7.11.16

Robert Glasper se divierte


El formidable pianista de jazz actuará en Albacete el próximo sábado, 26 de noviembre




Robert Glasper acaba de estrenar un disco donde da rienda suelta a su instinto renovador, sin moderaciones ni zarandajas. Sin acatar ningún código ético que pueda aplacar alguna remota ira ortodoxa del jazz. que las hay. El artista, de 38 años, se autodefine como pianista de jazz “en ejercicio y a mucha honra”. Aún así, su nuevo disco ArtScience, editado por el sello de los sellos de jazz, Blue Note, es un compendio de estilos y modos que ha sorprendido a muchos de sus seguidores que siguen apostando por una de las figuras más relevantes del jazz desde que despertara el nuevo siglo.

Ya lo hizo en cierto modo en Covered, su álbum de 2014, cuando un par de años antes había asombrado a todos con Black Radio en sus dos volúmenes. Después de ganar todos los premios (varios Grammy incluidos) con el gran disco del siglo XXI, Covered se tomó como un respiro del pianista. Relajado, distendido, con arreglos de temas de Joni Mitchell, Quincy Jones, Pharrell Williams, Radiohead, Harry Belafonte y hasta una exquisita versión del clásico Stella by Starlight y una versión del So beautiful, de Taalib Johnson que aún pongo casi cada día, cuando la ocasión invita a la estética del sosiego en una cala exclusiva de verano o en una chimenea improvisada en la época glaciar. Soñar en la calle Herradores de Albacete es gratis.

Después llegaría el tributo a Miles Davis que le ha tenido atado a la actualidad mediática el último año, incluido disco de versiones del trompetista con sus propios arreglos: Everything´s Beautiful, otro álbum  prodigioso donde vuelve a contar como hiciera en Black Radio con la Compañía Ilustrada de Ayudantes en Horas Altas, o sea Erykah Badu, Bilal, John Scofield, Illa J, lo mejor del hip-hop actual, Me´Shell Ndegeocello y hasta Stevie Wonder en un fantástico juego de armónicas. Otra extraordinaria declaración de intenciones; inmediatamente después, el rodaje y la musicalización del biopic de Don Cheadle, Miles Ahead, película dedicada al maestro que creó Kind of Blue, la biblia del jazz entre otros muchos envíos divinos; y como remate a tanta actividad, la edición pertinente de la banda sonora del film (estrenado en el verano de 2016) del propio Cheadle con invitados de lujo como Herbie Hancock, Wayne Shorter o Esperanza Spalding: Este año pues, hemos tenido a Robert Glasper/Miles Davis hasta en la sopa..., Mmm, afortunadamente. Un lujo de verano.

Yo creo que para ventilar las neuronas atacadas de Milestones y Bitches Brews Glasper ha elegido cuanto antes el nuevo trabajo,  ArtScience, sin dejar de perder de vista la idiosincrasia del propio Miles, es decir, liberar los incómodos y aburridos estereotipos al uso, inventando sin fin, creando y apuntándose al último tren. Así lo hizo el maestro hasta su muerte y así lo repite ahora éste alumno tan aventajado. ArtScience tiene algo de esto. Por eso, Glasper ha llamado para la grabación a sus músicos clásicos: Derrick Hodge, ¡por dios qué músico!; Casey Benjamin, chico para todo, incluidos vientos, teclados y vocoders; Mark Colenburg, el batería perfecto para sus planes o el excelente guitarrista Mike Severson. De Herbie Hancock recoge Tell me a bedtime story, un viejo tema del 68 que ya presentaba entonces el joven músico de..., ¡vaya!: Miles Davis.
La grabación del nuevo trabajo comienza con una tormenta Free, como anunciando en voz alta que sus orígenes y su linaje y abolengo vienen del pleistoceno; acto seguido llega el distinguido y, a veces, sofisticado guateque al que nos tiene acostumbrados con las músicas soul, funk, blues y sus emotivas baladas jazzisticas. En realidad, un conglomerado drum´n´bass y electrónicas varias que te dejan el cuerpo compuesto para otras aventuras aproximadas. A eso, yo le llamo simple y llanamente divertirse y divertirnos.


Robert Glasper actúa el próximo sábado, 26 de noviembre, en el Teatro Circo (21,00h), con motivo del Festival de Jazz de Albacete.
La banda anunciada estará compuesta por
Mark Colenburg – Batería
Casey Benjamin - Saxo/Vocoder
Burniss Traviss II- Bajo eléctrico
Mike Severson – Guitarra y 
Robert  Glasper al piano y teclado electrónico.

1.9.16

Bob Dylan, o el arte del documental


Eat the Document, Bob Neuwirth y algunos nombres del viejo catálogo


La secuencia del spot televisivo se desarrolla de manera natural, tal como ha sido copiada de un original de 1966 cuando su protagonista, un muchacho de Minnesota que acababa de hacer bingo en la lotería de la fama quiso alimentar su incipiente genialidad con un juego de palabras que confirmara, sin más atenuante que su propia figura desgarbada y peluchona, que todo el mundo estaba ante el nuevo y fulgente mesías de la modernidad. La escena nos muestra en primer plano una tienda de animalitos con carteles en el escaparate llamando la atención a posibles clientes:

"Se venden animales y pájaros a comisión"
"Recogemos, cortamos el pelo, bañamos y devolvemos a su perro"...
"Cigarrillos y Tabaco"

El tipo que lee los rótulos anda en esos precisos instantes inmerso en el rodaje de un documental sobre su persona (es un pope divino) y aprovechando la ocasión y consciente de la casualidad que le proporcionan dichos textos se hace el gracioso, o vaya usted a saber, le viene una inspiración inédita-hasta-entonces-en-la historia-de-la-escena-mundial y canturrea al libre albedrío:



"Quiero un perro que recoja y limpie el baño... me devuelva el cigarrillo... dé tabaco a mis animales... y dé comisión a mis pájaros."
"Busco a alguien que venda mi perro, recoja mi corte de pelo... compre mi animal y anime a mi pájaro."
"Busco un sitio para bañar a mi pajaro, comprar mi perro, recoger mi corte de pelo, venderme cigarrillos,  ¡y dar una comisión a mi baño!"
“¡Busco un sitio que recoja mi comisión, venda mi perro, queme mi pájaro... y me venda el cigarrillo!"
"¡Voy a pajarear mi compra, recoger mi voluntad y bañar mi comisión!"
“¡Busco un sitio que animalice mi alma... teja mi vuelta, bañe mi pie y recoja mi perro!"


El spot lo pasan en televisión estos días y me llama la atención. Me llama la atención el espécimen humano que exhibe esa actitud incorformista de aquellos quienes esos días se replanteaban el mundo que les rodeaba. Me recuerda la arrogancia propia del suceso musical y mediático que significó el Bob Dylan del 66. Sí, claro, aún no lo había dicho: el charlatán es Bob Dylan en 1966 y la campaña publicitaria que vemos estos días, extraída de un fragmento del documental de Martin Scorsese No Direction Home (2005) la protagoniza un banco que no me da la gana de nombrar porque desde hace unos años mi odio a los bancos se ha hecho visceral y me supura pus en el intestino grueso una remota relación con alguno de ellos.


PODERÍO MÍSTICO
El detalle del numerito callejero no tendría mayor importancia si todo lo que tocaran los dioses no se convirtiera en vino de Canaán o gloria eterna. Tampoco iba a ser un hecho aislado en la obligada orgía de picardías que en aquel tiempo el joven poeta y cantautor ya explotara aquellos días de intensa vida social: discos, televisón, actuaciones gloriosas en el Village y rodajes cinematográficos, en concreto el rodaje de aquel viaje al poderío místico que firmara Donn Alan Pennebaker como Don´t look back. Un documental lleno de figurantes en torno al ídolo.

Dylan, aquel año de gloria, 1966, estaba empeñado en demostrarle a todo el mundo que su paso a la electrónica musical no era ni error ni traición. Estaba convencido de que todos estaban contra él y no disimulaba su cólera. No iba desencaminado; entre otras declaraciones, mas o menos acertadas, en torno al inminente futuro del concepto Rock puede presumir, junto a Pennebaker, de adelantarse en el comienzo del documental, por ejemplo, a la era del videoclip con aquella versión atómica del Subterranean Homesick Blues, donde alojaba al aire los rótulos de la letra de la canción mientras el poeta beat Allen Ginsberg le pegaba la hebra al folksinger Bob Neuwirth, otro personaje que ahora aparece como un fantasma intermitente en aquellos años del fulgor Dylan.
Bob Dylan y Bobby Neuwirth
Neuwirth es el joven con gafas negras que no se despega de Dylan en el documental; es también quien aparece de pie, detrás de Bob Dylan, en la portada del álbum Highway 61 Revisited del 65. Un fracasado absoluto individualmente. Su disco 99 Monkeys se editó al fin en 1991 y nadie se enteró ni del disco ni de su amistad con el viejo Dylan en sus años jóvenes.

Don´t look back, ése fino ejercicio periodístico donde D. A. Pennebaker, pese a todos los inconvenientes puntuales, disecciona al judío de Duluth de una manera transparente no tuvo ni mucho menos la aceptación didáctica nacional, internacional ni por supuesto popular que algunos esperaban. El documento, que ninguna distribuidora quiso comprar por falto de interés,  llegó al final a manos del gerente de una cadena de espectáculos pornográficos que quería pluralizar su negocio. Observó el filme y le dijo a Pennebaker:  “Parece una película porno, pero no lo es. Es precisamente lo que estoy buscando”. Y así se estrenó Don't Look Back el 17 de mayo de 1967 en San Francisco.

El orgullo de Dylan se disparó y rápidamente comenzó a preparar su “obra cumbre”, la que le ascendería definitivamente a la gloria no como folksinger, ni como cantante de rock, ni bluesman, ni como poeta ni nada de esas "pequeñeces" que ya había experimentado..., sería como director cinematográfico, como excelso documentalista; en definitiva... como harían mas tarde los Beatles en Magical Mistery Tour. Dirigiría, un documental que reflejara fielmente la personalidad abrupta e inaccesible, también remotamente simpática y humana de quien un día se postraría en la misma tumba de Jack Kerouac. Se llamaría Eat the Document (1966), y sería otro informe en torno a su propia persona pero coordinado y dirigido de una manera más cómoda, sencilla e igualmente fiel a su impetuosa personalidad que el trabajo que acababa de presentar D.A.Pennebaker.

Lo hizo. Aprovechó algún metraje de Pennebaker en su gira londinense del 66; las tomas donde monta el escándalo en Newport al cambiar las guitarras acústicas por eléctricas (para muchos el comienzo oficial de la Era Rock); alguna canción con Johnny Cash y, sobre todo, el viaje en taxi junto a John Lennon donde ambos transforman la suma de todos los pedales del año en una delirante y descacharrante conversación (Lennon aseguró en alguna entrevista que la primera vez que fumó marihuana se la había ofrecido Bob Dylan):


Como material, suficiente para contentar a todos sus legionarios de por vida; como producto documental y periodístico... efectivamente, a la altura de Magical Mistery Tour de los Beatles o peor. Eat the Document, se pasó en la cadena de televisión americana ABC esos días y poco más se supo salvo en las ferias de coleccionistas de emociones fuertes. No terminarían aquí los delirios cinematográficos de Dylan. En 1975 se estrenaría Renaldo y Clara, pero esa si que es otra historia... y de las buenas.

...y dios creó la canción


Publicado el Viernes, 25 de abril de 2014 en Mas24, suplemento cultural del diario digital Asturias24

24.8.16

Robert Glasper, Experimentos con Caviar





Los Discos del Año. Enero
Black Radio. Robert Glasper Experiment


Este año el juego de las recomendaciones llega como las ráfagas inesperados del viento. Caprichosamente, presumiendo de libre albedrío. Como el frío de abril o la tenue lluvia de mayo mientras estalla la flor de cactus. Al ser la primera del año esta sugerencia llega ligada al complicado (socialmente hablando) año anterior. En 2012, a Robert Glasper le otorgaron el Grammy al Mejor Álbum de Rythm´n Blues por su extraordinario Black Radio. Una exquisitez sonora con etiqueta global. Quiero decir que el pianista tejano, desde hace tiempo, se ha aliado con los demonios del hip-hop, con las sutilezas del mejor rythm´n blues y las vocalizaciones más sugerentes, Erykah Badu, por decir algo. O Yasiin Bey, Casey Benjamin, por decir mucho. Vocoders al poder, una sección de ritmo abrumadora y alguna versión que otra sutilmente estilizada. Piedras preciosas en una autopista.
Ahora recuerdo que Glasper se me escapó vivo en uno de los festivales de Jazz en Albacete. Cuando ya estaba todo arreglado surgió el problema de nunca existir, ése que te arrebata la presa por no se sabe qué indisposición ni de quién. Oyendo Black Radio, incluso su Remix (ahora todos lo exhiben) maldigo aquella injerencia porque este es un formidable trabajo lejos de aquellos acústicos que practicaba en Barcelona a principios de siglo. No te lo pierdas.

Publicado originalmente en STONE el 22 de mayo de 2013.

22.8.16

Julian Maeso, el cazador de sueños




Aunque grabado y editado a finales de 2012, Dreams are gone es uno de los discos del año 2013. Un doble álbum soberbio. Uno de esos momentos lúcidos que agarran a un músico y no lo sueltan hasta que el producto está en calderas. Un largo y complicado proceso que llevó a Julian Maeso, el protagonista, a condimentar con tiempo, con todo el tiempo del mundo, un puñado de canciones con la minuciosidad de un artesano, del que aplica y acomoda notas musicales e instrumentos con la precisión del relojero: un ukelele por aquí, un cello por allá, ahí una slide guitar,  ahora remato con una nota de órgano Hammond... o un coro recién llegado de California... No, no fueron llamados por Julian pero juraría que en Will you be free suenan las voces de David Crosby y Graham Nash y toda la atmósfera que reunieron en aquel célebre álbum del 72, Southbound Train. Un disco americano, sí; Dreams are gone es un trabajo pensado en inglés, soñado en cualquier garito de la Haight Ashbury de San Francisco; recreado en los ambientes caseros, manchegazos, levantinos y a golpe de carretera de un rockero aplicado: Julián, Julián Maeso, el maestro del órgano Hammond en España.

Maeso, para recordar a despistados, procede de The Sunday Drivers, grupo toledano donde ejerció poderío con su par de monumentales armarios musicales, dos órganos Hammond, piezas de coleccionista, que su dueño cuida en casa como caballos de competición. Julian Maeso los arrastra por la carretera como el que viaja con una leona del Serengueti.  Llega a su destino, pide ayuda a los contratantes y entre unos cuantos bajan de la furgona la jaula con el animal. Luego agarra unos alicates y un soldador y pone el bártulo a punto para el concierto. Los altavoces Leslie suenan entonces como debieron sonar las trompetas en Nínive.
Luego de los Sunday Drivers, Maeso montó un grupo soul espectacular, Speaklow, al que vimos una venturosa noche en Albacete, en el desaparecido local Hi-Fi de la calle Carretas. Julian Maeso iba en aquel bolo de Booker T. Jones y esas cosas de negros. Magnífico para quien estuvieran en aquella inolvidable sesión. Luego llegaría la larga travesía del desierto con unos y otros (Sweet Vandals, M Clan) y hasta con algún parón forzado por las circunstancias. En esa época de flacas es cuando se gestó este monumental doble, haciendo buena la teoría que contamos algunos de que cuando la cosa coyuntural flojea suele dispararse la creatividad.

Dreams are gone se divide en dos partes, dos discos, en los que pudiera servir la tópica valoración de que uno es eléctrico y el otro acústico. No es exactamente así. Maeso utiliza el primero álbum  como una  sincera declaración de principios rock abundando en una extraordinaria exhibición del género tal como se entendió en sus orígenes californianos, costa oeste americana, con todo lo que conlleva de blues y mítica sonora. Para empezar,  el tema  A Hurricane is coming lo utiliza como un punzón que abre la caja de los truenos, lo que se va a escuchar a lo largo de los siguientes nueve temas, una exhibición de estilo y fuerza a la altura de bandas míticas o de sensaciones actuales como Endless Boogie. La coral utilizada ya prepara también todo lo que llegara después. Inmenso. Lo corrobora rápidamente en Who need´s what, o cómo repasar todos los códigos del rock and roll en tres minutos. Maeso lo hace con su voz apagada, carrasposa, como baqueteada y maltratada por la carretera y los humedales. Así lo hacía Nils Lofgren, por ejemplo, en su álbum Cry Tough del 76, antes de irse con Bruce Springsteen como segundo guitarrista. A mi aquello me pareció colosal. También me recuerda a Gram Parsons con  Emmylou Harris de compañera en el GP del 73, como hace Julian Maeso con Maika Edjole o Susana Ruiz o Angie Sánchez. Estas canciones tienen todos los tics de Tom Petty y los Heartbreakers. Hay algunas, como Tears come from you, que no puedes pensar que haya sido grabada en España. Bárbaro el disco cañero.

El segundo álbum, el “acústico”, no es tal que así, ya lo hemos dicho, es más bien una escrupulosa y bien pensante selección de baladas realizadas con un gusto exquisito y el momentazo que pueda ostentar el mas fino gourmet de Sausalito. También lo hemos dicho: cuidado al mínimo detalle en la instrumentación (acordeones, slides, todos los matices hammond) y unos adornos vocales brillantes. Otra obra de arte donde surgen las comparaciones con el Dylan más ajustado a su mitificación (el de Blonde on Blonde), o el David Crosby más intenso. Bien, no es ninguno de ellos, es Julian Maeso, que durante un tiempo ha trabajado en casa (al loro), sólo o con amigos muy preparados para dejar una obra para la posteridad. Inédita en España, sorprendente, y que hará felices a todos los que, como yo, defendemos la lengua madre del rock and roll y sus orígenes.

Publicado originalmente en STONE el día 13 de noviembre de 2013.

En Facebook:
 https://www.facebook.com/julian.maeso.1

21.8.16

Ray Davies, The Joker.




Ray Davies visita España este verano para actuar en Jazzaldía (San Sebastián) y La Mar de Músicas (Cartagena)



Arthur or the Decline and Fall of the British Empire fue una de las tantas crónicas en las que Raymond Douglas Davies (Londres, 1944) retrató satiricamente el establishment londinense. Por aquel entonces, 1969, el cantante y compositor de  The Kinks era ya un consumado cronista de la villa, una especie de bufón del reino que cada mañana se despertaba con una historia distinta basada en hechos reales. En aquel chisme sobre Arthur, Ray Davies se había inspirado en concreto en su cuñado Arthur Aning, un pobre hombre que pretendiendo haber sido alguien en la vida había acabado su carrera como instalador de alfombras a domicilio, emigrado a Australia y llevándose uno de los tesoros más preciados de los hermanos Davies, su propia hermana Rose: “Arthur vive en un suburbio de Londres, en una calle llamada Shangri-La -otro pelotazo de los Kinks-, con un jardín y un coche y una mujer llamada Rose y un hijo llamado Derek...”, comenzaba aquella cantinela hasta acabar en una triste y decepcionante desventura de perdedores.

Antes, en los tiempos de Dedicated follower of fashion (1966) Davies ya era una especie de charlatán al que “solo le faltaba intervenir en el Speakers Corner de Hyde Park”, en palabras de su hermano Dave Davies. El conjuntero burlón cantaba idas y venidas de la policia londinense en pos de aquel increíble desfile de personajes fantasmales, de prototipos y colores, de exhibiciones y provocaciones, de cánticos y alabanzas en el museo de la moda británica en que se había convertido aquellos días el patio más famoso de Londres, Carnaby Street:





He thinks he is a flower to be looked at,
And when he pulls his frilly nylon panties right up tight,
He feels a dedicated follower of fashion.
(“Él piensa que es una flor para admirar/ y cuando tira de sus bragas de nylon con volantes/ se siente un fanático de la moda”)


The Kinks o Ray Davies, tanto da, fue una de las bandas verdaderamente influyentes en las personas de aquellos años, pongamos que hablamos de mi y de 1963 en adelante. Esencia elemental de la llamada British Invasion, como se conocía al movimiento musical predominante en Estados Unidos hacia mediados de aquella década cuando grupos de rock and roll procedentes del Reino Unido alcanzaron altas cotas de popularidad a raíz del éxito de The Beatles.

Todos estos grupos estaban descaradamente influenciados por el rock and roll, el blues y el rhythm & blues americanos. Quizá, en realidad, eso era lo único que remotamente podía forzar confrontaciones de gustos y fidelidades, porque no existía confusión alguna, al menos para mi, en cuanto a la peculiaridad de cada una de aquellas muy jovenes bandas, Kinks, Beatles, Rolling Stones, Who, Spencer Davies Group, Pretty Things, Animals..., todos manejaban las mismas bases de inspiración, pero todos eran distintos entre sí. En aquel post-adolescente desfile a la gloria, el cuarteto de Ray Davies (Dave Davies su hermano a la guitarra solista, Pete Quayfe, al bajo y Mick Avory en los tambores) eran autoridad, asunto serio, manejando un amplio paquete de canciones absolutamente ejemplares, fantásticas, todas a la altura del mejor repertorio de cualquiera de los nombrados y con el halo venturoso de un Ray Davies en permanente estado de gracia.

The Joker

Insolencia, extravagancia, provocación, un comediante empeñado en describir la decadencia del histórico imperio británico ridiculizándolo continuamente en sus avispados e incordiantes relatos.
De aquel dislate antisistema tampoco se salvarían los americanos quienes rápidamente les prohibieron la entrada a aquel continente pacato y reaccionario después de algunas “faltas de respeto” que el cuarteto había regalado en su primera incursión yankee.

Tampoco nos salvamos nosotros, los ignorantes españolitos de la época, aquella adolescencia preservada de vanguardias y abandonada a la suerte de un salvaje militarismo eclesiástico que imponía sus desprecios cada vez que alguien abría una ventana al exterior.

Es absolutamente deslumbrante la crónica del guitarrista Salvador Domínguez sobre la primera visita a España de Ray Davies y sus chicos reflejada en su libro Bienvenido Mr. Rock... Los Primeros Grupos Hispanos 1957-1975. El que fuera martillo de Los Canarios, entre otras bandas históricas nacionales, relata en la voz de testigos presenciales y compinches de bolos como fueron recibidos los Kinks en 1966 en Madrid. Ocurrió en un “mugriento puticlub”, contaban, de la plaza Tirso de Molina, el Paladium de Cristal, después rebautizado como Yulia, actuando junto a dos grupos nacionales Los Silver´s y Micky y los Tonys quienes al parecer alentaron a sus respectivas pandillas de fans y colegas a boicotear la actuación de los Kinks (no me preguntéis a santo de qué). Después de la irrupción apoteósica de la banda británica con un You really got me que calló todas las bocas, a Ray Davies no se le ocurrió otra cosa que sacarse un moco de la nariz e hizo ademán de lanzarlo a la primera fila, detalle que automáticamente convirtió el local en una batalla campal indescriptible. Aquella noche Los Kinks sólo cobraron en empujones y escarnios. España estaba en trance.

El sarcasmo de Ray Davies y su exagerado refinamiento victoriano de aquella época quedó diluido en la espuma de los días, como las masas equivocadas de Boris Vian. No así su proverbial hiperactividad, con estrenos teatrales representados en los álbumes Preservation (la crónica de una revolución social); libros de memorias, X Ray (1995); arreglos orquestales para corales; alguna película no estrenada (Starmaker, para Granada Televisión); documentales sobre Kinks; apareciendo regularmente en festivales conocidos como en Glastonbury y Meltdown o el Voodoo Experience estadounidense. Participó además en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres, en 2012, cantando Waterloo Sunset, una de sus composiciones históricas.

Discográficamente su última entrega ha sido una revisión del antiguo repertorio Kink en See my friends (2010), donde abre la mano y el estudio de grabación a sus admiradores de toda la vida que rinden pleitesía al burlón de burlones, al juglar de aquellos sueños donde empezaron a forjar cada uno sus proyectos... Bruce Springsteen, un decir, o Jon Bon Jovi, Richie Sambora, Jackson Browne, Metallica (You really got me), Black Francis en This Is Where I Belong y hasta el inovidable Alex Chilton que poco antes de quedar con Jimi Hendrix para unas copas tuvo arrestos y garganta para cantarse con Ray Til The End of the Day, uno de mis recordados llantos infantiles.

Cuando vinieron a España en 1966, antes de la bronca del Paladium, la prensa especializada española de entonces, los chicos de la revista Fans, le hicieron una original pregunta:
¿Te gusta la canción protesta?, ¿Cuál es tu canción protesta favorita?
Ray Davies contestó “Blue Suede Shoes”.

Ray Davies actuará el domingo, 20 de Julio de 2014 a las 20:00h en La Mar de Músicas.Auditorio Parque Torres de Cartagena y en el Escenario Verde de Jazzaldía el 23 de julio a las 21,30h









Publicado el Viernes, 30 de mayo de 2014 en Mas24, suplemento cultural del diario digital Asturias24