22.6.10

Los Discos de la Vida. 40 Aniversario



Cuarenta años no es tiempo, ni obstáculo

Ni rémora. No es nada. Hablamos, por ejemplo, de 1970 y es como hablar del Pleistoceno, la era del hombre, porque los seres humanos evolucionaron en éste periodo. Como ocurría en aquella década, los setenta, cuando un adolescente de provincias devoraba todo lo que le caía en las manos en 12 pulgadas de vinilo envueltas en bolsita de papel transparente y cubiertas con una esplendida funda cuadrada de diseño. Un disco. Un álbum. Un elepé. Un tesoro valorado en no más de 250 pesetas. La mayoría de las veces con una exhaustiva información interior: textos, fotos, créditos, dedicatorias, guiños, arte envainado..., sueños tangibles.

Cuarenta años después, exactamente, aquellas reliquias siguen reclutadas en sus estanterías, alfabéticamente uniformadas , como milicias a la espera de revisión casi diaria, una por una; en algunos casos hasta ofreciéndose voluntarias para el despegue. Cuarenta años no es tiempo porque ése tesoro es hoy pura adrenalina cotidiana. Como ayer. Como cuando llegaron a su feliz destino.

Van Morrison. Moondance

Qué gran disco. Y qué confirmación la del otro Morrison, el irlandés. El que nos había puesto, de chiquillos, los pantalones largos con el grupoThem y nos había descubierto los mejores tesoros guardados del blues y la black music. El de Gloria, o el Don´t look back de John Lee Hooker. El enano pelirrojo con peinado imposible y el ceño fruncido. Y, ya después sobre todo, el del maravilloso Astral Weeks, ése disco con el que todos hacíamos peña simulando que sabíamos de música. La verdad es que fue con el Astral cuando confirmamos a Van Morrison, cuando nos descubrió que detrás de un cantante de grupo de blues había un excelente creativo con una sensibilidad extraordinaria. Cuando escuchamos Moondance pensamos que se había cambiado al jazz, pero aquello era uno solo de los mil registros que el tipo guardaba en la chistera. También estaba Brand New Day, ¡por dios!, Into the Mystic, Crazy Love... Van Morrison no hacía nada mas que iniciar su leyenda haciendo lo mismo que Cecil B. De Mille con sus películas: empezarlas con un terremoto


George Harrison. All Things Must Past.

El caso es que Harrison me gustaba mucho entonces. Entre el lío Mc Cartney-Lennon, éste beatle que había pasado de tapadillo en los fab-four había hecho ya canciones memorables que no vamos a descubrir ahora –a mi siempre me habían gustado cosas como Long, long long o Piggies-. Así que recibí el triple álbum con la misma ilusión que había escuchado aquel –hoy un pastiche- Wonderwall –un álbum suyo, pirata, editado en tiempos beatle que mi hermano me pasó en su momento,1968-. El triple está producido conjuntamente con Phil Spector, que en la época estaba de moda por haber hecho unos años antes virguerías con la música negra. Muchas canciones, todas buenas, aún hoy, y apariciones estelares de todos los que rodeaban el mundo beatle y no habían tomado partido en la pelea de John y Paul: Bob Dylan, por ejemplo, que firma con George un tema y presta su It not for you para el ya ex – beatle. Eric Clapton y la Crema, el mismo Eric con sus Dominos…, ya sabes, tiempos de Layla…, Billy Preston, Delaney & Bonnie y todos sus musicos, Phil Collins. En fin, un desparrame para mayor gloria de Harrison. Entre los temas mas significativos: My Sweet Lord, What is Life, Beware of Darkness o aquella burla a Mc Cartney llamada Wha Wha. Hace poco se ha reeditado en colores –la portada original de la caja era en blanco y negro- y a mi, que quieren, me parece una irreverencia a un trabajo que, en su momento, resultó francamente oportuno y completo.


Crosby, Stills, Nash, & Young. Déjà Vu.

A veces (si alguien levanta un dedo diciendo que es una afirmación estúpida, lo admitiré con reservas), uno se dejaba llevar por las portadas de los vinilos a la hora de comprar un disco en los sesenta. Yo lo hice con Axis bold as love, de Jimi Hendrix y con el primero de Vanilla Fudge y me salieron bien las dos jugadas. Con Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band, de Los Beatles se justificaba la seducción. Cuando vi la carátula del segundo álbum de CSN&Y (diseño de Gary Burden), me quedé sorprendido. Muy, diríamos finamente, gratamente sorprendido. Aquello era un retrato del XIX, con todas las herramientas color sepia que podían adornar cualquier exposición de la época. Pero no, eran mis ya ídolos de Los Byrds, Buffalo Springfield y mis adorados Hollies británicos. Acostumbrado a los devaneos de las estrellas de Traffic, Cream, la Experience de Hendrix y hasta los mismos Beatles, no imaginé que Crosby, Stills y Nash, repitieran otra maravilla como la del primer álbum. Además, con la inclusión de aquel canadiense de los Springfield con pinta de indio navajo llamado Neil Young: por dios, que redescubrimiento entonces. Déjà Vu es una obra de arte. Éste disco es una obra de arte, desde el primer hasta el último concepto. La voces, las guitarras, los otros músicos de acompañamiento, las canciones de cada uno, y la de Joni Mitchell, Woodstock…, con la que empezaba el rodaje de la película del Festival de Festivales, me dejaron marcado para el resto de mis días. El Carry On, de Stills y la suite Country Girl de Young, son apocalípticas. Deja Vu está cerca de la perfección y me ha acompañado, proporcionadamente, desde entonces en cualquiera de mis estados anímicos. Ahora cumple cuarenta años. Oyéndolo, yo sigo en los diecinueve. Exactamente, en los diecinueve.

Santana. Abraxas
Una vez más se cumplía la vieja ley de las portadas. A ésta tampoco me pude resistir, aunque la música del grupo ya había creado un espectacular precedente con Jingo, Soul Sacrifice y Evil ways en su álbum de estreno. Además, ya había escuchado la banda sonora del festival de Woodstock y disfrutado de la contundencia de Soul Sacrifice en aquel triple elepé (la película la veríamos unos años después en los cines Duplex, de arte y ensayo de Madrid –Musidora Films- y, efectivamente, ése tema, ésa escena, es salvaje, con aquel punto original de la doble imagen). Sólo el comienzo de Abraxas, Singing winds, crying beasts, del percusionista Mike Carabello, ponía los pelos como escarpias: pura sabana africana, con sus tormentas tropicales, el fantástico piano eléctrico de Greg Rolie y aquel combo de ensueño en las percusiones: Carabello, Michael Shrieve, el propio Carlos Santana, David Brown y José Chepito Áreas, un payo-ponnie caribeño que se las pelaba imitando a los grandes: Tito Puente (Oye como va) y Chano Pozo (El Nicoya). Luego llegaba Carlos Santana en Samba Pa Ti y se apagaban las luces. Estoy convencido de que éste disco nos puso a muchos las pilas en los siguientes años en lo referente a la música latina, hasta entonces protagonizada por las orquestas de Pérez Prado y Al Romero.

Black Sabath. Paranoid

Realmente a los Sabath empecé a tenerlos en cuenta en Sabath Bloody Sabath, unos años después. Para la época que hablamos, 1970, colado como yo estaba por Jethro Tull, la única referencia que tenía de ellos era que Mick Abrahams, guitarra de los Tull, había abandonado la banda y Ian Anderson, líder y cantante de la banda de Aqualung, buscaba guitarrista. La oferta se la habían hecho a Tom Iommi, de los Sabath. Suficiente para buscarles y escucharles. En eso, llegó Paranoid. Yo ya tenía mis propias referencias duras,Led Zeppelin, o los Purple, más canallas, pero no tan selectos como el grupo de Jimmy Page. Efectivamente el guitarrista, Iommi, era soberbio y el cantante, Ozzy Osbourne, llegaba donde otros, Paul Rodgers de Free, no se atrevían. Lo que era un hecho es que las formas del rock andaban buscando camorra: Viet-Nam, la fulgurante depresión económica que llegaba y las inacabadas suites de algunos músicos gloriosos reclamaban otros códigos de comportamiento en los escenarios. El año, sí, 1970, fue pródigo en estos encuentros. Ozzy cantaba Iron Man como un poseso y Bill Ward machacaba los tambores como no había oído a nadie desde Ginger Baker y Bon Boham. Lo de Tom Iommi era una verdadera sinfonía a la altura de los mas grandes. El riff de Paranoid lo sigo escuchando aún cuando me quiero poner estupendo.

John Lennon/Plastic Ono Band

John Lennon envalentonado es como Maradona ganando un Mundial. En 1970 el ya ex-beatle disfrutaba de la libertad que le había otorgado la desaparición del cuarteto británico. Yo había disfrutado suficientemente ya con aquel álbum azul de 1969 Live peace in Toronto (vaya discazo) y algúna otra joyita que había grabado anteriormente con Yoko Ono (Give peace a chance y esas cosas). Lennon corría desesperadamente a unirse a la estela del mejor Dylan escuchado y, furioso por el tiempo perdido en Let it be, quiso incorporarse cuanto antes a la canción de autor, de autor de rock and roll, puro y duro. En éste álbum, Plastic Ono Band, no estaba Eric Clapton, pero sí sus íntimos Klaus Voorman y Ringo Starr (Alan White también tocó tambores); naturalmente Yoko, excitada por hacer de mala de aquella película de beatlemaniacos llorones que se había montado en el entorno de los de Liverpool. Lennon es autor en la desgarradora Mother, un sencillo absolutamente confesional; en Hold on y Working Class Hero, en God, temas donde ya no es beatle, es Lennon en estado de gracia y cabreado. Por allí andaba también Billy Preston y Phil Spector (Love), sacando las pistolas. Comenzaba una nueva era sin Beatles y todo apuntaba bien. Lennon 1 Mcaka 0.

Credence Clearwater Revival. Cosmos Factory

No es de mis preferidos de CCR. Me gustan más el Bayou Country o Green River, pero es el siguiente a ellos. Lo escuché por primera vez en el Club Recreativo Cultural de la calle del Rosario. Yo andaba loco con los dos anteriores mencionados y rápidamente lo incorporé a los discos que debía pinchar en la discoteca Milán 71, calle Carcelén, aquella noche. No era para menos, en su interior figuraban unos cuantos latigazos que sacaban al personal automáticamente a la pista: Who'll Stop the Rain, Lookin' Out My Back Door, Up Around the Bend y una versión rockera del mítico I Heard It Through the Grapevine de Norman Whitfield que cantaron como nunca nadie lo ha hecho Smokey Robinson &The Miracles.

Derek and The Dominos. Layla and other assorted love songs

Eric Clapton en plena paranoia ácida. Endiosado y enamorado de la mujer de su mejor amigo, George Harrison. Layla está dedicado a ella, la modelo Patty Boyd. Un tema conmovedor, con uno de los riffs más escuchados en la historia del rock. El álbum es doble, una muestra del poderío que se gastaba Mano Lenta en aquella época, recién acabadas sus excursiones con Cream, Blind Faith y Delanie & Bonnie. Está acompañado en algunas canciones por Bobby Whitlock, otro inseparable; el bajista que le sería fiel hasta su muerte, Carl Radle y el batería Jim Gordon. A mi me impresionó la participación subliminal, ciertamente simbólica, que tiene el guitarrista Duane Allman. Aquellos días acababa de descubrir a The Allman Brothers y se me juntaron demasiadas emociones en un sólo álbum, aunque fuera doble. Por cierto, Clapton acabaría casándose con Patty en 1979, para separarse definitivamente en 1985.

The Doors. Morrison Hotel

El primer disco que compré de los Doors fue un single: Touch me (1969) en Electrodomésticos Cebrian. La economía no daba para más. Aquella canción la soltaba en cuanto se descuidaba el personal para dármelas de moderno. El cantante era un personaje extraño, violento y poeta a la vez. Cuando apareció Morrison Hotel ya estaba rendido a ellos, a él. Con el tema Indian Summer me parecía entrar en otras sensaciones, un tratamiento más exquisito, más culto, de la música que hasta entonces me había gustado. Luego llegaría Riders on the Storm y más sorpresas (su propia muerte). El disco se divide en dos partes: Hard Rock Café, la cara A y Morrison Hotel, la cara B. Roadhouse Blues está en la primera y me pareció espeluznante. John B. Sebastian, de Lovin´ Spoonful, era el que tocaba la armónica como si fuera la última ocasión de hacerlo. Jim Morrison está soberbio, como siempre. El tipo ya andaba tocado por todos: amenazas de carcel por obscenidad, algún que otro analgésico y cierto desequilibrio emocional. Un bombón para las nuevas turbaciones. 


Miles Davis. Bitches Brew

En éste disco hay un tema de Miles Davis llamado Spanish Key que encontré, entonces, en un recopilatorio editado por CBS titulado Rock 71 (Rock Buster en la edición americana). Una de esas selecciones que las discográficas editaban para inflar aún más un éxito conocido y que solían transportar alguna basurilla que otra. No era el caso de Rock 71, como no lo fue del espléndido Llena tu cabeza de rock o, sobre todo, el anterior The Rock Machine Turns You On, uno de mis discos de cabecera. Gracias a estas recopilaciones, pudimos conocer a un buen número de bandas que de no haber sido incluidas en ellas difícilmente habríamos conocido en su momento: Moby Grape, Spirit, The Zombies, The Electric Flag, Flock, Black Widow, Skin Alley, Steamhammer...  El trabajo consistía en conseguir los originales de cada uno. 
Aquel tema de Miles sonaba diferente al resto. Estaba en otra galaxia; en una onda absolutamente vanguardista; fue una mirada al frente, arrastrando todo el jazz que traía en su macuto y restregándoselo  a los rockeros con aquella pócima electrónica que no acababan de entender ni ellos, ni los propios aficionados al jazz, quienes renegaban de él acusándole de traidor a los principios ortodoxos del género. Bitches Brew es hoy una obra de arte por todo lo que significó: Un acercamiento zalamero y respetuoso a la gran estrella del momento: Jimi Hendrix, que por aquel entonces ya se había cansado de la Experience. "Toca la guitarra como si no supieras cómo tocarla", le dijo Miles a John McLaughlin, su guitarrista, a falta de Hendrix. Embocó una sordina electrónica en su trompeta y la banda (Wayne Shorter, Chick Corea, Joe Zawinul, Ron Carter, David Holland, etc.,)  hizo el resto: un fantástico viaje a lo desconocido. Otra historia fue la utilización que hice de un fragmento de aquella portada galáctica: La utilicé para el anagrama de una discoteca albaceteña. Al final los dueños eligieron otro trabajo más terrenal.


Stephen Stills. Stephen Stills

El de la jirafa, decíamos entonces con plena admiración. No era para menos, a Stills, en aquel año, ya se le conocía suficientemente por todo lo que había hecho con Buffalo Springfield (era la estrella), cuyos discos eran dificilísimos de obtener. Pero sobre todo por que ya había salido un año antes el primer álbum de Crosby, Stills & Nash, que resultó ser una verdadera maravilla. Del muestrario suyo en Buffalo Springfield nos quedaba For What is Worth, todo un himno generacional o Rock and Roll Woman y de aquellos incipientes magos de la armonía vocal, algunos detalles suyos como la Suite Judy Blue Eyes, Wooden Ships o You don´t have to cry. En "el disco de la jirafa", su primer álbum en solitario, se rodeó de estrellas e ideas. Llamó a Jimi Hendrix, a Eric Clapton, Cass Elliot -Mama Cass-, Rita Coolidge, Graham Nash, David Crosby, claro y una sección de secundarios que acabarían siendo estrellas después. Las canciones eran pura macedonia frutal: country, rock, jazz, latin... El disco hizo justicia al hombre del momento entonces, el más reclamado por los compañeros, el más exitoso. California my friend.

15.6.10

Fallece el músico albaceteño Cristóbal Martínez




La maldición de Moon

Otro nuevo mazazo para la comunidad musical albaceteña. Igualmente incomprensible e insoportable que los desgarrones vividos recientemente con Toño Atiénzar o aquel otro infierno que tocó sufrir en una época determinada con Alberto Cano, Manolo Carrión o Ferni Gil. Menciono a los que conocía particularmente y es normal que no lo haga -pido disculpas- con quienes se escapen de mi memoria personal. Ojalá y sea uno o ninguno. El turno, fatalmente, es ahora con Cristóbal, Cristóbal Martínez-Heretic o Martínez-Carpe Diem, a quien recuerdo como batería de éste grupo a la también edad de 15 años, como, lo pienso, cuando conocí a Toño Atiénzar. La perplejidad es la misma: jóvenes llenos de vida que nos roba el tiempo. Incomprensiblemente. Injustamente. Pero se los lleva. A Cristóbal sólo le conocí de segundas o terceras, es decir, por mera coincidencia eventual, pero me consta la herida que ha debido causar a toda la tropa de músicos locales y nacionales. Un tipo que participó también en bandas como Cirujano Escocés o Hermano Lobo, además de colaborar con infinidad de grupos, apoyando en labores de transporte, producción, abastecimiento (mientras escribo me viene a la cabeza Lázaro -Albéniz- con su pena arrastrada y se me parte el alma) no tiene que pasar desapercibido. Cristóbal era conocido en toda España por haber trabajado como backliner y road manager de bandas como Chucho, Centinela, Rollers, M-Clan, El Sueño de Morfeo, Los Galván, y un largo etcétera. O sea, uno de los nuestros. Otra maldita necrológica que se lleva parte de un capital impagable, el de los imprescindibles, el de los que siempre andan por ahí en esto del musiqueo.


En los últimos meses, Albacete se resiente de la pérdida de dos formidables baterías. Vale, es una coincidencia, pero es absolutamente cierto que ambos formaban parte de toda una alta escuela del rock. La de Cristobál asentada en un futuro más que prometedor: actualmente trabajaba en labores de promoción y edición de nuevos grupos en el proyecto El Manicomio Records, junto a los miembros de El Canto del Loco. Cristóbal era excesivamente joven, lo que convierte su desaparición en un insulto a la creación y el destino y a Keith Moon en un condenado apóstol de las maldiciones.

(foto: Cristóbal sonorizando a Los Galvan. Cedida por Molusco Records)

8.6.10

El debut en solitario de Carlos Sánchez, reconvertido en Honky Tonky

Un honky tonk es un bar de la america profunda especializado en alcoholes duros y clientela currante y sudada. Si le añades busconas se convierte en un burdel. Los Rolling Stones dispararon el término a finales de los sesenta en Honky Tonk Woman y todos supimos desde entonces que aquellos lugares no eran de cinco estrellas. A menudo estaba ambientado con un pianista (de ahí el término Tonk, una marca de pianos)  y era entonces cuando la cosa se disparaba. En España hemos tenido, aún queda alguna, las tabernas, pero no había pianista, todo lo más un guitarrista que rasgaba el jondo a golpe de Sol y Sombra. Carlos Sánchez (Ex Mercromina. Ex Gonzo. Ex Usera) ha querido rebautizarse como Honky Tonky Sánchez porque le cuadra el mote ambiental. Es un músico de Sol y Sombra, de aguardiente serrano, de bourbon, de confidencias. Ahora se come todo su currículo y saca la montera en una suerte de brindis al rock and roll. Acaba de nacer Esta tierra hostil, su bautizo como maestro de ceremonias. Una voz. Una vida. Una tormenta. Su idea. Once canciones. Un disco. Una banda construida a golpes de martillo y clavos. Sucia. Cruda. Bastarda. Arreglos oscuros. Sutiles a veces. A veces hermosos. Otros directos, nunca complacientes, incluso violentos. Certeros como balazos.
Porque hace treinta años que recuerda a Pablo Borell. Por devolverle algo. Porque el mundo, dice,  está roto.


7.6.10

Bleda y Rosa, la historia continúa

De nuevo, dentro de la Fundación Telefónica, los albaceteños María Bleda y José María Rosa vuelven a Madrid. Estos días (hasta el 25 de julio) están en el Real Jardín Botánico dentro de la gran muestra PhotoEspaña2010.
Otra forma de verles es visitando estas direcciones: http://www.fundacion.telefonica.com/at/colfotografia/paginas/a06.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Bleda_y_Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Rosa
http://juanangelfernandez.blogspot.com/2009/03/bleda-y-rosa-la-mirada-del-observador.html

3.6.10

Capítulo II. El Choni tiene un jazz






EL TESORO DE LODARES

II. EL CHONI TIENE UN JAZZ


Leopoldo Martinez Jr. tenía una reputación de seriedad y responsabilidad que encandilaba en aquellos primeros suspiros de la "decada revoltosa", la de los sesenta. Vestía siempre correctamente, para eso tenía un cotizado sastre de padre y no solía nunca levantar la voz. De esas personas que hablan con los labios juntos para no sorprender ni llamar la atención, lo que entonces podía interpretarse como signo de arrogancia... o de una extremada timidez. Tanto tiempo pegado al canto del piano paterno le había otorgado una elegancia y sobriedad naturales. Nunca le gustaron los ruidos ni las disonancias, pero escuchaba a Enrique Guzman desgañitarse con Los Teen Tops en "Confidente de Secundaria", a Chico Valento en "Despeinada" o a Mike Rios en "El Rock de la Cárcel". Era joven, guapo y con futuro: Renato Carosone,ídolo de aquellos años, era viejo, feo y estaba en su recta final. A Leopoldo no debió motivarle demasiado el repertorio de la Orquesta Jabelc, la exageración con que su padre preparaba los números a interpretar en los ensayos de la sastrería, las partituras, las entradas y salidas de viento e incluso la misma puesta en escena. Elvis Presley, Chuck Berry, Jerry L. Lewis y Gene Vincent llevaban ya unos años dando guerra con el rock and roll y además las guitarras eléctricas de Scooty Moore (Elvis), The Crickets (Buddy Holly) y Los Telstar, Ventures o Shadows, comenzaban a protagonizar tiempos premonitorios que estallarían desde Liverpool. La cosa no estaba como para perder mucho tiempo. Antes de que de nuevo volviera a "sentar la cabeza" recogiendo la misma orquesta de su padre, Leopoldo fundó las antípodas del pop albaceteño, un grupo de inquietos y jovenes radioyentes del "Discomanía" del chileno Raúl Matas a los que llamó Los Bohemios.

Los Bohemios: Paco Molina, Eugenio Martínez, Antonio Cuesta y Leopoldo Martínez Jr.
Tocaban en pequeños festivales que organizaba el SEU, único sindicato estudiantil existente, de clara orientación derechista. Su instrumental constaba de guitarras españolas con pastilla y una batería de 2000 pesetas. que Don Abelardo Cuesta le compró a su hijo Antonio. Lo del piano de Leopoldo era lo más problemático, porque el SEU no tenía piano ni falta que le hacía y en alguna ocasión si querían tocar con el preciado instrumento, que querían, había que buscarlo por todos los rincones de la ciudad.

"En uno de aquellos recitales conseguimos que la firma Coca-Cola nos proporcionara el instrumental a cambio de que les grabásemos un spot de publicidad -recuerda Leopoldo-  Yo mismo compuse la letra y música de aquel anuncio que interpretamos a tres voces. Lo peor fué lo del piano: encontramos uno de los grandes, acústico claro, y tuvimos que llevarlo Antonio Veciana y yo a los locales del SEU en un remolque por toda la ciudad" (Leopoldo Martinez jr.).

Antonio Veciana fué uno de Los Bohemios y aunque no le daba mal a la guitarra se hizo famoso en media España, por ocurrírsele, y conseguirlo, dar la vuelta al mundo en Vespa. Paco Molina, hijo de familia acomodada, era el otro guitarrista y el que recibió la ingrata misión de emular a Enrique Guzman y Adriano Celentano. Eugenio Martinez también tocaba la guitarra en aquella primitiva banda pop. Era hijo de un director de banco y tuvo un final aciago: murió al poco tiempo de cáncer.

"Fúmaba mucho", sentencia ahora Antonio Cuesta.

Lo cierto es que la muerte de Eugenio tuvo que influir en Paco Molina, su íntimo amigo, para que dejara las insinuaciones músicales, según cuenta Miguel Nuñez. Leopoldo Martinez tampoco se tomó aquello demasiado en serio, pese a tener toda la responsabilidad del grupo por ser el único que poseía los conocimientos músicales indispensables para asumir los riesgos del directo. Los Bohemios, como tantos otros, fueron flor de un dia, distracción pasajera de jóvenes entusiastas y apasionados de la música que pregonaban por aquellas fechas a través de la radio los pioneros Pepe Palau, Ángel Álvarez, Arribas Castro, Pepe Antequera o el mismo Raúl Matas :

La canción más dulce,
la que llega al alma,
y la que llena de alegría,
llegará hasta vuestros corazones,
la llevará Discomanía...

Los Bohemios, como tantos otros, sin saberlo, también fueron carne de SEU.

Como, posiblemente, Los Luckys, a los que personalmente recuerdo como los primeros que ví en escena con guitarras eléctricas, baterías y desternillándose mientras cantaban "La Plaga".

Fué en el Hostal París, al comienzo del paseo de la Cuba, sobre el 63. El público iba encopetado porque era una fiesta que daba Radio Juventud. Tomás Campos, el locutor, nos había pedido a Los Dinámicos Boys que dejáramos nuestras rencillas de chiquillos y aunque fuera sin toda la orquesta del maestro Leopoldo, interpretáramos algo de los Blue Diamonds o de Mimo y Los Jumps. Aquella noche me quedé boquiabierto con Los Luckys, viendo tamaña demostración de modernidad o de estar al día, que venía a ser lo mismo.

- "Jimmy Lomas también andaría por allí", asesora Miguel Nuñez.

- "Y Casimiro Ortega, cantando rancheras con traje y sombrero al uso", recuerdo de pronto.

El instigador de Los Luckys fue un sobrino de Antonio Cordón, el de la Orquesta Jabelc; su nombre de pila era Pepe, pero todos le llamaban Choni; desde hace 20 años vive en Caracas. Al Choni, que no tenía ni idea de tocar instrumento alguno, lo que le gustaba eran las baterías; le llamaba la atención tanto tambor junto y cada uno de su padre y de su madre, y los platillos, unos más grandes que otros, y tocarlos con los pies. Era una gozada y no debía ser muy dificil aprender, al fin y al cabo todo consistía en saber llevar el ritmo y eso no se le daba mal. Paco Molina, antes del disgusto de su amigo Eugenio, también tocó en Los Luckys. Paco bordaba a Los Teen Tops, Los Llopis y un joven grupo madrileño que se llamaban Los Estudiantes (posteriormente Brincos y Pekenikes). Miguel Nuñez era el alma del conjunto. Su escuela musical se había fraguado en plenos andenes del Instituto del Parque (hoy Bachiller Sahuco)  cuando con Joaquín Escrivá, Joaquín Barceló y otros, en pleno PREU, cantaban "See you later,alligator" versión Los Llopis. Mientras todo el curso los rodeaba coreando, capleando, Escrivá y Miguel Nuñez entraban en extasis (Let`s the good times roll).

Quiero una chica de Marte que sea sinsera,
que no se pinte, ni fume, ni sepa siquiera lo que es rock´n roll,
Marcianita, blanca o negra,
espigada, pequeña, gordita, delgada,
serás, mi amor,
la distancia nos acerca
y en el año 70 felices seremos los dos

Cantando "Marcianita", del argentino Billy Cafaro, a Los Luckys les dieron un premio en Radio Juventud.

Los Luckys cambiaron las pastillas trasnochadas de sus guitarras españolas por auténticas "Teddys" americanas, lo más barato del catálogo de Guillermo Lluquet, de Valencia. Un catálogo que Miguel Núñez y Jimmy Lomas se sabían de memoria. Aquellas guitarras les costaron 1.900 a cada uno. El viaje se completó con un amplificador "Juvesonic" de 8 watios al cual enchufarían las dos guitarras cuando poco después fundaron Los Remos.

Entre Luckys y Remos, Miguel Nuñez y Jimmy Lomas se presentaron un dia, cada uno con su "Teddy", en el cine Carretas cantando "La Paloma": el "Juvesonic", al borde del colapso, la distorsión y los gritos de vieja "squaw" de Jimmy hicieron el resto.Una actuación espeluznante y desde luego "distinta".

- "Aquellas "Teddy" sonaban bien en verano  porque se secaba el mástil, pero en invierno había que meterles un puente adicional hecho de chapa porque las cuerdas quedaban demasiado separadas del mástil, que además se doblaba y no había forma de manejarlo. Yo he visto a gente sangrarle los dedos después de una de aquellas actuaciones", te cuenta ahora Jimmy Lomas, mientras saborea un Martini desde su chalet con piscina y Caribe en Puerto Rico.

Jimmy Lomas en el Teatro Circo. Le vigila un amplificador Juvesonic

Jose Luis Lomas Faerna nació en Villarrobledo y pasó su infancia en Cuenca donde recibió su primer regalo músical, una guitarra, y llegó a Albacete con diez años y ocho acordes aprendidos. Por su naturaleza inquieta y creativa no dejaba de meterse en lios donde hubiera música por medio, donde alguien supiese tararear remotamente algún tema de moda, Billy Cafaro, Paul Anka o el mismo Dúo Dinámico podían servir. Acudía regularmente a las emisoras de radio locales (Radio Juventud o Radio Popular) los domingos por la mañana, donde estaban programadas aquellas matinales infantiles en las que estaban destacando sobre los demás chiquillos presentados Casimiro Ortega, Los Dinámicos Boys y Las Dos Palomas. Su estatura, mayor que la de los demás muchachos, y su madurez le impedían entrar, aunque él siempre lo intentara, en alguno de estos números, hasta que Radio Popular le abrió sus micrófonos junto a dos amigos que había reclutado, Pepe el Choni y Luis Picazo Diaz.

Según recuerda Jimmy, "fue un intento de hacer tres voces, francamente deficiciente; con aquellos ocho acordes que me sabía montábamos las canciones que queríamos interpretar, aunque, claro, aquellas canciones de la época tampoco tenían demasiadas dificultades".

El trio no cuajó y, rapidamente, ya lanzado, se dedicó a buscar gente que tuviera al menos un instrumento músical. En aquella carrera contra reloj lo de menos era que supiesen tocar, a Jimmy lo que le importaba era presentarse en un escenario con algo que llamara la atención.

Julio Arbugel, por ejemplo, tenía una batería de su tio en cuyo bombo habían pintado una gitana. Con la condición de que no borraran la gitana del bombo, a Julito le dejaron la batería. Alfonso, Foncho para los amigos, tenía una "compañola", una especie de melódica, como la que tocaban los famosos intérpretes de "La Yenka", Johnny & Charlie, que en algún momento lúcido podía sonar como un teclado, y Foncho tenía agallas para lograrlo. Miguel Nuñez había estado en Los Luckys y ya tenía su "Teddy", como Jimmy, y para cantar nadie mejor que Emilio Raya, al que se le daba divinamente el twist. Habían nacido Los Remos.

- "Un dia que teníamos que tocar en Radio Popular solo nos presentamos Julio Arbugel y yo, teniendo que acompañar por indicaciones de los guionistas del programa, a todos los intérpretes en aquello que hacían parecido a "Salto a la Fama". Fue caótico porque recuerdo que al final el pobre Julio, que era mas bien bajito, rodó por los suelos con bateria, bombo con gitana incluido. Todo un show". Son recuerdos de Jimmy Lomas.

Con aquella formación Los Remos acudían a fiestas o clubes privados como el Club Recreativo Cultural, en la calle del Rosario. No cobraban un duro, es más, les costaba el dinero del taxi que debía cargar con todo el instrumental. Se compraron unos chalecos de fieltro verde y unos pantalones negros y, en cierto modo, consiguieron lo que Jimmy había buscado con tanto ahínco: tener un conjunto músico vocal.

En plena borrachera de recuerdos, Lomas afina su puntería hacia sus primeras apariciones públicas: "antes de comprarnos las "Teddy" actúamos una vez en La Caseta de los Jardinillos, templo sagrado de todo el que aspiraba a algo en Albacete. Aquella actuación terminó como el rosario de la aurora, porque nos quedamos al final sin cuerdas en las guitarras de pastilla. Tuvimos que pedirle unas maracas a Los Cinco Latinos, que actuaban allí esa noche con Marcos Redondo. Le echamos valor, sin duda. Al menos mis padres quedaron muy contentos con aquella actuación".

Valor, ilusión, ganas de hacer algo diferente, ése era el denominador común de aquél grupo de gente joven que luchaba, a veces, contra la incomprensión no sólo de padres y tutores sino de sus propios compañeros de clase y juegos. No estaba bien visto por parte de los colegas de turno que un chiquillo se subiera a un escenario vestido de amarillo y blanco y contorsionara su cintura a ritmo de madison. "Ése es mariquita", decían los mas brutos. "Está bien", te comentaban condescendientes, sin estar absolutamente convencidos, los más íntimos. Personalmente, yo lo sufrí en los Dinámicos Boys sólo que en la balanza de opiniones y sensaciones ganaba siempre la inmensa satisfacción del fastuoso y mágico encuentro con el escenario. Eso lo compensaba todo. Y además estaban algunos padres, cuya infancia había sido terrible y para nada querían que sus hijos siguieran en la peligrosa espiral a la que inexcusablemente nos dirigía el inmovilismo franquista.

Los Dinámico Boys con la Orquesta del Maestro Leopoldo en el Teatro Circo

Naturalmente que yo era ajeno a todo esto cuando, por probar aquella sensación lejana y distinta del escenario, me aparté moméntaneamente de mi instinto natural, que era el fútbol, como también lo era de los demás chavales de mi edad, y me dirigí sin pensármelo dos veces al estrado de Radio Juventud con mi compañero de clase Angel Luis González a cantar "lo bailan los muchachos y la gente mayor, porque es el nuevo ritmo que ha nacido del rock...". Paco Ballesteros, primero, y desde luego Tomás Campos, después, con Carmen Perete y Josefina Roncero de maravillosas locutoras incondicionales, hicieron el resto. Un año de Dinámicos Boys inolvidable. Radio Popular, Teatro Circo (compartiendo en una ocasión cartel con Angel Alcaraz "Angelete", luego "El Pajero", muerto trágicamente en la Plaza de Toros de Torrepacheco), Productor B, Hostal París...y la orquesta del maestro Leopoldo, con Leopoldo Martinez el sastre, al piano, detrás. Creo sinceramente que el maestro Leopoldo nos adoraba, porque perdía demasiado tiempo con nosotros, tratando de acoplar las voces, corrigiendo los mil defectos que necesariamente debíamos tener. Eramos demásiado jóvenes (diez años) y teníamos ilusión y sentido del ritmo, un caramelo para él.

Nuestro repertorio estaba salpicado de las canciones de entonces, (yo ya tenía mi top-ten particular): "Diana" de Paul Anka y todo lo que oliera al canadiense, Los Teen Tops, el Dúo Dinámico, el Dúo Juvent`s y, sobre todo, el repertorio completo de los Blue Diamonds. Al principio, a capella y como Ángel Luis cantaba mejor que yo, a mí me correspondió la divertida labor de los du-ru-ás, la-la-lás y presentar las canciones con la gracia que podía tener un crio de diez años que no había tenido ningún problema en la vida y que aquello no era precisamente lo que mas le cortara.

"Que feliz es", decía siempre mi abuela.

La OJE premia a Los Dinámicos Boys. Testigos: los locutores Tomás Campos y Josefina Roncero

Cuando, en el Teatro Circo, ganamos el I Festival de la Canción Infantil patrocinado por la recién nacida Caja de Ahorros de Albacete, en el apartado de conjuntos, no quisimos volver a la capella porque la experiencia con el maestro Leopoldo había sido determinante. No era lo mismo. En nuestras sucesivas comparecencias comenzaron a acompañarnos Casimiro Ortega y su guitarra, de oro para nosotros, Jimmy Lomas, mas limitado de recursos, y en las ocasiones especiales el propio maestro Leopoldo con algún miembro de su orquesta (recuerdo con especial cariño al batería, Tobi, sentado en sus dos sillines perpetuos: el de su magnífica Premier y el de la Vespa que paseó durante tantos años por nuestras calles).

Un dia que teníamos que cantar en Radio Juventud, mi compañero Angel Luis me comentó que, de las cuatro canciones que íbamos a interpretar, quería cantar él dos en solitario. Así se lo habían aconsejado parte de sus cuatro hermanos, argumentando razones obvias de técnica músical. Ángel Luis cantó sus dos canciones, pero los Dinámicos Boys no volverían a hacerlo hasta algunos meses después, a requerimiento personal del mismo Tomás Campos, en una fiesta de la propia emisora, Radio Juventud. Ese fue el dia que descubrí, viendo a Los Luckys, que quedaba mucho camino por andar en la década y que precisamente los dúos no iban a ser el mejor vehículo.

Pepe Robles formó, poco después de Los Luckys y Los Remos, a Los Anélidos.

- "Eso es como si te juntas con unos cuantos amigos, os sabéis dos canciones y decís de ir al festival del SEU a estirar el cuello", recuerda ahora cruelmente, con el paso de los años que todo lo borran, Adrián Navarro.

Lo cierto es que la llama estaba prendida y Pepe Robles no quería que le contaran luego historias. Desde la tuna, con Agustín Alajarín, el panadero, y Paco Martín, Alberola o Luis el Muecas, ya venía avisando con probaturas del tipo "Ready Teddy" de Los Estudiantes en los ensayos caseros de la época. Pepe Robles era conocido entre los avanzados de entonces por poseer uno de los instrumentos más exóticos que jamás se hayan visto en Albacete: "la asadora".

- "La"asadora" -recuerda Miguel Núñez- era una guitarra que tenía dos pastillas, una de la "Teddy" y otra de una "Hoffner". Aquello sonaba mejor que la Fender Stratocaster. La fabricámos nosotros. El mástil también era de la "Teddy", pero el cuerpo pertenecía a uno de los múltiples diseños que el padre de Pepe Robles, que tenía una fábrica de puños de navajas, había abandonado a la chatarra. Era un engendro. Recuerdo a Joan Miró, de los Lone Star, quedarse flipado con ella ".

Morgan, otro extraordinario especímen de aquellos años,  tenía una "Telecaster" y presumía de ella, "pero cuando Pepe Robles me dejó la "asadora" me pasé todo el verano tocando con el bicho aquel, sonaba distinta y su estética era espectácular".

- "La primera guitarra eléctrica que yo toqué en mi vida -cuenta Luis Sánchez, el Lobo- fue aquí, en Albacete. Era una cosa muy rara que se había fabricado Pepe Robles y su gente. Le llamábamos "la asadora", aún no me explico cómo sonaba aquello tan bien".

Lo cierto es que, con la "asadora" como estrella, Los Anélidos constituyeron el relevo rápido de Luckys y Remos. Miguel Nuñez, Emilio Raya, Antonio Fernández, batería que luego sería de los famosos Star`s, y Pepe Robles serían su núcleo principal, con la aportación inéstimable de Pepe el Choni, al que tenían que dejarle de vez en cuando tocar su batería de 5.000 pesetas, porque los ensayos se realizaban en el Capitol y él era el hijo del dueño.

- "En aquellos sótanos había una humedad impresionante y, cuando te descuidabas, las guitarras te lanzaban auténticas descargas eléctricas", asegura Pepe Robles.

Los temas eran los de siempre, se basaban en el corrido de Re de "Si tuviera un martillo", de Trini López. Nadie enseñaba acordes, nadie podía copiarlos al escucharlos muchas veces porque te tenías que pasar todo el tiempo sintonizando la radio. No había tocadiscos ni, por supuesto, magnetófonos. Pero todo ello no impidió que, uno tras otro, fueran apareciendo grupos, muchos de ellos de duración efímera, como Los Anélidos.

Soñaba que vivía en el ático de un rascacielos,
yo estaba tan contento entre nubes sin casi ver el suelo,
desde allí yo le hablaba a la luna, al sol y a las estrellas,
y veía los pájaros pasando en infinitas vueltas.
Y digo, ¡eh!, ¡tú!, te puedes marchar,
porque yo quiero solo estar, aquí en mi nube.
(GET OFF OF MY CLOUD. Rolling Stones, versión Lone Star. 1965)

La radio ya comenzaba a lanzar sus listas de exito y llegaban noticias de Inglaterra respecto a un montón de chavales que, con aspecto aféminado y vestimentas desordenadas, estaban revolucionando el mundo de la música. Máximino Crespo, un droguero ilusionado con el show business, comenzó a reclutar gente joven para sus espectáculos en el Teatro Circo, porque el Productor B, el de arriba, era patrimonio del SEU. El cine Astoria también se prestó a los conciertos de Maxi Crespo.

En una de aquellas extrañas mezcolanzas de Crespo, en el Astoria, tocarían Los Anélidos con un casi improvisado intérprete llamado Juan Rosa, conocido posteriormente como El Rana. Aquel dia, su primer dia, su debut, El Rana cantó "El Ritmo de la Lluvia" de Silvye Vartan, y se quedó con todos.

Otro dia, en el Productor B, el de arriba, tocaron Los Anélidos y unos desnocidos Radars:

- " Aquella gente (Los Radars) no tenía equipo y nosotros teníamos nuestra batería, la del Choni, y nuestro amplificador "Juvesonic" de 8 watios. Nos lo pidieron y se lo dejamos, pero los cabritos que habían ido a todos nuestros ensayos, tocaron todo nuestro repertorio. Como nosotros íbamos después nos quedamos sin saber bien qué hacer. Al final sonaron las mismas cuatro canciones que ellos habían tocado, incluso "Boys", de Los Beatles, que era nuestro tesoro por ser lo primero que habíamos pillado de aquellos melenudos ingleses. Creo que nos salió mejor a nosotros porque la tocamos con nuestras guitarras eléctricas y ellos iban aún con pastillas en sus guitarras españolas", explica Pepe Robles.

Habían nacido Los Trasgos. Por la puerta de servicio, sin instrumental, casi a pelo, pero aquél dia, 19 de marzo de 1965, debutó uno de los grupos que marcó aquella década músical en Albacete.

Los Radars debutan en el S.E.U. Pronto serían Los Trasgos

- "Recuerdo un dia oir a Raúl Matas por la radio presentar a cuatro chicos ingleses. Me quedé mirando el sintonizador boquiabierto. Era el "Twist and Shout". No sé qué sentí con aquello que veía que no me podía tener derecho, me retorcía de gusto y puro alucine. A los pocos dias estrenaron "Que noche la de aquel dia" en el cine Capitol y no salí de allí, como muchos otros, hasta que no la retiraron del cartel".  Juan Rosa, el Rana, prosigue con los ojos perdidos: "Aquella música, aquellas imágenes, cambiaron mi vida. Cuando una tarde me vino mi primo Pepe Vergara y me dijo que El Choni se había comprado un jazz (así le llamaban entonces a la batería los no iniciados), ví claro mis futuros quince años" (Juan Rosa el Rana).

2.6.10

Capitulo I. La Orquesta del Maestro Leopoldo




EL TESORO DE LODARES


I. LA ORQUESTA DEL MAESTRO LEOPOLDO

El Ideal rezumaba a traje de chaleco y Bobadilla 103. zarzaparillas y tabacazo. En el Ideal tocaba la orquesta del Maestro Leopoldo (Leopoldo Martinez el sastre) en el año 43. Un bandón. Diez músicos en escena a tutiplén. Foxtrots y alguna coplilla conocida. Le llamaban la Orquesta Jabelc y, de vez en cuando, utilizaba a una vocalista atrevida.

"A continuación la bella señorita que lleva por nombre Lolita Caballero interpretará la conocida melodía..."

Lolita Caballero un día se subió al carro del cantaor andaluz Juanito Valderrama y, cuando la volvieron a ver, ya se llamaba Dolores Abril y te miraba por encima del hombro, escupiéndote todo el resquemor acumulado durante tantos años de envidia y abstinencia en la calle Herreros.

No fue la única. Pilarín Arcos también cantó en el Ideal con la Orquesta Jabelc; era aragonesa y a decir de los entendidos lo hacía estupendamente. El Ideal estaba entonces donde ahora unas maquinas automáticas engullen sueños a los incautos, puerta con puerta del otrora glorioso Teatro Circo. Antes, la Orquesta Jabelc había presentado ya en Albacete, en la sala Capitol, a Angelita Campos, hija de un teniente de aviación, que había causado sensación por ser la primera vocalista femenina que se vio en la ciudad. La chiquilla interpretaba el foxtrot de maravilla. Dolores Artigao también lo hacía bien, pero se casó y, por lo visto, el marido no quiso que siguiera con la cosa del espectáculo.

Días de radio y verbena, de señoritas y galanes, de bigotitos y pañuelos en la pechera. Días de bailes en pleno Altozano, serenatas a la luz de la luna, como escribiera con éxito el ya entonces popular en todo el mundo Glenn Miller. Las madres enviaban a sus hijos a coger sitio horas antes del baile. Un tablao de madera picada sostenía en la misma puerta del Capitol a la Orquesta Jabelc y el maestro Leopoldo, Leopoldo Martinez el sastre, indicaba con presteza desde su piano las piezas que tenían que sonar, que no eran otras que las que se oían por la radio, no había otra cosa.

El pianista y director de orquesta Leopoldo Martínez en su época dorada

Estás que arrebatas, preciosa
estás de lo más retrechera,
estás tan bonita y graciosa
que luces airosa tu sal postinera.
Estás tan soberbia y airosa
que luces mimosa tu gracia chispera.
Cuando me miras, morena,
de adentro, del alma, un grito ,e escapa
para decirte muy fuerte...
¡guapa!, ¡guapa! y ¡guapa!
(TRES VECES GUAPA. Maestro Laredo)

La famosa orquesta Jabelc en el Parque de los Martires

La orquesta Jabelc  se llamaba así porque sus letras eran las iniciales de los miembros fundadores: Gallardo el violinista, Antonio Cordón y Jerónimo a los saxofones, Nieto al contrabajo, Requena a la batería, Podio y el Magras de trompetas y Leopoldo Martínez al piano. Me lo cuenta Antonio Cordón y, por más que lo intento, no damos con esas iniciales que debían responder a sus nombres de pila o vaya usted a saber a qué apodos. Los años cobran su tributo. Al poco tiempo entró Benito Ruiz Pérez y era tan bueno que sustituyó a los dos trompetas originales.

En aquella década de los cuarenta la guitarra era un instrumento extraño a las orquestas, decían que las tocaban los negros en America cuando te querían contar alguna desgracia, pero en Albacete a Martin Carretero no le iba nada mal con su taxi y además aún no había hecho la mili cuando se enroló en la Jabelc. Mas que tocar la guitarra la limpiaba. Era blanca, de caja grande, de esas que hay que tocar sentado. Ojos claros, escondidos en gafas de funcionario, su extremada pulcritud ejecutando llegó a llamar la atención de Franz Joham, el de la sonrisa dentrífica, cuando con sus vieneses se tomaba un respiro en una función del Teatro Circo. Carretero tocaba con la Jabelc en el Ideal. De ahí se lo llevaron Arthur Kaps y su troupe, incluidos la perrita Marilyn y Gustavo Re. Cuando Albacete lo recuperó fué sólo a través de la televisión, muchos años después, acompañando siempre a la orquesta del maestro Ibarbia, por ejemplo, en aquella de...

Voy, como un alma en pena tu recuerdo a buscar
a esa playa morena donde te iba a esperar.
Sufro tu silencio, que aún no sé si es ruindad,
y ellos con sus murmullos calman mi soledad.
No, no estoy solo; conmigo están la noche y el mar
mudos testigos que oyeron que me querías jurar.
Me hace el rumor de las olas otra noche recordar
en que yo amaba de veras y tú fingias amar.
(MUDOS TESTIGOS. Ganadora del Festival de Benidorm 1960. Arturo Millán)

O aquella otra, mucho más polémica...

Enamorada, mmmh
con los labios en flor encendidos como una granada...
estás enamorada
(ENAMORADA. Santy. 1960)

Pero"En los sitios buenos y elegantes siempre había dos orquestas", como dice Antonio Cordón.

La Orquesta Espinosa era la otra. Aparecieron algo después que la Jabelc. Espinosa, el maestro, era un pianista muy bueno y tenía un hijo que era extraordinario tocando música americana. Una filigrana. Era tan bueno que un dia acabó dirigiendo una sinfónica que tocó en Albacete y que la tarde anterior se había quedado prendado del chaval en un ensayo. Desde luego acabó dirigiendo la orquesta de su padre y entre otros músicos de renonmbre contó con la voz de una jovencisima Pilar Lorengar que de alguna forma tuvo que empezar su impresionante carrera artistica. Claro que también José de Aguilar llegó a cantar con la Orquesta Jabelc, un poco antes de hacerle el himno al Real Madrid ( "de las glorias deportivas..." ) y de bordar literalmente su gran exito "Torito bravo". Cuando comenzó en la orquesta apenas tenía 17 años y estos le convencieron para que se presentara a un concurso de Radio Madrid que dirigía Bobby Deglané. Aguilar lo ganó, se hizo famoso y ya no volvió a su tierra sino para comerse unos churros en el chiringuito de los Villodre, en el paseo de la Feria, ahora café Bwana.

Allí, junto a los Jardinillos, tocaban las dos orquestas, siempre alternándose, nunca al mismo tiempo. No existían ni el palacio ferial ni la Caseta de los Jardinillos. En el quiosco que daba a la esplanada tocaba la Orquesta Espinosa, en el centro de la misma, subidos en un andamio, la Orquesta Jabelc. Los músicos se llevaban francamente bien, pero los pianistas no se podían ni ver de la rivalidad que existía entre los dos. En aquellos tiempos de Pedrés y Montero hubo quién llegó a las manos por demostrar sus preferencias músicales.

Años, los 50`, de Carosone, introductor real de la guitarra eléctrica en España, años de Lorenzo Gonzalez, Damirón y su Ritmo, Al Caiola, Perez Prado, Aldomero Romero, fuentes en las que bebian una y otra vez Leopoldo Martinez y el maestro Espinosa a través de las partituras que recibían de los mismos creadores bajo el compromiso de que después de cada actuación incluyeran sus nombres en la hoja de autores que oportunamente les pasaba la Sociedad con el último soplo de trombón. Así se llevarían unas perrillas los menos afortunados que aquellos. Otra argucia que utilizaron los respectivos directores fue la de suscribirse a colecciones que se editaban entonces, donde se incluían todos los temas de moda. Se daba el caso que a veces tocaban melodías jamas escuchadas por los propios músicos que las interpretaban.

La Orquesta Jabelc de 1941. De izquierda a derecha: Antonio Tortosa, Pepe Martínez, el Magras, Pepe Podio, Jerónimo García, Leopoldo Martínez, Julio Arbugel, el bello Gallardo, Antonio Cordón y Jesús Requena

Cristobal Martinez también fue batería de la Jabelc, y Pedraza el Nene, y Miguel Robles Robles "Tobi". Antonio Tortosa fue el trombonista y un murciano que se llamaba Puchol que acabó tocando en la banda municipal. Y el Chiqui. El último contrabajista fue Juanito López que sostendría el pesado instrumento durante muchos años, aunque Juanito también fuera un especialista en el violín y durante una época en el trombón de varas. A Juanito lo que realmente le gustaba era el jazz, pero aquello era un exotismo no permitido hasta entonces en Albacete. Juanito vería pasar frente a su tez aviruelada algunas generaciones de músicos, incluso dentro de la misma Orquesta Jabelc. Hubo compañeros que le llegaron a llamar "Señor López".

En los tiempos en los que el bello Gallardo tocó en la Jabelc la orquesta aprovechaba los huecos de la verja que había entre los Jardinillos y el paseo de la Feria para tocar siempre mirando al público. Lo único que tenían que hacer era girarse. Ahora tocamos para ustedes "El Manisero", ahora para ustedes otros "La Cumparsita" y estallaba el baile. Gallardo, el violinista, tenía exito entre las mozas, la flor de cada baile se embelesaba con sus trajes impecables, su mirada arrebatadora y esa sonrisa que sabia utilizar como nadie. Era un guaperas, con éxito, porque además de estar en la gran orquesta Jabelc trabajaba en un banco y en aquellos años cuarenta, años de racionamientos y privaciones, trabajar en un banco suponía tener un pasaporte para el futuro. Pero el trabajo de la banca nunca ha satisfecho a los artistas y terminó dejándolo todo: la Jabelc, los manguitos y las señoritas de Albacete. Con una orquestilla catalana recorrió medio mundo, dicen que hasta estuvo en Egypto. Al bello Gallardo le sustituyó un violinista llamado Turpin, hombre ducho en la fotografía y un poco caricato. Un excelente animador, pero no era guapo como Gallardo.

Cuando los sueldos estaban a 7 pesetas el jornal, la Orquesta Jabelc ya ganaba 20 por sesión y repartía su repertorio en los batiburrillos que se montaban en el Ideal, primero, y mas tarde en la sala Capitol, y de vez en cuando en la cafetería del Hotel Central, en plena calle Ancha. Allí también solía tocar la Orquesta Espinosa. La amplificación del sonido consistía en un micrófono adelantado para el crooner de turno y punto. Pero es que no necesitaban más porque la gente escuchaba con atención y el único motivo de despiste podía ser algún desmangado provocativo, el de Mari Luz Portero, por ejemplo, que un dia apareció en un baile en pantalones.

Tu tienes
una carita deliciosa,
y tienes
una figura celestial,
tu tienes
una sonrisa contagiosa,
pero tu pelo...
es un desastre universal.
(Despeinada.versión Francisco Heredero)

Hace muchos años que Antonio Cordón colgó su saxo alto y ahora se le ilumina el alma, se le enciende la cara, cuando recuerda la aventura de la Jabelc o su propia llegada a esta ciudad, desde Peñarroya Pueblonuevo, provincia de Córdoba, donde nació. Tiene la certeza de que hizo lo que tenía que hacer cuando un trompetista llamado Jose Maria Barco, de un orquesta madrileña, le ofreció un puesto en la misma.

- "Estás perdiendo el tiempo aquí", le dijo.
Cordón se había casado recientemente y además se había colocado en el Instituto Nacional de Previsión (un seguro para toda la vida y blá,blá...)
- "Eso se arregla con un traslado", insistió el trompetista.
Lo del traslado era negociable, pero cómo se dejaba Cordón a su reciente esposa en Albacete. Te lo dice y entre conformista y resignado añade, mientras rebusca en el neón que nos alumbra

"Al final me quedé para siempre".

Ahora pasea sus recuerdos cada mañana por el parque Lineal, desde sus inicios en la banda municipal de Albacete con un asturiano como director, Martín Varela, que acabó en la municipal madrileña, hasta su concisa participación en la Orquesta Mogambo, donde conocería a aquel acordeonista buenisimo llamado Tomás Rubio, que era de El Herrumblar, o al guitarrista Antonio López, pasando por aquellos vertiginosos años de la Orquesta Jabelc, la de los ensayos en la sastrería del maestro Leopoldo Martínez.

- "A mi siempre me han gustado los negros tocando. Tienen una gracia especial, llevan el ritmo en el cuerpo.".

La Orquesta Jabelc fue, como se ha dicho, toda una institución. En los años sesenta Leopoldo Martinez Jr. heredó el piano de su padre y la misma dirección del combo. A los catorce años yá había tocado con ellos alguna pieza en el Casino Primitivo, último reducto habitúal de la vieja banda. Comenzó colándose en los ensayos de la sastrería, calle Concepción, hasta hacerse con el control absoluto. Para entonces prácticamente había habido que recomponerla salvando únicamente de la jubilación al formidable contrabajista Juanito López. Desapareció de los afiches el nombre de "Orquesta", ya trasnochado y poco acorde con los tiempos que se avecinaban y quedaron en llamarse Los Jabelc, mas adecuado a lo que se estaba cociendo en el país. Leopoldo llamó a Antonio Cuesta, hijo del popular e inolvidable profesor de dibujo de medio Albacete, Don Abelardo, para tocar la batería; a un detallista (regentaba una tienda de ultramarinos) ilustrado en la guitarra como Vitorino, caja grande método Carretero y a su propio hermano Jóse Luis, tan pulcro en el micrófono como su padre y su hermano con el piano.

La nueva orquesta Jabelc de los sesenta: José Luis Martínez, Juanito López, Leopoldo Martínez Jr., Antonio Cuesta y Vitorino

A los nuevos Jabelc les llovían los contratos en los sitios finos. El Casino Primitivo, por ejemplo, que desde hacía algún tiempo destacaba por sus magníficas chocolatadas en Feria o navidad. La explicación era sencilla: Los Jabelc calcaban las canciones de moda, vestían corréctisimamente y en nigún caso arrastraban las melodías hacia derroteros modernistas, como ya empezaba a ocurrir con algún peludo visto en los periódicos. Jóse Luis Martinez, cantaba "Bella Durmiente" bajo el esquema clásico del vocalista aseado:

Bella Durmiente,
desde que te ví,
yo me he quedado,
prendado de tí...

Y mientras las chicas "pullover" suspiraban, las madres de las chicas "pullover" que estaban ahí, a la que saltara, suspiraban igualmente por aquel muchacho tan guapo y tan fino que bién pudiera llegar a ser su nuevo yerno.

La Caseta de los Jardinillos, inaugurada en aquellos vaporosos años, solía presentar a estrellas conocidas de la radio y la televisión, el Capitol, la sala de fiestas del Gran Hotel, con un pasillo infernal hasta los camerinos, el Estamento, en pleno Altozano, comenzaron a ser los escenarios habituales de los bailes y verbenas de la villa. Allí, Los Jabelc repetían ímpecablemente su conocida retahila: "La Yenka", "Baby Night" o "La Cebra Puá" de Torquato y Los Cuatro, y cuando Jóse Luis debía descansar su voz atacaban por The Shadows, un grupo británico instrumental que en aquella época llenaría de influencias a todos los jovenes músicos nacionales.

En la coquetona terraza de verano del Casino Primitivo un dia vieron a los catalanes Marina y los River Golden, eran extraordinarios. A Leopoldo Martinez Jr. aún no se le ha olvidado aquella imagen:

- "Estábamos a mil leguas del resto de España".

1.6.10

El Tesoro de Lodares. 30 años de pop albaceteño. El Libro





A Lola, a Mónica y Eduardo,
la mejor banda que jamás haya visto en directo


A mis tíos Miles y Jimi


Lector, pasa sin llamar y sin cuidado; que no te sea extraño este recinto de música proyectado por el autor como la traza del pasaje de Lodares, el edificio de nuestro siglo (del mío), un trasvase urbano que echa a las gentes de la calle Mayor a la del Tinte y al revés. Discurriendo bajo su acristalada bóveda, Juan Ángel instaló en ella la galería de músicos, de canciones y de bailes que aquí se presenta. Un tesoro. Pasaje de Lodares.
Nos ha unido la radio; su mesa como una gran pradera de papeles y discos en la que charlar antes de compartir el micrófono varias veces por semana: días de gala en los que tengo el gusto -podría decir- de seguir aprendiendo de él.
Por su voluntad, y mi obediencia, mi nombre y estas palabras descorren las cortinas de este pasaje.

José Antonio Tendero


Capítulo III. Los Prodigiosos Trasgos

Capítulo IV. La Generación del Juvesonic (en preparación)

Capítulo V. Otras voces

Capítulo VI. Distorsiona que algo queda

Capítulo VII. Alberto Cano y otras amistades

Capítulo VIII. La cosecha del 84

Epílogo

Discografía

Grupos albaceteños en 1992

Coda

El Tesoro de Lodares. La Foto

Colección Ensayo
Ediciones de la Diputación Provincial de Albacete
Director: Andrés Gómez Flores
Diseño y maquetación: Candelario G. Flores
Copyright Juan Ángel Fernández
Copyright Editado por la Diputación Provincial de Albacete
Impresión original: Gráficas Campollano
I.S.B.N.: 84-86919-61-4
Depósito Legal: AB-179/93
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