27.11.12

Las elucubraciones del Maestro Prittwitz


¿Cómo escoger un instrumento musical?

Hay un momento en la vida que debes tomar una decisión: Cuando le tiras el cubata de la mesa al amigo de tu padre mientras babean con el video de Sade Adú, Paradise. El fragor del cristal, la barrida de los cubitos, el manotazo de tu padre a la mesa para detener la caída, el coro de carceleros gritando ¡yepaaa!... Paul Chambers no lo haría mejor. Ahí se escribe tu destino: serás percusionista; de la Nacional o de Los Mascamierdas de Hamburgo, pero serás cacharrero en un combo.

También puede ocurrir que tu enorme fantasía infantil, aún por explotar, asimile, compare, los escorzos gatunos de Michi hacia la parte superior del armario del salón con el chirriante sonido del violín de Jerry Goodman en Flock (Recuerdo que en el musical Pedro y el Lobo, el gato es representado con el mismo efecto de cuerda).

Todo es relativo. Todo es coincidente. Todo tiene su aquel y su este. Andreas Prittwitz, uno de los músicos más preclaros y heterogéneo que yo haya conocido tiene su propio código de explicación, incluso asesoramiento, para quienes andan aún, a estas alturas, indefinidos a la hora de hacer alguna sincopa. Como lo contó a través de Facebook lo transmito. A estas alturas no le voy a hacer ascos a quien ha tocado en varias sinfónicas y con el clarinete y el saxofón se ha lucido con José Antonio Ramos, Jorge Pardo, Horacio Icasto, Javier Krahe, Serrat, Sabina, Aute y la nada despreciable cifra de doce álbumes de New Age, la música del retiro y el esparcimiento.



Este es el curso avanzado para los indecisos: (cliquea sobre el cuadro para ampliarlo)


Así empezó todo: