22.11.13

Andrea y los años


Joan Chamorro y su joven estrella Andrea Motis pasaron por Albacete.

- “Muchas gracias por venir, lo hemos pasado superbien”

Andrea Motis se despedía de esta manera tan chachipiruli del público albaceteño en el pasado Festival de Jazz de Albacete. No había sido en Imaginalia, ni se refería a un botellón en el Parque Lineal, ni a una pequeña fiesta de cumpleaños en el Embrujo de Granada. El mismo molde, Andrea, 18 años recién cumplidos y desde los 14 en los escenarios de medio mundo acababa de cantar en el Teatro Circo de Albacete por Sarah Vaughan y Nina Simone y recordado la trompeta de Chet Baker y los años de Johnny Hodges. Su maestro y mentor Joan Chamorro sonreía a su lado, satisfecho una vez más de su gran obra: la Sant Andreu Jazz Band, o de una parte muy importante de ella.

Sant Andreu Jazz Band, la fantástica aventura del jazz español



Y ése es verdaderamente el tema que me parece fantástico para abordar: la Sant Andreu Jazz Band, o como convertir a unos críos, supuestamente desorientados en la música  a la edad de 10 o 14 años, en verdaderos artistas de jazz. De jazz hemos dicho amigos, que no hemos dicho cualquier cosa.


Joan Chamorro lo cuenta: “El origen de todo es en 2006, cuando monté una escuela, con fondos municipales, para tocar, cantar y bailar jazz. Aparecen nueve chicos, inicialmente,  y empezamos a trabajar de una manera diferente a como lo suelen hacer las escuelas de música. Nosotros trabajamos de oído, utilizando también la memoria, buscando las fuentes del jazz como Johnny Hodges (Duke Ellington), Sidney Bechet, etc.,  Los chavales no los conocían entonces claro, se los fui “presentando” yo, como profesor y director. Ellos escogían y trabajaban esos sonidos”.

- “Yo no conocía nada de jazz, - interrumpe oportunamente Andrea Motis- pero pronto empezó a interesarme  y divertirme el dixieland. Bobby Hackett en la trompeta (Benny Goodman, Glenn Miller), por ejemplo. Joan me pasaba todo en MP3. En aquel combo de nueve disfrutábamos mucho con esos temas tan antiguos y tan divertidos, teníamos once o doce años y lo pasábamos bárbaro. Había un buen rollo entre nosotros. Recuerdo ir al Festival de Jóvenes Músicos de Tarrasa y triunfar. El grupo luego fue creciendo. Joan (Chamorro) sabe perfectamente a que chaval o chavala le puede gustar esta música y quien se va a motivar con ella. En realidad, para nosotros, tocar en publico ya era, ya es, un premio”.

Al principio, Chamorro incluía a los jóvenes compartiendo escenario con prestigiosos músicos del jazz catalán: Ignasi Terraza, el pianista, el saxofonista y hombre orquesta Richard Gili, Josep Traver, el guitarrista o el batería Esteve Pi; luego llegaría el reconocimiento hacia esa singular big band de chavales que poco a poco había montado. Empezaron a llegar los contratos, todo eran estímulos, motivaciones. Viajes, a Francia, Alemania.... Joan Chamorro había inventado la Sant Andreu Jazz Band, una banda que sigue alimentando la leyenda en cada concierto. En 2012, el director de cine Ramón Tort grabó el documental A film about kids and music sobre la Sant Andreu. Este documental ganó en agosto de 2013 el premio al mejor largometraje en el Festival de Cine de Austin (Texas, EE.UU.) y se ha podido ver recientemente en Albacete, dentro de la programación del festival de jazz.

A Joan Chamorro le entusiasma hablar de todos estos años: “Yo como músico de jazz me encanta todo lo que está pasando con los chavales. Siempre he querido bucear en esta música, conocer gente y gustos diferentes, que si Mingus, que si Coltrane, que si Parker, Gillespie... intentando no poner etiquetas y escuchar a Bix Beiderbecker y gente así. Eso que yo siento por la música intento trasladarlo a los alumnos. Es algo auténtico. Yo les digo:`esto es lo que hay chicos y vamos a trabajarlo. Si os va interesando cada vez os interesará más, porque esto es algo que os atrapará. Seguro´. Ahora no oyen otra música”.
La joven Andrea vuelve a intervenir: “Es cierto, yo me acuerdo que cuando empecé con el saxo, con once años, me encantaba el dixie, pero no el be-bop, oía  a Charlie Parker y no me decía nada todavía. Con lo maravilloso y divertido que era el dixieland, que podía tocar y hasta cantar... con el be-bop no podía hacer estas cosas. Ni tararearlo ni nada. Luego, a medida que iba conociendo el jazz, el bop me fue atrapando cada vez más. Descubrí que era interesante, que era diferente. Ahora no oigo otra cosa”
-”Es la propia evolución cronológica del jazz”, le digo, ¿Has llegado ya al free-jazz?.
-”Ja, ja", sonrie, "a Sonny Rollins aún no he llegado”.

Lógicamente, existe esa conexión directa con el resto de profesores y con los músicos que Andrea va conociendo. Gente que ha grabado con ella, gente importante que toca con ella y que igualmente están entusiasmados con ella. Una de esas experiencias fue nada menos que con Quincy Jones:
- “Tocamos en el Festival de Verano en Peralada”, cuenta sonriente, “Fue hace tres años (Andrea tendría entonces 15 años). Quincy Jones estaba invitado especialmente a tocar en el festival y hacerlo con algunos músicos españoles que él debía escoger, además de Esperanza Spalding, Lionel Loueke, Omar Bashir..., lo hacía en cada país que iba. Y nos escogió a Antonio Carmona y a mi. Canté cuatro temas y claro que llegué a hablar con él. Muy simpático, je, je, y un honor para mi”.
Scott Robinson es otro de esos grandes músicos que ha descubierto a la Motis. Ha sido importante para Joan Chamorro y lo será sin ninguna duda para Andrea. “Con Scott -dice Chamorro- existen muchos nexos de unión en los ensayos. Primero por instrumentista. El conoce todos los temas del repertorio de la big band y puede aportarle mucho a Andrea”. Chamorro no esconde su admiración por el saxofonista americano: “Él toca bebop, hard-bop... milita en la María Schneider, una de las big bands más importantes del mundo... a nivel de músicos y de conceptos... Se monta un trío o cuarteto y te toca free- jazz, lo hace todo de una manera auténtica y natural. Yo veo que, para mi, esa es la idea, la verdadera esencia de un músico de jazz y así quiero yo educar a los chavales. Que vean el jazz como un música abierta y que la interpreten como tal: ahora dixieland, ahora bop, swing... ellos ya tendrán su propio lenguaje y crearan su propio estilo. Ese es uno de los grandes objetivos de la Sant Andreu Jazz. Hay que ser muy coherente con todo esto. Muy exigente”.

Joan Chamorro lo que quiere es transmitir a los chicos ilusión y trabajo, sostiene que a partir de ahí todo llegará rodado. Nunca les ha dado plazos ni planteado exámenes parciales. No. Todo se ejecuta al momento. “Como mucho una semana de plazo para que me traigan una melodía interpretada” afirma concluyente: “¿Te gusta esto?, ¿te gusta lo otro?, así hasta que el chaval en cuestión escoge su propio ejercicio. Ésa es la dinámica que yo creo es la mejor manera de enseñar un lenguaje tan complicado como puede ser el del jazz”.
Comenta que cuando trabajas con niños, a partir de siete, ocho o nueve años, los chavales potencian su creatividad, potencian sus capacidades. Chamorro no deja de sorprenderse cada día cómo realmente están tocando. Ellos lo saben. Se dan cuenta de su propia evolución.
El secreto puede ser que los chicas y los chicos aprenden a tocar el instrumento con pautas de jazz. Siempre se ha dicho que cuando aprendes a tocar música, a conocer el instrumento, entonces puedes tocar jazz. “Nosotros lo hemos hecho al revés”, afirma orgulloso Joan: “Podemos aprender a tocar jazz desde el principio, no hace falta saber todas las escalas, todos los aspectos técnicos para poder hacer jazz. Esa es la idea. Tu coges unos niños les enseñas apasionadamente a escuchar, tocar, este tipo de música  y si consigues engancharlos los niños te responden. No hay que pensar que son unos genios por tocar la música que tocan.

Joan Chamorro & Andrea Motis en el Festival de Jazz de Albacete

- “Tenemos que hacer la lista de las canciones que vamos a tocar”, se interrumpe de pronto Joan. Falta un par de horas para el concierto de Albacete.
-“Manhá de Carnaval... Sarah Vaughan...” apunta Andrea
- “Fenómeno, haz tu misma la lista de hoy” resuelve Chamorro
- “Feelin Good, de Nina Simone, propongo yo, que ya había escuchado y visto una formidable versión de Andrea Motis en You Tube.
- “Ay sí, vale. La tocaremos para tí”, dice complacida Andrea.



La actuación del quinteto que nos trajo a la joven estrella del jazz tuvo la corrección que se le supone a una banda que toca cada mes en el Jamboree de la Rambla y que es la base de todo el sonido de la propia Sant Andréu Jazz Band: Josep Traver, Esteve Pi, Ignasi Terraza, Joan Chamorro y la niña-mujer Andrea Motis a la voz, el saxo alto y la trompeta. Temas standars del jazz escogidos por la propia paleta artesanal de la joven diva: My favourite things, en una versión desconocida y magnífica de Andrea o la excursión brasileña en Corcovado o Manhá de Carnaval que tanto gustan a la no ya tan niña. Destacó sobremanera el pianista Ignasi Terraza, soberbio y estilista con finos apuntes cuando la ocasión lo requería, el toque Mehldau paseándose en escena mientras Joan Chamorro, a su vez, perseguía el lucimiento al saxo con Andrea jugando al susurro. Sonaron así Chet Baker, Johnny Hodges y hasta Amy Winehouse en el colmo de la locura modernista. Todo muy personal, hasta si me aprietas íntimo. Una noche en el Jamboree, vamos.


En la actualidad, Andrea Motis ha decidido vivir estos momentos. Tocar y estudiar. Tocar mucho: “Intento abrirme en estilos no explorados”, dice, “eso es lo que me tiene atrapada en este momento. Entender la música que me gusta y que no domino ni puedo tocar. Me interesa mejorar en esos aspectos”. Andrea comenzó a cantar bastante después de iniciarse en la Sant Andreu. Comenzó con el saxo y la trompeta: “El hecho de que cante con los códigos del jazz, el swing, el soul, es que antes he aprendido a tocar unos instrumentos, el saxo, la trompeta, que me han ayudado luego a poder hacer las mismas modulaciones con la voz. Una vez que escuchas muchos discos, que interpretas instrumentalmente muchos temas, lo de la voz es más sencillo, más comprensible”.
El caso es que Andrea canta muy bien y además con cierta personalidad. Se gusta cantando y se adorna (lo hace mucho en las baladas), aunque, para mi gusto, aún le queda ese poso de sabiduría que sólo conceden los años. El que te lleva a dramatizar una nota, a tensar las pulsaciones, a montar la bronca. A Andrea, como demostró en el Teatro Circo de Albacete, ya solo le falta... el tiempo.


Andrea Motis, Joan Chamorro, acompañados del grupo que vino a Albacete, la Sant Andreu Jazz Band y la colaboración especial del saxofonista americano Scott Robinson. Interpretan Feelin Good.

Fotos: Paco Polope (directo) y JAF (backstage)
Entrevista realizada el 14 de noviembre de 2013 en el Teatro Circo de Albacete