la emoción, la objetividad con la desesperanza, la tinta y la lágrima y en todo momento el desgarramiento y la incomprensión. El hecho es que Toño, Toñito, a sus cuarenta y tres años, no está ya entre nosotros. No estará mañana en El Torito ni en el Cobalto, ni dando su magistral comprensión rítmica en la Universidad Popular de Albacete ni en las pruebas de sonido cuando Roy Hargrove se acerque dentro de unos días a la capital. "Si Toño se ha ido nos podemos ir cualquiera", decían sus innumerables amigos en el sepelio. Una fulgurante neumonía complicada con algún bicho satanesco se lo ha llevado en un pis-pas, sin tiempo a que alguno nos enteráramos de su dramática vigilia. Toño anda ya prestándole la bateria a Art Blakey, eso es un hecho incontestable. Maldita sea.

Si hemos dicho, absolutamente convencidos, de que Antonio Atienzar ha sido el mejor batería de la historia de Albacete es porque nos asiste su propio legado currado desde sus tempranos quince años (también me consta porque eran los años que tenía cuando le conocí) manoseando los tambores con Atlanta y Gris Viena, aquellas bandas de jovenzuelos que se comían los ochenta a dos carrillos. Joaquín Pascual el Membri, Eduardo González y Alberto Cano andaban cerca. Y Juan Siquier y Jesús Naranjo que lo ficharían para sus orquestas y experimentaciones. Y Franky, que lo inmortalizó en su propia banda con aquellos guitarristas sacados del Averno: Prisco y Antonio Fuentes. Y Repúblika Gorila con Juan Carlos Rodríguez, Kilgore. De estilo sobrio, Charlie Watts un suponer, y golpe exacto supo como nadie medir los tiempos y las limitaciones de los ritmos que llegaban y que tragaba según venían. Su alta escuela y su inagotable experiencia le hizo imprescindible en compromisos inauditos. Toño salía de ellos como el que va a por pan. Sus últimos años los ha dedicado a la docencia y las actuaciones esporádicas cuando llovían marrones de ausencias. Toño ha sido un gran tipo. Un hombretón bueno. Lleno de amigos ahora envueltos en lagrimas porque no ha dicho ni adiós.
Ahora, seguro que junto al humo de los elegidos habrá un rincón para el. Seguro que conocerá al barman de ése tugurio y al que pone microsurcos de vinilo. También a aquel que vendía discos de importación en los ochenta. Mirará bien por todos los rincones sorprendido de no ver desconocidos. Nadie le desconocía. Nadie de los que ahora mismo escuchan a Max Roach le habrá negado nunca un saludo.
Toño, levanta tu jarra por nosotros que nos hemos quedado estupefactos en tu supersónica despedida: ¿Pero esto que es?, ¿Qué forma es ésa de decirnos adiós?, ya se que es tu estilo, la discreción y el poco ruido (no con las baquetas precisamente), pero por mucho que lo sientas y te lo permita tu extremada timidez, no son formas Antonio, Toño, No vuelvas a hacerlo otra vez.
Nos vemos en los bares.

11.9.09

Tres de trébol, nace una nueva editorial


El Canto del Viento




Corre sobre las llanuras, selvas y montañas, un infinito viento generoso. En una inmensa e invisible bolsa va recogiendo todos los sonidos, palabras y rumores de la tierra nuestra. El grito, el canto, el silbo, el rezo, toda la verdad cantada o llorada por los hombres, los montes y los pájaros van a parar a la hechizada bolsa del Viento.

Pero a veces la carga es colosal, y termina por romper los costados de la alforja infinita. Entonces, el Viento deja caer sobre la tierra, a través de la brecha abierta, la hilacha de una melodía, el ay de una copla, la breve gracia de un silbido, un refrán, un pedazo de corazón escondido en la curva de una vidalita, la
punta de flecha de un adiós bagualero...




Así comienza El canto del viento, memoria lírica del cantor Atahualpa Yupanqui. Libro inédito hasta ahora en España, hoy podemos disponer de él gracias a Tres de trébol.

Pedidos:Teléfono: 91. 845. 00. 30
E-Mail rodorin@terra.es

30.6.09

La cultura albaceteña del Siglo XXI


Dibujantes, escenógrafos, músicos, escritores, actores, pintores, fotógrafos... conforman un nuevo dibujo artístico en la ciudad

Hace unos meses la mañana otoñal de Valencia, junto al estadio de Mestalla, me abrió una nueva configuración de contemplar Albacete, mi ciudad.
Entonces, el Valencia C.F. andaba líder en el Campeonato de Fútbol Nacional y la ciudad levantina disfrutaba éste menester y aquella mañana además un esplendoroso y radiante sol de octubre. El escenario preparado era el idóneo para recibir el acopio de nuevas sensaciones. Allí, en la puerta principal de Mestalla envuelto en abrigo y bufanda me esperaba el dibujante albaceteño Sergio Bleda. Sergio trabaja desde hace años para la editorial francesa Soleil. Lo hace desde Valencia donde vive con Ana su mujer y donde preparaba entonces Doll´s Killer, su nuevo trabajo y la llegada del nuevo inquilino de la casa, Jorel, su primer hijo. Yo ya había comprado en Boston, Seattle y Nueva York algunos de sus cómics y sabía que estaba ante uno de los grandes de la viñeta en España. Sergio me confirmó aquella jornada entre dibujos y proyectos una realidad palpable: él mismo y una pléyade de artistas de mi tierra andaban zanganeando por el mundo y por la geografía nacional con el descaro propio de creadores consumados y autores confirmados. Después de la larga charla, los gazpachos de Ana y la conjetura del café, en el viaje de vuelta a casa, ya en el puerto de Almansa, había tomado una decisión: Resolví dar con algunos de ellos y reflejarlos en estas páginas que titulé El Brillo de los Días, quien sabe si también con el tiempo convertirlas en un pequeño manual de encantamientos.

Simultáneamente a la jornada valenciana, José María Rosa y Maria Bleda, otros albaceteños, recibían el galardón más grande que puede recibir un artista en nuestro país: El Premio Nacional, en su caso de Fotografía. Aquellos días a Joaquín Reyes y Esperanza Pedreño, humorista, actriz, salidos ambos de las catacumbas albaceteñas les veían los españoles un día si y otro también en la televisión triunfando con sus respectivas series y Andrés Alberto Gómez, otro joven paisano, debutaba en el Teatro Real de Madrid junto al gran músico internacional William Christie y su orquesta de cámara barroca, Les Arts Florissants. En Navidad veíamos una película de animación, El Lince Perdido, donde otro gran valor de la infografía internacional, también albaceteño, Juan Siquier, había trabajado concienzudamente desde Granada, donde reside en los estudios Kandor Graphics, parte de la productora Green Moon del actor Antonio Banderas. Todos ellos jóvenes albaceteños, preparados, imaginativos, audaces y dueños de la única verdad que puede mover al artista creativo: su propia obra.





No todos, sin embargo, obligatoriamente han tenido que salir de Albacete. Eloy M. Cebrián es actualmente profesor de filología inglesa en el Instituto Bachiller Sabuco de la ciudad y Arturo Tendero jefe de estudios del mismo instituto, el Uno. Los dos son escritores y acaparan premios y reconocimientos nacionales en el mundo de las letras. Ambos coinciden en la pereza de los concursos literarios: "Es un mundo ése muy especial, lo he vivido también como jurado y la gente que se presenta suele repetir, te los encuentras en todas partes, se ramifican por toda la geografía española. La única manera de ganar premios es presentarte a todos los que se convocan y a mi eso me da mucha fatiga. Creo incluso que me perjudica, acabas escribiendo más para jurados que para el lector común", dice Eloy, pero Los Fantasmas de Edimburgo, como anteriormente El fotógrafo que hacía belenes o Bajo la fría luz de octubre son grandes obras literarias no al alcance de cualquiera, como el poemario Cosas que apenas pasan de Arturo Tendero. Conforme se sucedían las conversaciones crecía mi admiración y fascinación por ellos, por los artistas. Llegué a la feliz conclusión de padecer ésa especie de envidia sana que puede esconder, a Dios gracias no lo hace, la pelusa del perdedor, del fracasado, del resentido que reconozco en otros artistas menores de la ciudad: “Una de las cosas que nos caracteriza a la gente de Albacete es que en general tenemos bastante mala hostia y sin ella a lo mejor no hubiera sido capaz de haber escrito este libro (Los Fantasmas de Edimburgo). Yo sí lo extiendo a la idiosincrasia. Tenemos los de Albacete una actitud ante la vida bastante crítica", aclara Eloy M. Cebrián; “Los manchegos somos secos, pero luego tenemos retranca. Un manchego no es la alegría de la huerta. Somos muy gañanes”, matiza Joaquín Reyes para cerrar el tema.

Las basuras, el desecho, los contenedores que sigue utilizando ejemplarmente el pintor Fernando López para crear arte son más una declaración de intención social que el motivo puntual de su obra. Fernando siente que la vida se escapa, se disuelve sin que hagamos nada por sacarle su jugo natural que despreciamos arrojándolo a una bolsa de plástico negro. Fernando también reside entre albaceteños y ésa es nuestra suerte. En la visita a otro pintor, Miguel Barnés, ahora residente en Berlín, me quedo con el suelo de su estudio: una obra de arte conceptual, inanimada, a la manera de Fernando López. Se lo digo a Miguel y se ríe porque también ha pensado alguna vez lo mismo, “¿y qué hago para representarlo? –se descojona-“. En la selección también encuentro al hiperactivo que busca el aire y el brillo de cada día. Se llama Joaquín Pascual al que los acordes, las notas, los arreglos, las producciones, se le están desconchando por el estudio. No da abasto y necesita almacenar las ideas. Me lo dice justo en el momento en que se le ocurre otra nueva. Incorregible el Membri. Desde los tiempos del grupo Atlanta, y de eso hace mucho, los ochenta, no ha parado: Surfin Bichos, Mercromina, Travolta incluidos, además de una larga nómina de bandas nacionales en los que ha trabajado como músico y productor. El Membri quiere parar un año, pero, lo sé, su cabeza y su impulso no van a estar por la labor. A Juan Carlos Gea lo encuentro en Gijón. Acaba de estrenar libro de poemas, Occidente, y compruebo su eficaz asentamiento en la villa como promotor de ideas y su irrefrenable y compulsiva tendencia a la creatividad literaria: "Occidente viene a ser un largo ajuste de cuentas en verso con mi espacio y con mi tiempo: el espacio y el tiempo de mi biografía y el espacio y el tiempo de la porción de historia que me corresponde vivir".

Le imito. Es la sensación que ahora tengo pasados los días del otoño, del invierno y de la primavera. Éste es mi espacio ahora. Éste es mi tiempo. Hablar de mis nuevos modelos de comportamiento artístico, como en su día lo fueron José Luis Cuerda, José Antonio Lozano, Antonio Martínez Sarrión, Alfonso Quijada... Quiero conocerles, como a María Bleda y José María Rosa, aunque vivan en Londres, aunque sea a través de una pequeña pantalla de ordenador. Al fin y al cabo tenemos algo en común: Albacete. Son los premios actuales de fotografía en España, pero han vivido y se han criado entre nosotros, entre nuestras calles, quioscos o entre esas horribles plazas que nos regaló la especulación, el desprecio y la indiferencia. Ellos son fotógrafos y son autores de series como Campos de Fútbol, Campos de Batalla, Ciudades y Origen y no son nuevos en esto de los reconocimientos. Han desarrollado su carrera profesional en Valencia y Londres, y sus obras se encuentran en las colecciones del Museo Reina Sofía, MUSAC, Centro Galego de Arte Contemporáneo o el Museo de Arte Moderno Colliure. La desolación que muestran en alguna fotografía es la misma que yo experimentaba de pequeño cuando llegaba al barrio Las Cañicas a jugarme el honor futbolístico de mi barrio. Bleda y Rosa cambiaron la calle Albarderos por Oxford Street: "Vinimos por que era algo que siempre quisimos hacer –dicen-. Nuestros compañeros de estudios siempre utilizaron las becas para viajar y conocer mundo mientras que nosotros las empleábamos para producción de obra. Al final vivir una temporada fuera se nos quedó pendiente. El año pasado nos lo planteamos seriamente: o lo hacemos ahora o no lo vamos a hacer". Engracia Cruz sin embargo vive aquí, pero también ha experimentado un cambio sustancial en su vida: "Sí, Ahora he querido cambiar el guión de mi propia vida y he invertido los papeles: en mis ratos libres del teatro dibujo casas". Engracia era delineante de profesión pero también directora teatral, escenógrafa, constructora de títeres, ayudante de dirección y monitora de cursos y talleres escénicos. Ahora es la novia de Hamelín, el encantador de sueños y es tan feliz como los muñecos que mueve. Como Andrés Alberto Gómez dando conciertos de clave en Paris o como Miguel Barnés exponiendo en Berlín o Esperanza Pedreño estrenando película en la Gran Vía madrileña.

La tarde de verano se cae y recuerdo mi cita otoñal con Sergio Bleda. 35 semanas transcurridas donde he jugado con la memoria más reciente del arte albaceteño. Se han quedado muchos más en lista de espera. Algunos les tengo atrapados en mi propia red, otros estoy a punto de descubrir. Presumo que es una experiencia impagable y empiezo a impacientarme por la llegada del otoño. Volveré a estas páginas, volveré a estar más cerca aún de mi ciudad, Albacete, ésa que muchos utilizan para uso personal y cuya auténtica identidad, el pensamiento, la obra gráfica, la música, la imagen fija, la fantasía, aplican a una indolencia que a veces asusta. Los artistas de una ciudad son los espejos donde nos veremos cuando ya no seamos más que polvo en el tiempo.

Fotos y gráficos JAF.
Imagen 3D de la vieja serrería del Puente de Madera: Juan Siquier

El Brillo de los Días. Publicado en el diario La Verdad de Albacete. 28/6/2009.