1.1.10

Epílogo




                        EL TESORO DE LODARES

                          EPÍLOGO

     La calle Isaac Peral mantiene, al paso de los años, los aromas indulgentes de aquella olvidada zarzaparrilla, de aquel beso de hermano llamado, algunos años después, pop: el violín de Arthur Kaps, la sonrisa forzada del rey de las prótesis, Franz Joham; El viejo maestro del piano, Leopoldo Martínez el Sastre y aquellas albaceteñas que hicieron añicos el peldaño maldito, Lolita Caballero y Pilar Lorengar.
     La calle huele también a olvido, a ese infausto y desaprensivo olvido al que ha quedado relegado el monumental Teatro Circo. El de Maxi Crespo, el de los zapateados de Ángel Alcaraz el Pajero y la bufanda de Juan Rosa, el Rana. Qué tremendo despropósito y qué terrible vergüenza para los responsables de aquel amplio fragmento de nuestra historia reciente. El Tobi, sin sus baquetas, sin su Vespa aerodinámica, escondiéndose en el infinito. Juanito López, el señor López, a1 contrabajo.
     Rebuscas en el tiempo, escarbas en las cuerdas de un desvencijado violín y encuentras un caricato, Turpín, como Gallardo, pero más feo. En aquellos años no pasaba nada, nunca ocurrió nada en Albacete. Cuando la Jabelc, cuando la Espinosa, España olía a orquesta y a miseria. A Bobby Deglané. El pasaje de Lodares te sobrecoge una vez más y curioseas entre un entresijo de cables y enchufes titulado EAJ 44, Radio Cuevas. Afinas el oído y escuchas a José de Aguilar y la guitarra de Martín Carretero, ¡por Dios, qué guitarra!. Jimmy Lomas desafina en un fuego de campamento a orillas de El Pernales. Le oyes cantar Marcianita y te vienes arriba. La memoria del desencanto, del estupor por aquel chocolate de tiza. ¡Qué alegre desesperanza!
     El SEU no tiene piano y nadie te invita a la chocolatada del Casino. Los Star cantan Que te deje de querer amor con un “Juvesonic” amaestrado. En el Casino no se ponen rabos, no se arrima la cebolleta, no se parte el chicharrón, pero se bebe Nik y se canta el “chiscale”. Cataluña explota y tú con tu vieja “Galantic”. Albacete es pasto de Federicos Gallos y Joseluises Barcelonas y “ésta es tu vida”.
     Cuando el sol se te escapa la calle Tesifonte Gallego se hace Ancha y larga. Sólo oyes el crujir del piperío y una lejana jukebox. El Chaqueta la limpia con su manga y te ofrece un cubilete. Es el póker de la noche. Suena en el Montana. ¿Dónde está el Choni? Abres tu vieja carpeta y todos te sonríen, están ahí, tan lejos. Casi como Los Distorxion, en Elche de Alicante y Jumilla, en Benifayó. Oliendo a caqui en Bétera. Soportando a aquel teniente estirado que te hubiera llevado a Belchite. El cetme te pesa como una losa. Levantarías un contrabajo.
- Cuando tú vas, ellos vuelven. Juan Siquier, Alberto Cano, ellos vuelven.
     Las hordas juveniles ocupan la plaza de toros, sigue siendo tarde. Un periodista del régimen no dice que es pronto, dice que es nunca y lo miras desnudándolo y sonríes porque sabes que ahora tú tendrás todo el tiempo del mundo. Bebes cerveza mientras esperas. “Albacete ya es un poco diferente, una capital a punto de explotar”, dice la radio.
     El pasaje de Lodares te abre de nuevo los ojos. Todo Albacete se ve desde el pasaje. Los Brincos y Los Trasgos, Tony Ronald y Casimiro. “Éramos unos pringaos”, te recuerda Luis Arteaga. Camilo Fuentes sonríe mientras pega sellos como un loco. Le ayudas. “Unos pringaos”, te repite Luis el Lobo. Raúl Carrero toma la calle. Tiene catorce años de los de ahora. Mira a David Summers y le pregunta:  “¿qué?, ¿cómo os tratan los colegas de Dro?”.
     Madrid, Vigo, Sevilla, Lincolnshire... son Los Surfin’. ¿Albacete/Manchester?, pregunta el Gea; ¿Albacete/Seattle?, preguntas tú en Rockdelux; “Faltan salas, falta infraestructura, empresarios”, dice Fernando Alfaro. “Demasiado ruido para tan pocas nueces”, te contesta Kaos.
El ruido del Pasaje es ahora puro gregoriano; rompe a chillar una cacerola de Las Cataratas y suena a Los Tercos, a The Pobres and the Miserias. "¡A ver si la espiazas!," grita Agustín el de Los Ronnys y se te representa el Cuchiche. La última vez lo vieron en Isla Cristina. Si te fijas le asoma una arruga. Los de La Calle de la Pota también están ahí. Y Ostias Tú; hasta los Mascamierdas de Hamburgo. Un altavoz pregona la basura nacional y todos bailan, hablan y beben cerveza mientras esperan. La voz de Kaos resuena ahora en todo el Pasaje:
- el problema no son los músicos, es la gente de Albacete que oyen grupos como el que compra jerseys
Los guitarristas de Seattle tienen veinte años, los de Manchester igual. España,.. Albacete...
“Volvemos a la camilosestez”. Kaos acaba de abrir el día.

IBIZA, JULIO DE 1992.