4.2.13

Murió el trompetista Donald Byrd


Artífice de la gran eclosión del funky-jazz a finales de los sesenta y de su hora feliz en los setenta, Byrd se desmarcó, como Miles Davis, del bop para llegar cuanto antes a los jóvenes, para saborear los nuevos sonidos electrónicos y disfrutarlos en conciertos y sesiones alejados de la ortodoxia y la exigencia. Académico, virtuoso y continuamente reinventado, de él provienen los primeros grandes encuentros con la música que suplicaban los nuevos hijos del soul. Donald supo lo que era tocar con John Coltrane o Thelonious Monk, para eso se había iniciado en los Messengers de Art Blakey, y le había dado un repaso significativo a las ventas de Blue Note, el sello de los sellos del jazz con Black Byrd, uno de esos discos que aún suenan como recientes: brillantes, esplendorosos. Su discografía es numerosa, su evocación siempre será la del mejor funk, su nombre hace tiempo que está en los libros del jazz más moderno. Ni siquiera hacía falta que se muriera.