23.7.10

Formentera Lady




Casas rociadas de jabelgue protegen la pálida línea de playa.
Rematadas por cactus y pinos.
Paseo por donde crecen dulces, salvias y extrañas hierbas
Por caminos pedregosos, desechos y chamuscados.

Jimi Hendrix en Sgt. Peppers

En semejante escenario, Formentera, una isla extraviada al sur de Ibiza, más propia en otros tiempos de aventureros y bucaneros, José Tur Cardona, un payés del lugar edificó su basílica en 1953: La Fonda Pepe. Dice algún oriundo lugareño, sobreviviente del 66, que en aquel modesto cuchitril velaron sus cuerpos, desplegaron alas, saciaron su sed, durante algún tiempo Bob Dylan, huyendo de un malaventurado accidente motociclista en Woodstock  (la periodista Julia Chaplin escribió para el New York Times en 2008 que Dylan habría vivido en un viejo molino de la isla) y el artista de la guitarra eléctrica Jimi Hendrix, al que le traía al pairo su suntuosa discoteca montada no lejos de la isla, en Palma de Mallorca, con sus colegas británicos de The Animals, Chas Chandler y Eric Burdon y dirigida por su propio manager, Mike Jeffreys. Un palacete sonoro abarrotado de pop-art al que llamaron Sgt. Peppers. La era Mod.

Pepe, el de la Fonda, nunca entabló una relación afectiva con sus ilustres visitantes. Ni les conocía, ni le importaba su procedencia, ni si aquellos tocaban la tuba o el ukelele. Ni qué decir tiene de su imaginario pedigrí. Es posible que nunca pudiera imaginarse que su modesta fonda hubiese sido en algún momento, para muchos, una morada de dioses. A Pepe, lo que realmente le interesaba era que su negocio tuviera clientes. Los escasos vecinos de Sant Ferran no estaban por la labor de que Pepe diera cobijo a aquellos peludos mal vestidos –els peluts, les llamaban- con pinta de espantajos. Les molestaban aquellas fiestas de luna llena en la placeta del pueblo, con vino y sus originarias hierbas aromáticas con regusto a anís que se organizaban frente a la fonda. Luego irían todos al islote de Espalmador a fumar marihuana, hacerle cuchufletas a la Guardia Civil por no atreverse a cruzar el charquillo de la marea en uniforme, y a bañarse en porretas. Un incordio, un desdén a las buenas formas. Pepe pronto buscó, y encontró, aliados: el Descanso y el Cantoni, otros lugares de expansión míticos en la pequeña isla.

En aquella época, los sesenta, un disco, una película, llevaban ya la marca indeleble de Formentera: More, el film debut del director francés Barbet Schroeder, con música de Pink Floyd; también hizo historia la foto del cartel de la película (la misma que fue portada del soundtrack): la del Molí den Mateu, en Sant Francesc, elevado en 1773. El viejo molino continúa en su lugar, el pedregal que lo protege también, como el ambiente desolador que caracterizó siempre aquella zona del extrarradio de Sant Francesc: un soletón de justicia y un escandaloso silencio de deserción.


Ruedas caídas polvorientas, oxidándose al sol;
Paredes color rapé y lagartijas españolas.
Una higuera dragoniana me refresca y da su sombra
Rodeado de hormigas reflexiono sobre el hombre.


More, la película, aborda el tema de las drogas y el sexo tal como sucedía en aquella época, razón por la que sufrió de recortes y censura en varios países. Es considerada por algunos especialistas como una película de culto en parte por la banda sonora compuesta por Pink Floyd exclusivamente para el filme, un tostón escuchado ahora junto a aquel molino, ratificando aquella idea de que, a veces, el tiempo suele tratar mal la mítica. No así al disco Houses of the Holy, el Led Zeppelín del 73, siempre un gran disco. Su portada era casi la misma del molino de Schroeder, pero sin molino y con los pedruscos. Era Punta de Pedrera, la reserva natural con rocas dentadas flanqueando los acantilados que convirtió otra puesta de sol en una visión surrealista que se asemejaba a un paisaje lunar. Las nenas, niñas, que salen en la imagen de ése disco imitando el movimiento de las sargantanas, las lagartijas de las pitiusas, eran las hijas de un buen cliente de Pepe el de la Fonda: Pat Ringel, un exquisito arquitecto americano de la época. A Jimmi Page también se le veía de vez en cuando por ahí. La era Hippy.

Sacaré mis viejas cuerdas cuando el sol se ponga
No subiré a ningún monte mientras brille el sol.
Cántame tu canción, Señora de Formentera
Señora de Formentera, dulce amante.


Blue Bar hoy
A Pepe, que ya murió, le fue muy bien el negocio con els peluts. La fonda era/es lugar de peregrinación de todos los que habían visto la película More y escuchado los discos de Pink Floyd, Led Zeppelín y, sobre todo, el Islands de King Crimson, donde aparecía la canción Formentera Lady. Mas tarde, aquellas romerías llegaron hasta el Blue Bar, en Mitjorn, una de las playas que miran al sur: Argelia. El bar era de la familia de María, otra joven payesa que entró en aquel inusitado guión, aunque el negocio lo controlaba su pareja, Paco, más ducho en eso de darle al ambiente mundano y a otras veleidades. Un día, Paco le encargó a María que le trajera unas viandas de Marruecos emboscadas en sálvese la parte y a la chica la pillaron en la aduana. Ninguno de los dos resistió la tremenda presión de la justicia. Ahora, el Blue Bar, alquilado (María sigue siendo la dueña, de Paco no hay noticias), luce esplendoroso entre higueras, pinarros y savinas, con ambient music, un billar (ya no hay futbolín, Valen), tortillas paisanas con pimientos, salchichas y alguna portada de Pink Floyd en sus azuladas paredes. Una de las mejores puestas de la isla.

Brilla la luz de la lámpara en las guitarras de viajeros
Bailan niños de incienso al son de un tambor indio.
Aquí hechizó a Odisea la morena y cruel Circe.
Su perfume permanece y aún seduce.

Julian Tur, hijo de Pepe, recorre los alrededores de la fonda en busca de cascos de cerveza y algún perdido vaso cubatero. Julian, me cuenta la matraca que le metía cada noche una chavala alemana, hasta las cejas de alcohol, asegurando que era cantante de un grupo de rock. No sabía cómo quitársela de encima hasta que vio, en un viaje a Berlín, un disco de Nina Hagen en un escaparate y comprendió que era verdad lo que decía aquella, para él, espantaja. Julian, al contrario que su padre, si ha llegado a conocer algunos ilustres que pasaron por la fonda: Pau Riba en sus años del Dioptría, el fotógrafo Alberto García Alix (ha expuesto obra este verano en Sant Francesc), Marc Tara, Chris Rea, Dickie el escultor, Eric…, me lo cuenta como si yo tuviera la obligación o costumbre de conocerles. Formentera hoy, tiene otros puntos de atención incorporados: Es Cap de Barbaria, por ejemplo, donde Julio Medem realizó parte de su película –siempre el cine- Lucía y el Sexo (2001): La enfilada hacia el cabo es una continúa peregrinación de vehículos. Todos quieren estar allí, todos quieren ver la cueva que traspasa las entrañas de la tierra y te lanza hacia el acantilado. Todos quieren ver lo que embaucó a Paz Vega, a Nawja Nimri. Sin embargo, para muchos nostálgicos, Formentera también tiene su papel en uno de los mejores discos de la historia del rock: Islands (1971), donde el tiempo y la mítica se confunden y sólo quedan las palabras del poeta de King Crimson, Pete Sindfield y la voz de Boz Burrell, entonando aquellos textos que Robert Fripp supo enjugar sabiamente como el ilustrado alquimista de la música que siempre fue:

No me alcanzará la mano gris del tiempo en el ocaso
Seguiré atado y cerrado mientras brillen las estrellas.
Cántame tu canción, Señora de Formentera
Señora de Formentera, morena amante.

Ambiente actual de la Fonda Pepe
Es Cap de Barbaria
Molí den Mateu hoy

Interior de la cueva del cabo


Fotos actuales: JAF

9.7.10

Cabaret Ibérico, un espectáculo que consolida las mejores esencias del pasado





BIGAS LUNA REINVENTA EL CABARET

"Señoras y señores, bienvenidos a El Plata", anuncia ahora Carlos Blanco, el veterano e impecable presentador del viejo cabaret aragonés. "Les recuerdo -sigue anunciando- que ahora se puede comer y beber, y mirar por el agujero para ver lo que se cocina", un agujero en mitad del telón y ante el que se forma una civilizada cola. Bigas Luna, director artístico del local, conoce bien la condición humana y estimula el voyeur que todos llevamos dentro. Trescientas cincuenta personas cubren por completo el aforo del local. Despedidas de solteras, de solteros y celebraciones de bodas. Los móviles disparan sus flashes, los camareros se mueven con agilidad y la megafonía anuncia los cuatro pases de espectáculos que hay en la tarde-noche del viernes, más la sesión de discoteca hasta las tres de la madrugada. Se apagan las luces y la potente voz de Carlos Blanco comienza el pasodoble jota: "Soy de Aragón, la de los claros torrentes, con sus hembras sonrientes y sus mozos como el roble, orgullosos y valientes... Soy de Aragón, el crisol de la raza de España es mi pasión, como el fuego que quema mi entraña, no hay ocasión que a mi patria bendita no alabe, soy de Aragón...". El Plata abre sus puertas así a un mundo onírico, el que te transporta a una existencia que siempre ha estado a la vuelta de la esquina. En realidad, se trata de mantener la esencia, el buqué del viejo cabaret, pero en trámite de evolución. Esta es la fórmula que están utilizando Joaquina Laguna y Bigas Luna, propietaria y director artístico del Plata, para que la sala sea un éxito. Como hace décadas, las tres sesiones de los espectáculos, que incluyen shows picantes y estriptís se mantienen, pero ya preparan nuevos espectáculos y actividades infantiles y gastronómicas. E incluso en los próximos días inaugurarán una guardería para perros.

No sorprende nada de esta proposición viniendo de Bigas Luna, un personaje que aspira siempre a la leyenda: en el cine ya descubrió a la pareja de moda, Penélope Cruz y Javier Bardem cuando eran sólo aspirantes a actores, a Ariadna Gil o Jordi Mollá y ha sido premiado en Venecia y Cataluña por su labor como director y guionista; sus exposiciones han girado siempre en torno al sobresalto, como sus trabajos en el video-arte: una verdadera conmoción. Se empeña Bigas Luna, constantemente, en quemar etapas, en avanzar y crear, cuando en realidad, sus grandes pasiones siempre están al alcance de cualquier mano: La huerta, los animales, la tierra, el país.

"Si quieres ser feliz una hora,
emborráchate.
Si quieres ser felíz un día,
mata un cerdo.
Si quieres ser felíz unas semanas,
haz un viaje.
Si quieres ser felíz unos meses,
búscate una pareja.
Y si quieres ser felíz toda tu vida,
cuida de tu huerto". (Bigas Luna)

 El Plata es un café cantante con espectáculos de cabaret de Zaragoza, situado en la calle Cuatro de Agosto, 23, en la popular zona conocida como El Tubo. Fue fundado en 1920, con el nombre de «La Conga», en la época de moda de los tangos y en el que trabajaban 40 señoritas para atender a los parroquianos. El coste era de veinticinco céntimos la pieza, de los cuales quince céntimos eran para ellas y diez para la casa. El Plata se convirtió en un local social de referencia de la ciudad, pero aun así fue cerrado por la dictadura de Miguel Primo de Rivera, aunque reabierto de nuevo a los pocos meses. Al comienzo de los años 40 cambió de nombre a «El Plata» y comenzó a funcionar con el formato de café-cantante, con gran éxito de público y tres funciones diarias. La primera, denominada sandungueramente como «la de la boina», daba comienzo a las dos y media de la tarde. Lo «de la boina» va referido al público de la provincia, que no quería perderse la ocasión de ver lo que le enseñaban después de adquirir el último apero o de haber acudido al médico. Disponía la sesión de tarde de una clientela fluctuante y fija. La sesión de noche era la más «musijolera» de las tres. Empezaba a las diez y media y el ambiente era alegre y variopinto porque así lo «fabricaban» las artistas actuantes, algunas de las cuales permanecían en cartel durante larguísimas temporadas, como es el caso de «la reina de la casa», Mari de Lis. Por este minúsculo escenario con cuatro músicos detrás, desfilaron Encarnita Montoya, Luchi Pardo, Isabelita Conde, Luisita Teruel, Mayte, ...Y las hermanas Siboney y Esparza. Y las Castillo. Y «el negro Tonson»… La lista sería inacabable.
   
Pero el 3 de mayo de 1992 se cerró El Plata. Se inició entonces un proyecto de reforma y ampliación que se prolongó durante dieciséis años, hasta que, el 12 de junio del 2008, coincidiendo con la Exposición Internacional de Zaragoza de ese año, se reabrió. Desde ese día, en dos, tres o cuatro funciones diarias sale a escena el CABARET IBÉRICO de BIGAS LUNA, convirtiendo a EL PLATA en el cabaret más antiguo de Europa.

Para el director, al cabaret le precede una tradición muy afrancesada o alemana o de sátira política. "Pensé que sería un buen concepto inventarse el cabaret ibérico". En ese contexto, hay jotas, cierta ternura, ironía, desinhibición y desenfado. También mujeres desnudándose encima de la barra, estripers masculinos jugando con su falda escocesa, un robusto señor disfrazado de Pantoja y entregadas vedettes cantando La chica del 17, el mismo pegadizo cuplé con el que siguen levantando a la platea. "Hay muchas mesas de mujeres. Ese es el principal cambio con el viejo Plata", comenta encantado Bigas.

 El CABARET IBÉRICO cuenta con 20 personas en escena

- Cabaret Ibérico (Bigas Luna). Teatro de la Paz.
9, 10, 11 y 12 de septiembre.