20.8.16

Medesky, Scofield, Martin y Wood de nuevo en estudio

Los discos del año 2014
Noviembre: Juice de MSM&W


El cuarteto se refresca con Juice, su nuevo disco



Ocurrió mucho en los sesenta. Artistazos de tronío jazzístico que habían manoseado los límites de la gloria en muchos casos rebasándola sobradamente se permitían de vez en cuando el acomodo de unas tardes de cerveza y divertimento en el estudio de grabación jugando con versiones conocidas del pop, del rock o de los clásicos europeos (Debussy, Satie, Chopin, Mozart, claro). El resultado era de un atractivo inmediato, como helado de frambuesa entre chocolate hirviendo y eso se tradujo rápidamente en ventas. Por ejemplo, Count Basie descubrió que grabando un disco con su orquesta canciones como Penny Lane ganaba más dinero en una jugada, una edición, que cualquiera de las lecciones magistrales que pudiera ofrecernos de vez en cuando con su combo de Kansas City.

Y Wes Montgomery, el guitarrista, que me sugirió estas reflexivas ligerezas, igual. A mí me acercó mucho más al jazz el álbum A day in the life del 67 (otra vez los Beatles) de Montgomery que cualquier otro que hubiera grabado el guitarrista anteriormente aunque se tratara, un suponer,  de ese manual de conservatorio que resultó ser While We´re Young, aquel doble del 61, donde ejercían magisterio Tommy Flanagan, Percy Heath, Hank Jones, Ron Carter, Barretto y otros. En A day in the life había unas cuantas canciones de serie B ('Angel', del propio Wes, 'Windy' de los californianos Association, 'The Joker', de Sergio Mendes) que aquellos días de adolescencia sesentina acuchillé lo suficiente en mi fragil pick-up hasta tener que volver a comprarme el disco otra vez (era lo que tenían aquellos chalados vinilos con sus locas agujas de microsurco).

Esa “promo” del gran Wes me llevó al banquete del 61 que antes contaba; como el Memphis Underground del 69 de Herbie Mann, con Larry Coryell interpretando éxitos de la soul music: aún lo pincho en los guateques; o como el Mellow Madness del 73, de Quincy Jones o muchos de los que lanzó el sello Impulse! en los sesenta con Lionel Hampton, Clark Terry, el propio Count Basie, Ben Webster y todo el ejercito de Asistencia Sanitaria a Corazones Salvados de la Vulgaridad. Ya tú sabes.

BAÑADOS EN MÖET
Cuento toda esta parábola para llegar a Juice, el nuevo disco de un singular cuarteto que comenzaron buscándose para una sidrina y acabaron bañados en Möet & Chandon: John Medesky,  Billy Martin, Chris Wood y, ahí estaba el detalle, John Scofield, guitarrista de jazz como tarjeta de visita y machaca de todo lo machacable en el funky-jazz más reconocible (Billy Cobham, George Duke, Herbie Hancock... Miles Davis). Sí, ya sé que no es muy original, pero aquí también se puede incluir la retórica de “Dios los crea y ellos...”, aunque también es cierto que sus primeros impulsos, los de la sidrina, estaban conectados al funk, género que entusiasmaba a cualquiera de los cuatro, especialmente al guitarrista. Para el trío, tocar junto a John Scofield quiero pensar que suponía haber llegado a lo mas alto de sus aspiraciones, o sea, haber traspasado la peligrosa vía de la experimentación y haber sobrevivido; haber salido indemnes y con nota.

“Respiremos”, dijo Billy Martin, “Jugemos más”, propuso Chris Wood, “Llamemos a Scofield” sentenció John Medesky. “No, les llamaré yo antes”, se adelantó John Scofield y nació A Go Go (1998), diez temazos del guitarrista de un genuino sabor a funkadelia que puso al trío como motos. “En adelante, ya nada será igual”, pensaron los tres.

Después de alguna otra experiencia conjunta francamente previsible aparece ahora Juice, un jugo de frutas tropicales con especial efluvio de cachaza, lima, azúcar y mojito caribeño, todo con mucho hielo y salpicado de continuos guiños al diccionario funk. No es latin-jazz, ni tampoco bossanova, pero son las dos cosas, el Caribe en Ipanema. Se resumiría el estilo general del disco en su tema inicial 'Sham Time', un viejo standard funk de Eddie Harris.

JARDÍN PARADISIACO
Nadie protagoniza nada, como ocurriera en anteriores aventuras pero todo huele a jardín paradisiaco. Natural: todos llevaron sus cuitas, sus creaciones, sus composiciones y todos quedaron de acuerdo en redoblar esfuerzos para arreglar tres glorias imperecederas, de esas que solicitas que se retuerzan entre tus restos inmolados: 'Light My Fire', de los Doors, 'Sunshine of Your Love', de Cream (dicen los quisquilosos que Jack Bruce no pudo resistir la emoción al oirlo)  y 'The Times They Are A-Changin'' del maestro Dylan, sin contar con el poderoso riff inicial de 'Louie Louie' en 'Juicy Lucy', un icono del popeo. Bueno, y de algún que otro detalle que destapa el apego de los músicos al buen gusto y el oficio de cada uno con su muñeco elegido.

Mmm... a mí me llama especialmente la atención el de Medesky con su B-3, sorpresivamente más contenido de lo habitual pero aún así atómico, sideral, magnífico. Tiene especial relevancia en su conjunto la versión del tema de los Cream, evidentemente muy disfrazado pero con la gracia especial del reggae clásico; vamos, que el inicio lo firmaron hace mucho UB40 en 'Madam Medusa'. A estas alturas ya te habrás percatado, querido lector, de que estamos ante un producto muy a mano, nada trascendente ni rimbombante pero ejecutado con una precisión relojera y un brillo espectacular en la sección ritmica: ¡Billy Martin y Chris Wood desinhibidos! Por no hablar de la naturalidad en teclados y guitarra de sus colegas mas afamados; bueno, perdón, el tratamiento “Wes” que le da John Scofield a la guitarra en 'I Know You' solo puede calificarse de sublime (lo mejor del álbum), a la altura de la intimidad expresada, como un guiño fraternal, una caricia, un arrumaco, ofrecido en la versión dylaniana de esos tiempos que van a cambiar.

Vaya, Juice es un disco para divertirse a la par que emocionarse. Lo incluyo desde ya en mi repertorio para el próximo party en que me pidan que pinche.



Publicado el Jueves, 31 de octubre de 2014 en Mas24, suplemento cultural del diario digital Asturias24