19.11.08

Hamelín o el teatro de los sueños


Engracia Cruz en su estudio de marionetas
La historia comienza con un chico que es reclutado por una feria ambulante llena de seres peculiares: desde la mujer barbuda, la tarotista y el hombre lagarto hasta el telépata, la encantadora de serpientes o las chicas de striptease, se llama Carnivale y es una serie de televisión americana que sirve de guía para completar los sueños de Engracia Cruz, albaceteña, delineante de profesión pero también directora teatral, escenógrafa, constructora de títeres, ayudante de dirección y monitora de cursos y talleres escénicos, "Sí, Ahora he querido cambiar el guión de mi propia vida y he invertido los papeles: en mis ratos libres del teatro dibujo casas".
Engracia sueña con la idea de Daniel Knauf (Carnivale) y poder contar con uno de sus guionistas, el hijo del novel García Márquez, Rodrigo. "Nuestra compañía (Tercero Izquierda Teatro), no tiene razón de ser sin espacios libres, sin sentir el aliento del espectador, sin tenerlo cerca. Hay que cuidar al público porque suele repetir. Lo necesitamos y luchamos por ello. Ése es nuestro objetivo: buscar espectadores. Se tiende a centralizar el espectáculo y los barrios no se mueven, al teatro oficial sólo van espectadores de la zona centro. A los políticos les cuesta captar esto, sólo están pendientes del número de espectadores no de la intención social". El otro día leíamos a la promotora Dania Dévora (Womad) decir: "Con los políticos nunca hablas ni de música ni de cultura, sino sólo de repercusión. Es frustrante".


La compañía en plena interpretación del Pirata Roberts

Aurora Zárate, concejal del ayuntamiento de Albacete, puede ser una excepción. El año pasado montó el mercadillo de antigüedades en la Plaza de Fátima y aprovechó la coyuntura ofrecida por Tercero Izquierda Teatro para hacer un espectáculo visual sin precedentes en la ciudad. Cuando llegaron los cómicos, la plaza estaba tristemente abandonada, entre otros bultos sospechosos había un coche en el centro que era un montón de chatarra y montones de vidrios. La dejaron como una patena y al proyecto le llamaron Grúas de la Periferia. El TIT ofrecía, junto al mercadillo de antigüedades, cuenta-cuentos, conciertos de música (jazz y esas cosas), talleres de marionetas, pintura rápida y algún pequeño montaje escénico cada domingo por la mañana, también tenían pensado proyectar cine de verano en la plaza. "Acabamos de presentar la tercera edición y nos gustaría ampliar el proyecto, que el ayuntamiento acondicionara una sala en un pequeño soportal que hay en la plaza con unas perchas muy bonitas de madera, que lo limpiaran e hicieran ahí una sala de teatro". Ahora mismo el proyecto está parado. Los críos acuden a oír música, ver teatro, hacer talleres de marionetas, escuchar cuentos y no encuentran nada. "Vamos a insistir, incluso para que sea estable más días (no sólo los domingos) con la pequeña sala que queremos montar, no sólo para actuar nosotros. No hace falta mucho dinero, pero necesita retoques, poner sillas y estar en los detalles, creérselo, mimarla. Hay que recuperar que la gente vea espectáculos sin pagar, hay mucha que no tiene costumbre de ir a sitios públicos, no digamos ya privados".

Federico García Lorca ya construyó aquel escalón de acceso a las comedias imposibles, a la búsqueda de un nuevo teatro, un teatro vivo, capaz de derribar las paredes de los edificios y salir a la calle. En la obra del autor montada por el TIT, El amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, al finalizar, los espectadores curioseaban y compartían las fantásticas marionetas creadas por Engracia. Atendían al recitado...Amor, amor; Entre mis muslos cerrados, nada como un pez el sol. Agua tibia entre los juncos, amor. ¡Gallo, que se va la noche! ¡Que no se vaya, no!, cuchicheaban y se golpeaban los codos, embrujados con la hermosura de aquella Belisa de cartón de falla y tela. El teatro como lo concebía el poeta, como lo quieren ellos: nómada, cercano, del pueblo, de la calle, alternativo. "En España hay muchas ciudades que estas actividades son normales. Nos da envidia cuando las vemos. Segovia, por ejemplo, empezó con Titirimundi desde lo más humilde y ahora es el principal festival de títeres del país".

Engracia Cruz es otro eslabón de la fantástica cadena de actores que fabricó Antonio Malonda en la creación del T.E.M.A (Teatro Escuela Municipal de Albacete) a principios de los ochenta. Malonda lleva ahora más de treinta obras de teatro a sus espaldas, actualmente da clases de teatro en Madrid, en su propia escuela abierta hace siete años, Bululú 2120. Ha trabajado muchos años como profesor en la RESAD, Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid pero siempre entrando y saliendo, no más de cuatro años seguidos, la razón: “yo también quiero evolucionar, la interpretación es algo que evoluciona”, dice. Lleva cuarenta años compartiendo su vida con Yolanda Monreal, profesora y directora también de Bululú 2120. Curiosamente, coincide en lo dicho por Engracia y la directora del WOMAD: "las compañías alternativas tienen muchas dificultades, no tiene giras, no tienen entrada en ese circuito porque lo llevan los políticos y buscan algo que tenga renombre, que sea un éxito”. Engracia Cruz lo recuerda con cierta nostalgia, "Malonda lo que hizo muy bien fue mostrarnos una visión muy amplia del teatro, entre todo los títeres, trajeron un profesor italiano, Corrado Massaci, muy bueno (desde 1982 tiene su sede profesional en Ondárroa -Euskadi). En aquella primera época yo no estaba cómoda en el escenario. Malonda ya me lo dijo entonces, me veía mejor abajo que arriba. Siempre me he sentido mejor dirigiendo, soy muy crítica con los actores y conmigo la primera".

A la escenógrafa, una suerte de Alice in Wonderland en pleno siglo XXI,, se le escapa el inmediato futuro. Ha sacado a la calle la flauta de Hamelín y ya le siguen sus compadres habituales José Zafrilla, María Dolores Martínez, Beatriz Balibrea, el guitarrista ahora juglar Jorge Cubillana, como Jorge Zafrilla, otro filarmónico y la Plaza de Fátima en tropel, acompañando los sueños mágicos con un grupo de trompas, Alonso Quijano Quartet, al son de Trompa Cuentáme, un show callejero en el que se adaptan cuentos clásicos con música original de los propios músicos y como final de fiesta toda la troupe de La Bicicleta Azúl, con el maestro de ceremonias Anselmo Gómez y su increíble orquesta de corazones, dispuestos a conquistar la ciudad. Todos duendes y trasgos de Albacete. Como colofón final la gran esperanza blanca: Todo Paracuellos, guión adaptado del formidable libro gráfico de Carlos Giménez... (Mmm, Carlos aún no lo sabe...). "Compré hace poco el libro de Carlos Giménez, Todo Paracuellos y me gustaría montar una obra con ése tema. Elegir algunas historietas, buscar actores para interpretar algunos personajes y realizar algunas marionetas con otros, entre ellos el protagonista. Es una obra muy tierna. Tengo que hablar con Carlos".


El Brillo de los Días. Publicado en el diario La Verdad de Albacete. 16/11/2008