28.1.14

¡Cuidado con Ginger Baker!


Un monumental documento sobre la vida del batería más espectacular de la historia del rock

White Room by Cream on Grooveshark

- Padre, en realidad, en toda tu vida... ¿me has echado alguna vez de menos?
- No, nunca.

Esa respuesta, fría, tajante, demoledora, de Ginger Baker a su único hijo varón después de escarpados y esforzados intentos de búsqueda y celebrar el chaval su apasionado encuentro con el autor de sus días, define de una manera flagrante la personalidad abrupta y algo más que desagradable de quien se precia, y no va desencaminado, haber sido el mejor batería de rock.

Fuera de presunciones ególatras de Baker, yo siempre lo dije: “Cream ha sido la mejor banda de la historia del rock” (en efecto, desde que comenzaron a llamearme los colmillos en la música: ¡Lo tengo yo hablado con toda mi gente!). Aún con los años mantengo el proverbio: Si bien ahora lo hago tímidamente por aquello de los conocimientos y amplitud de referencias y, porqué no decirlo, la  mesura que otorga la puta madurez.
Pero, olvidemos prejuicios y arrumacos: Cream abrió el pastel. El blanco y el negro. El de aquel bombón -el blues- hasta entonces únicamente paladeado por los watusi. Según la historia del buen blues blanco, el que surgió en el Londres de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, Graham Bond Organization, Alexis Korner, Colosseum... Cream llegó a ser el compendio de todos ellos minimizado en un trío, un espectacular y arrollador trío que reunió al mejor bajista y cantante de la época, Jack Bruce, a un batería que parecía un mercancías bajando la cuesta de Chinchilla, Ginger Baker y a un guitarrista al que por entonces todos conocían  como Dios, “Eric Clapton is God”, decía el populacho (las pintadas en los muros de Londres también lo tenían hablado). Sirva como aval la anécdota sobre la primera pregunta que hizo Jimi Hendrix en el Café Wha? neoyorkino cuando le contrataron para instalarse en Londres: “¿Y podré conocer a Eric Clapton y a Cream?...”

Lo curioso de todos aquellos recuerdos de adolescencia es que cuando los españolitos nos quisimos dar cuenta Cream habían pasado a la historia. Más de uno que conozco, como me ocurrió a mi, nos quedamos alucinados con Cream ¡a través de su álbum de despedida!, Goodbye (1969). Fue lo primero que habíamos escuchado de ellos condensado en elepé; anteriormente sí, habíamos oído temas sueltos o en la radio... I feel free, el Crossroad, de Robert Johnson o el Spoonful, de Willie Dixon... la confabulación con su corta discografía oficial llegaría después (Fresh Cream, Disraeli Gears, Wheels of Fire...). Hablamos de una aventura de no más de 3 años (1966-1969) contando ensayos, conciertos y grabaciones. Fue suficiente.

Todo ello, la historia de Cream entre otras cosas, queda bien reflejado en el monumental documento que ha dirigido el periodista de Rollling Stone, Jay Bulger, Beware of Mr. Baker, sobre la vida y pasiónes de Ginger Baker, el batería de aquel tren humanitario. Si Cream y sus componentes representaban la gloria en un escenario, en un estudio de grabación o en la vida de andar por casa Ginger Baker lo hacía en los vertederos del espíritu. La película es una triste, hilarante, a veces tierna, también aterradora visita a los fondos del comportamiento humano. Baker, básicamente, es un peligro, un personaje tetrapolar, valga el calificativo como método de impedancia bioeléctrica para evaluar los mil vericuetos del cuerpo humano. Un jodido ególatra únicamente interesado en los próximos cinco minutos. Su enemistad y sus bofetones con Jack Bruce fueron proverbiales, así como sus innumerables y, a veces escacharrantes, reencuentros. Bulger, o Baker en sus momentos lúcidos o asequibles, cuentan esa historia vital a lo largo de sus etapas desde aquel frenético Londres de los sesenta (Graham Bond, Cream, Blind Faith, GB Air Force) a Los Ángeles, pasando por Nigeria (su encuentro con Felá Kuti es mayúsculo), Italia, Sudáfrica, y (mucho) más allá.


Su adicción a la heroína de varias décadas suposo un largo camino para hacer de él una persona non grata. Esa antojadiza personalidad es desgranada a lo largo del metraje por la gente que le trató de cerca, Jack Bruce y Eric Clapton, desde luego, además de sus cuatro mujeres, sus tres hijos y como personas autorizadas en los tambores las aportaciones técnicas de bateras históricos como Charlie Watts, Stewart Copeland (siempre pensé que el batería de Police le imitaba descaradamente), Lars Ulrich (Metallica), Carmine Appice (Vanilla Fudge y un montón de grupos mas) y hasta John Lydon, de soltero Rotten, que pienso lo que tú: ése habla porque pasaba por ahí y porque al estar todo el día en la barra del bar sólo le consuela provocar y molestar (gracias Kortatu por el guiño).

Beware of Mr. Baker en cualquier caso es una delicia porque Jay Bulger sabe llevar el documento a un terreno ameno, divertido y francamente trabajado. Trabajado hasta el punto de soportar esperas continúas, cuelgues de lineas telefónicas, plantones, sarcasmos groseros, burlas y hasta un garrotazo en la nariz (no descubro nada, la película empieza así) porque cuando ya tenía todo el metraje rodado, Baker le prohíbe al director americano, enérgicamente, que no saque a la luz toda su relación con los músicos y amigos ¿?. Bulger, lógicamente, se niega.
Muy bueno el título del film al hacerse eco el periodista del cartel que figura a la entrada de su última casa en Sudafrica: “Cuidado con Mr. Baker”. De los veinte perros que tiene ni hablamos.



Publicado el Viernes, 4 de abril de 2014 en Mas24, suplemento cultural del diario digital Asturias24