6.10.10

Abycine. Diario del Festival. Martes 5


El libro de Jordi Costa

Comediantes

Uno al alza y otro a la baja, Lars Von Trier y Takeshi Kitano, respectivamente. El cine de Von Trier siempre ha sorprendido, desde su recurrida técnica del Dogma (fue absolutamente cómico cuando la imagen de su película empezó a temblar en la sala Candilejas 1 hasta desaparecer totalmente y absolutamente a oscuras, alguien murmuró "no pasa nada, esto es Dogma") hasta aquella claustrofóbica escenificación teatral llamada Dogville. Dicen que el cine de Von Trier te gusta mucho o no te gusta nada, pero lo que siempre guarda es ése punto de originalidad que le hace ser diferente. Incluso en ésta inusual cinta, más mundana, mas inclinada a la comedia normal, el cineasta marca su territorio y vuelve a sorprendernos con un final cojonudo. En un momento me recordó al Sazatornil de Cuerda con aquello de "pero hombre...¡Faulkner!", en la música diríamos: "pero hombre... ¡Jimi Hendrix!. No, nunca gustó de la retórica ni pamplineos. Por eso nos sigue interesando.


El caso del japo es distinto. Takeshi Kitano se empeña en denunciar públicamente que su inspiración se ha evaporado. Que nunca llegará a los excesos de sus peliculas de matones o a aquel Verano de Kikujiro. La utilización de Matrix y el cabezazo de Zidane es la parodia de su propia destrucción, la de sus inicios en aquel "humor amarillo" televisivo que siempre nos pareció excesivo, exagerado. Leves sonrisas, tributos, para representar el aburrimiento de un autor que cree que ya no tiene nada nuevo que ofrecer. Parece que Takeshi Kitano está aburrido y lo paga con nosotros, aburriéndonos. Como diría la tonadillera: "Se nos rompió el amor de tanto usarlo".

Sigo ojeando contra reloj el excelente trabajo que Jordi Costa presentó en el festival, el libro Una risa nueva, con textos de Venga Monjas, Roberto Cueto, Carlos Losilla, Miqui Otero y el propio Costa , entre otros e historietas de Darío Adanti, Juanma López, Joaquín Reyes o Jorge Riera. Una sucesión de relatos y dibujos, formidable compañero para viajes en tren o estancias de finde en la sierra. Humor madero, el color de nuestra tierra.