20.8.08

Un paseo por los caminos del Arte



a propósito de Nueva York (3)

Admirar el Templo de Dendur, con toda la cultura egipcia a cuestas en pleno Central Park tiene su aquel, también la excelente colección de arte islámico o los aproximadamente 3000 cuadros que componen la pinacoteca de muestra permanente del Metropolitan Museum, entre los que se encuentran los históricos -Vermeer, Rembrandt, Goya, Picasso, Matisse, Manet...- o los contemporáneos, mi admirado Edward Hopper, Tom Wesselmann, Jasper Johns... o las esculturas modernistas que cada verano regala la terraza del propio museo, éste año con Jeff Koons, babeando también desde allí con, entre otros, los perfiles del que fuera Hotel Plaza, hoy reconvertido en edificio de apartamentos privados. Todo tiene una plena justificación, incluso si el viaje que haces a Manhattan es de fin de semana. Pero lo cierto es que estos días, el Met muestra al público una singular recopilación titulada Superhéroes: Fashion and Fantasy, o lo que es lo mismo una exhibición estentórea de los trajes de los prestigiosos modistos Jean Paul Gaultier, James Acheson -autor del diseño del traje que llevaba Spiderman en su última película-, Giorgio Armani, John Galliano, Linda Carter -autora del que llevaba Michelle Pfeiffer en Catwoman- Dolce & Gabbana, Gianni Versace o Pierre Cardin, que hizo el diseño para Nicholas Cage en Ghost Rider. Ejem, entre tamaña demostración de poderío costurero encontré el primer número editado de Superman en una vitrina y el iniciático de la colección de Spiderman y Batman, algo que por si solo justificaba el pasatiempo y por supuesto el revuelo de chiquillos estos días en el Museo, aunque creo que la exposición hubiera debido de estar destinada por espíritu a la generación viejuna que fue quien compró aquellos gloriosos tebeos. La conclusión es que ni para unos ni para otros. Esta singular muestra patrocinada por Giorgio Armani estuvo dirigida exclusivamente para los amantes y curiosos de la moda e indirectamente para algún cinéfilo de aventuras.


A mayor gloria de Giorgio Armani

Bueno, seamos justos: en el Metropolitan Museum of Art éste verano reina la figura de William Turner. aproximadamente 140 cuadros, entre óleos y acuarelas, que reflejan la descarnada historia de la primera mitad del siglo XIX, con el desastre de Waterloo, El Incendio del Parlamento de Londres o la batalla de Trafalgar, por poner tres ocasos conocidos. Mientras admiro los oleajes y nubarrones, reflexiono sobre ésta sin par forma de hacer periodismo bélico.


La Batalla de Trafalgar, de J. M. W. Turner

A Turner no le apreciaban demasiado en su Londres natal porque estimaban que trivializaba los desastres, esto es, sus pinturas eran tan desgarradoras y violentas que humillaban por completo al ser humano, el soldado inglés en este caso, cuando él lo que hacía era retratar el asombroso poder de la Naturaleza sobre el ser humano. Sobre su cuadro de Waterloo, un drama patético, un rotativo inglés de la época vino a decir: "Turner ya se ha tomado otras copas".
El Met también muestra este verano una formidable colección de fotógrafos antiguos, desde 1840 a 1940. Joyas entre las que no faltan imágenes de Henry Cartier Bresson.


Instalaciones vanguardistas de Jeff Koons en la terraza del Metropolitan

La milla de los museos, situada a lo largo de la Quinta Avenida, se hace larga si quieres recorrerla en una mañana, teniendo en cuenta que te encuentras no sólo con el Metropolitan, sino con el Guggenheim, el Jewish -este verano con el primer Andy Warhol- y dos auténticas exquisiteces: el Cooper-Hewitt, dedicado casi exclusivamente al diseño histórico y contemporáneo, con un extenso jardín con terracita que hubiera descrito magistralmente Scott Fitgerald y filmado Jack Clayton para El Gran Gatsby y la Frick Collection, una colección privada, principalmente de arte renacentista, albergada en una opulenta residencia que se asemeja más a una casa solariega que a un museo. Y es que el arte en Nueva York se manifiesta esencialmente en la calle, en la exhuberancia de sus jardines, muchas veces en la muestra de sus escaparates comerciales -el de Tiffany´s es sobrecogedor, no sólo por su discreción y sobriedad, mmm... o a lo mejor precisamente por eso-.


Museo Buggenheim

La excéntrica y ya anciana Louis Burgeois se explaya en el Guggenheim. Ésta ahora venerable viejecita montó en su época unos saraos extraordinarios, escandalosos, impregnando sus obras, en especial esculturas, de esa vena psíquica procedente, dicen, de sus traumas personales -al parecer su padre se lió con su ama de llaves, digo yo que tampoco es para tanto-. El Guggy muestra filmografía de algunas de sus presentaciones, performances, y me río yo de la movida madrileña. Entre otras cosas buscaba el surrealismo de una manera turbulenta, explicita y en ese sentido abrió una vía muy vanguardista del arte contemporáneo anticipándose a lo que Andy Warhol montaría años después con su Factory. Sus esculturas monumentales de arañas, sus construcciones oníricas, son ejemplos que quedan fielmente representados en la exposición que guarda un carácter cronológico, yendo de menos a más, hasta el punto de terminar por buscar a tan peculiar personaje entre los visitantes, no fuera a ser. Pues no, estaba de dios que no era el día.


La araña de Burgeois en el Guggenheim

Con todo, el MOMA sigue siendo la estrella de Broadway. Con sus coches y helicopteros de diseño, el Bugatti de Pinin Farina, en doloroso recuerdo la reciente muerte de su último y más prolífico heredero y su esplendorosa exposición permanente donde no falta nadie.


El viejo Buga de Farina en el Moma

La sorpresa que nos reservaba este verano el Museo de Arte Moderno es la impresionante exhibición de un Dalí para muchos desconocido. Dali: Painting and Film. Soberbia, esplendorosa, interesante y apasionante. Es el Dalí que hizo con Luis Buñuel El Perro Andaluz, con la impresionante escena de la rajada del ojo, es el amigo de Harpo Marx a quien regala un arpa de diseño propio después de colaborar con los hermanos en algunos bocetos, son los story-boards que dibujó para películas de Alfred Hitchcock y Walt Disney con las proyecciones pertinentes del antes y el después, un Dalí absolutamente cinematográfico, una de sus grandes y declaradas pasiones. Como colofón, algunos de sus trabajos escondidos en galerías particulares. La exposición se exhibe en el último piso del MOMA y bajo la impresión de contemplarla sólo resta coger las escaleras mecánicas que te expulsan directamente a la calle.


Vista del nuevo suelo del Moma

No acaba ahí la sorpresa daliniana ya que otro día, paseando por el Soho, la galería William Bennet, que no se que pasa pero también guarda siempre alguna bala de misil, presenta 100 Rare Works from the Great Salvador Dalí. En este ocasión la cosa va, como su nombre indica, de rarezas del pintor catalán: Ilustraciones del portafolio Alicia en el País de las Maravillas y la Divina Comedia de Dante, la Tauromaquia Surrealista, la suite The Hippies, entre otros trabajos a lápiz, acuarelas, guaches y tinta china. La obra se vende a unos precios nada escandalosos -siento no recordarlos y no me atrevo a decir una barbaridad- y el amigo que me acompaña de pronto tiene un arrebato. Nada grave, en dos minutos recupera su cordura existencial.


Instalaciones en el Puente de Brooklyn