8.6.10

El debut en solitario de Carlos Sánchez, reconvertido en Honky Tonky

Un honky tonk es un bar de la america profunda especializado en alcoholes duros y clientela currante y sudada. Si le añades busconas se convierte en un burdel. Los Rolling Stones dispararon el término a finales de los sesenta en Honky Tonk Woman y todos supimos desde entonces que aquellos lugares no eran de cinco estrellas. A menudo estaba ambientado con un pianista (de ahí el término Tonk, una marca de pianos)  y era entonces cuando la cosa se disparaba. En España hemos tenido, aún queda alguna, las tabernas, pero no había pianista, todo lo más un guitarrista que rasgaba el jondo a golpe de Sol y Sombra. Carlos Sánchez (Ex Mercromina. Ex Gonzo. Ex Usera) ha querido rebautizarse como Honky Tonky Sánchez porque le cuadra el mote ambiental. Es un músico de Sol y Sombra, de aguardiente serrano, de bourbon, de confidencias. Ahora se come todo su currículo y saca la montera en una suerte de brindis al rock and roll. Acaba de nacer Esta tierra hostil, su bautizo como maestro de ceremonias. Una voz. Una vida. Una tormenta. Su idea. Once canciones. Un disco. Una banda construida a golpes de martillo y clavos. Sucia. Cruda. Bastarda. Arreglos oscuros. Sutiles a veces. A veces hermosos. Otros directos, nunca complacientes, incluso violentos. Certeros como balazos.
Porque hace treinta años que recuerda a Pablo Borell. Por devolverle algo. Porque el mundo, dice,  está roto.