Casas rociadas de jabelgue protegen la pálida línea de playa.
Rematadas por cactus y pinos.
Paseo por donde crecen dulces, salvias y extrañas hierbas
Por caminos pedregosos, desechos y chamuscados.
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Jimi Hendrix en Sgt. Peppers |
En semejante escenario, Formentera, una isla extraviada al sur de Ibiza, más propia en otros tiempos de aventureros y bucaneros, José Tur Cardona, un payés del lugar edificó su basílica en 1953: La Fonda Pepe. Dice algún oriundo lugareño, sobreviviente del 66, que en aquel modesto cuchitril velaron sus cuerpos, desplegaron alas, saciaron su sed, durante algún tiempo Bob Dylan, huyendo de un malaventurado accidente motociclista en Woodstock (la periodista Julia Chaplin escribió para el New York Times en 2008 que Dylan habría vivido en un viejo molino de la isla) y el artista de la guitarra eléctrica Jimi Hendrix, al que le traía al pairo su suntuosa discoteca montada no lejos de la isla, en Palma de Mallorca, con sus colegas británicos de The Animals, Chas Chandler y Eric Burdon y dirigida por su propio manager, Mike Jeffreys. Un palacete sonoro abarrotado de pop-art al que llamaron Sgt. Peppers. La era Mod.

En aquella época, los sesenta, un disco, una película, llevaban ya la marca indeleble de Formentera: More, el film debut del director francés Barbet Schroeder, con música de Pink Floyd; también hizo historia la foto del cartel de la película (la misma que fue portada del soundtrack): la del Molí den Mateu, en Sant Francesc, elevado en 1773. El viejo molino continúa en su lugar, el pedregal que lo protege también, como el ambiente desolador que caracterizó siempre aquella zona del extrarradio de Sant Francesc: un soletón de justicia y un escandaloso silencio de deserción.
Ruedas caídas polvorientas, oxidándose al sol;
Paredes color rapé y lagartijas españolas.
Una higuera dragoniana me refresca y da su sombra
Rodeado de hormigas reflexiono sobre el hombre.
More, la película, aborda el tema de las drogas y el sexo tal como sucedía en aquella época, razón por la que sufrió de recortes y censura en varios países. Es considerada por algunos especialistas como una película de culto en parte por la banda sonora compuesta por Pink Floyd exclusivamente para el filme, un tostón escuchado ahora junto a aquel molino, ratificando aquella idea de que, a veces, el tiempo suele tratar mal la mítica. No así al disco Houses of the Holy, el Led Zeppelín del 73, siempre un gran disco. Su portada era casi la misma del molino de Schroeder, pero sin molino y con los pedruscos. Era Punta de Pedrera, la reserva natural con rocas dentadas flanqueando los acantilados que convirtió otra puesta de sol en una visión surrealista que se asemejaba a un paisaje lunar. Las nenas, niñas, que salen en la imagen de ése disco imitando el movimiento de las sargantanas, las lagartijas de las pitiusas, eran las hijas de un buen cliente de Pepe el de la Fonda: Pat Ringel, un exquisito arquitecto americano de la época. A Jimmi Page también se le veía de vez en cuando por ahí. La era Hippy.
Sacaré mis viejas cuerdas cuando el sol se ponga
No subiré a ningún monte mientras brille el sol.
Cántame tu canción, Señora de Formentera
Señora de Formentera, dulce amante.
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Blue Bar hoy |
Brilla la luz de la lámpara en las guitarras de viajeros
Bailan niños de incienso al son de un tambor indio.
Aquí hechizó a Odisea la morena y cruel Circe.
Su perfume permanece y aún seduce.
Julian Tur, hijo de Pepe, recorre los alrededores de la fonda en busca de cascos de cerveza y algún perdido vaso cubatero. Julian, me cuenta la matraca que le metía cada noche una chavala alemana, hasta las cejas de alcohol, asegurando que era cantante de un grupo de rock. No sabía cómo quitársela de encima hasta que vio, en un viaje a Berlín, un disco de Nina Hagen en un escaparate y comprendió que era verdad lo que decía aquella, para él, espantaja. Julian, al contrario que su padre, si ha llegado a conocer algunos ilustres que pasaron por la fonda: Pau Riba en sus años del Dioptría, el fotógrafo Alberto García Alix (ha expuesto obra este verano en Sant Francesc), Marc Tara, Chris Rea, Dickie el escultor, Eric…, me lo cuenta como si yo tuviera la obligación o costumbre de conocerles. Formentera hoy, tiene otros puntos de atención incorporados: Es Cap de Barbaria, por ejemplo, donde Julio Medem realizó parte de su película –siempre el cine- Lucía y el Sexo (2001): La enfilada hacia el cabo es una continúa peregrinación de vehículos. Todos quieren estar allí, todos quieren ver la cueva que traspasa las entrañas de la tierra y te lanza hacia el acantilado. Todos quieren ver lo que embaucó a Paz Vega, a Nawja Nimri. Sin embargo, para muchos nostálgicos, Formentera también tiene su papel en uno de los mejores discos de la historia del rock: Islands (1971), donde el tiempo y la mítica se confunden y sólo quedan las palabras del poeta de King Crimson, Pete Sindfield y la voz de Boz Burrell, entonando aquellos textos que Robert Fripp supo enjugar sabiamente como el ilustrado alquimista de la música que siempre fue:
No me alcanzará la mano gris del tiempo en el ocaso
Seguiré atado y cerrado mientras brillen las estrellas.
Cántame tu canción, Señora de Formentera
Señora de Formentera, morena amante.
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Ambiente actual de la Fonda Pepe |
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Es Cap de Barbaria |
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Molí den Mateu hoy |
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Interior de la cueva del cabo |
Fotos actuales: JAF